El Jesús de los Caballeros cargadores

 

Los trajes de calle inundan las calles colindantes al  albo Templo Carmelita, cientos de devotos caballeros cargadores se disponen, como todos los años, a participar en el particular cortejo de Miércoles Santo en Guatemala, la tradicional procesión de Jesús Nazareno del Rescate de la Iglesia de Santa Teresa, el cuarto Nazareno consagrado de todos los que procesionan durante la Cuaresma y Semana Santa.  Solapas engalanadas con cartulinas que se ornamentan con fotografía de la Imagen objeto de culto en esta jornada que tradicionalmente es penitencial y de contrición dada su situación que se ubica como la víspera del Triduo Pascual, en ordenadas filas se forman a ambos lados de la cuarta calle, de concepción siempre sencilla y de profundo arraigo en el pueblo, esta procesión es para muchos, el único contacto con estas conmemoraciones, dada la facilidad de no vestir túnica para poder llevar en hombros a tan bello icono de nuestro señor, Jesús del Rescate.

 

La trascendencia es grande, pues este cortejo se ido acrecentando, tanto en número de cargadores como en logística de organización; con características que ya le son propias y casi exclusivas, sobresale entre ellas, aparte de la indumentaria de sus participantes, el gusto tradicional con que sus andas son arregladas, adornos de sencilla y fácil comprensión, sin abusar de carteles y rótulos, elaborados con materiales propios de la escuela altarera  tradicional a la cual este cortejo parece ser fiel.  Sencillez que no desmerita en nada la belleza, diseños que aparte de proyectar singularmente un mensaje catequético trascendental, cuidan que Jesús sea el centro de atención y de culto, tal y como debe ser,  este cortejo es una muestra fehaciente de ello: Jesús es al final de cuentas el único adorno que importa.

 

Los barrios tradicionales se acicalan con sus mejores galas, la once avenida, el Callejón del Fino, la Primera Avenida, el Barrio Moderno, la segunda calle,  la calle de la Floresta, visten sus balcones de flores, crespones y cendeles, relucen los altares, se tapizan de aserrín, pino, corozo y amor las calles, en autentica demostración de devoción del más casto origen popular.

 

La espiritualidad desborda en este día –como se a apuntado ya- preludio de los días grandes.  Jesús del Rescate en su procesión de Miércoles Santo se constituye así en pilar fundamentad de la costumbre y tradición, esto pese a ser relativamente reciente y es sin duda la mas pura expresión de la fe con el matiz propio de mediados del siglo pasado, de esta ciudad.

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