la túnica del abuelo dominico


LA TUNICA DEL ABUELO DOMINICO

Cuaresma 2006

En aquella gaveta de la vieja cómoda, con señorial cepa ancestral, entre recuerdos y nostalgia, vos descansás como dormida en una esquina de la eternidad llenándote de tiempo.

Vos, la antañona túnica negra del abuelo, reposás sosegada y serena, luciendo el solariego emblema dominico –aún sin las pontificias insignias-. Sos perpetua prenda de uso cuaresmal que hoy, muchos, muchísimos años más tarde, florecés ante nosotros, como  sigilosa pero fiel testigo de la tradición y la fe del  linaje de la familia; estirpe que este Viernes Santo, se estrena en su cuarta generación de amantes cucuruchos, afianzando así la tradición dominica de cepa indefectible. Sos un emblema, un símbolo; y como tal y a pesar de ello te trato de vos, así con la confianza de la perdurable amistad pues sos parte del inventario de mis querencias más cercanas, estás junto a mis amigos cucuruchos y mis amigas cargadoras, permanecés junto a mí como mi familia inmediata, en fin sos vínculo entre los que veneramos la Pasión de Jesús.

Sos los negros hilos urdidos en un manto de devoción. Vos sos tela azabache  hecha atuendo de fe. Tus hebras despiden los efluvios olvidados de Semanas Santas pretéritas; así, vos tenés el grato incienso en espirituales volutas enredadas de oración y llanto, poseés el fresco aroma de  corozo en dulzón gusto olfativo, alardeás de la profundidad de vapores de aserrines policromos, custodiás perfumes de flores, mantenés la frescura de trébol y expedís la lozanía del pino; en vos se descubren a mi imaginación, todos los aromas de la Semana Santa vernácula, enmarcados eternamente –y gracias a Dios- en el aroma de tierra mojada de esta hermosísima ciudad, donde siempre es primavera, bajo el auspicio de nuestra Madre Asunta al cielo.

Tu áspero y rígido cuello, que rozó muchas veces el brazo en el anda, desprende mil vapores del sudor del abuelo penitente, mezclado con las finas colonias adquiridas para las grandes ocasiones por aquel patriarca, en las grandes tiendas del centro de la ciudad a mediados del siglo pasado. Al desdoblar tus pliegues, amada pieza del vestir cuaresmal y añorada mortaja de muchos devotos, surgen en mis oídos las notas gratificantes e intimidantes de LA FOSA, por siempre y para siempre identificada como marcha dominica en el alma popular, resaltan los toques de matracas, vibra el redoble enfático e inimitable de Santo Domingo y  escucho el terso como característico  “rumor de pasos pausados” que bien definiera el hermano Alberto Flores. Vos, escondés los calores de las tardes del Viernes Luctuoso y los fríos de las noches de Procesión; vos atesorás el estreno de los pasos, la aparición resplandeciente del anda incrustada y en vos perviven los fulgores que destellan de la centenaria urna de bronce debidos al atardecer en aquel celaje color sangre del cielo guatemalteco, que enmarca la silueta de La Madre llevando a su hijo al sepulcro; en tus hilos se encarnan los recuerdos de la célebre consagración de Nuestro Señor Sepultado y de innumerables efemérides de la hoy ya mas que sesquicentenaria hermandad; vos guardás celosa los rayos de la luna de Guatemala, esa misma que fuese testigo hace casi dos milenios del primer Santo Entierro en la historia. Sobre tu tela negra se reproducen una y otra vez –en cientos de colores- y como en un tradicional calidoscopio, los millares de alfombras que cubrieron piedras, asfalto y tierra a lo largo de siglos; en tus mangas se renuevan las lágrimas que se derramaron en mas de una ocasión al concluir un turno y  en tus bordes se han recogido  infinitas cuadras de recorrido penitencial. Basta contemplarte para adivinar los Viernes de lluvia que anegaron tu textura, inundando de bendición el itinerario de ese año; cientos de adornos y alegorías han sido impresos en tu lienzo hecho túnica, recordando una y mil veces las catequesis dominicas de cada año. Vos sos, en fin, parte de la historia de la Semana Santa en la familia devota. Vos sos, sin lugar a dudas la historia de ese Viernes Santo que vuelve una y otra vez, en ceremonia recurrente, siempre igual pero también siempre distinto, en que rendimos culto al Señor.

Vos, la túnica del abuelo, reverenciada prenda de penitencia, que existís y persistís en cada hogar devoto sos el cinturón que ciñó la vida de fe del cucurucho emblema de la casa, sos el capirote que cubrió sienes escarchadas en el tiempo a fuerza de experiencia, sos los guantes que cubrieron las viriles manos que a nervio de trabajo y esfuerzo, forjaron el futuro que hoy es nuestro presente.   En cada casa de cargador Vos  concurrís, decana túnica,  aunque sea etéreamente; ya que en cada hogar devoto de la Pasión de Jesús, siempre hay una prenda –o su recuerdo- que engloba la tradición y que materializa la fe de la familia cucurucha; el recuerdo, el ejemplo y la actitud de vida de nuestros ancestros trazan la importancia de estas reliquias familiares. Esto no debe interpretarse como un fetichismo oscuro o enfermizo, ni tampoco a una desviada veneración al objeto en sí mismo, sino que –y el cucurucho de pura cepa me dará la razón- los devotos necesitamos formas materiales para significar nuestra tradición, y sin duda alguna las prendas de vestir de nuestros mayores son parte de esa concreción de lo que sentimos, y en ellas recordamos y vemos a quienes nos antecedieron en este peregrinar, eterno y hermoso del cucurucho en el Valle de la Ermita

Al contemplarte a vos, longevo y venerable ropón, lo veo a él –al abuelo- acompañando a su Señor Sepultado, a mi Señor Sepultado, al Señor Sepultado de mis hijos y mis nietos, allá por la Calle Real, silencioso, circunspecto, devoto, encabezando la fila de cucuruchos dominicos de su familia; lo transmuto en el recuerdo de la vivencia de un Santo Entierro de ayer, a la realidad de una Procesión de hoy y me transporto en el tiempo al Viernes Santo que primero Dios será mañana, lo veo a él –al abuelo- como el bastión de lo que hoy es una sólida tradición familiar, que se nutre, bajo el manto protector de Nuestra Madre –la consagrada- Soledad, en el perpetuo deseo de todos los cucuruchos de pura cepa, fieles a la estirpe dominica:  que en Guatemala siempre sea Semana Santa y mejor aún que en nuestra ciudad sea siempre un perenne Viernes Santo.

7 thoughts on “la túnica del abuelo dominico

  1. Hola alguien me podria dar informacion sobre donde puedo mandar a hacer mi tunica de santo domingo viernes santo?? porfavor que alguien me ayude 😀

  2. Amigos Cucuruchos:

    No cabe duda que leer estas letras lo ponen a uno a llorar y la verdad me impacta mucho mas porque mi abuelo fue quien nos enseño el amor semanantero y la fe y el fervor hacia nuestras imagenes y de los 10 nietos yo fui el privilegiado al que mi abuelo eligio para regalarle su tunica negra y su turno en Santo Domingo, cada viernes santo al ponerme la tunica la primera persona que viene a mi mente es mi abuelo y aunque el aun vive sus limitaciones ya no le permiten llevar en sus hombros a la imagen de sus amores. Mi abuelo quien desde pequeño me hizo con sus propias manos mi casco para cargar en la procesion Infantil, formo con hojalata las formas correctas y medidas exactas para que yo lo usara incluso cuando cargara ya grande a Jesus de Candelaria, al dia de hoy mi pobre casco esta viejo y debilitado y mi propia madre me pide que lo cambie ya que da muestras de arruinado, y con una lagrima en los ojos te lo digo hoy yo incisto en usarlo por una sola razon… por que fue hecho por las manos de mi abuelo!.

    Feliz Cuaresma y Semana Santa 2011!

  3. que hermoso, tú siempre haces vibrar a las personas con lo que escribe unes las letras de una manera muy especial e inigualable. Me conmoví aún cuando jamás he participado en una actividad similar… Felicitaciones y que nuestro padre Dios te de siempre lo suficiente para ser muy feliz… Un Abrazo fuerte… Samerly…

  4. Uf quee cosa mas hermosa, que relato! como dice carlos morales si alguien hubiera entrado al cuarto y nos ve frente ala compu nos diran que “locos” pero el ser cucurucho es un sentimiento que los que no lo son y no lo han experimentado, JAMÀS lo sabran, yo tambien tuve abuelos que me llevaron de la mano hacia una procesion, primero en la infantil y luego antes que se fueran me vieron ya en las grandes.!!! felicitaciones DOn Mario! cada dia me esfuerzo mas por tambien escribir, lo se no creo llegar a tanto como usted(= pero un gran aplauso.

    • Julio: que bueno saber de tu persona. Es bueno y saludable, escribir, lo que se piensa, lo que se siente, lo que se vive; y si, como nosotros encontramos un tema inacabable y que nos gusta tanto, pues que mejor.

      saludos

      Mario

  5. Simple y sencillamente impresionante, creo que los que de corazón vamos todos los años a la procesión de nuestra devoción nos conmueve hasta las lagrimas ver todos estos recuerdos y leer todas estas anecdotas.
    Saludos y bendiciones

  6. ….uff…, hoy si vaya que me encuentro sólo (materialmente hablando) pues si hubiese entrado algún colega del trabajo y me hubiera visto llorando cual Magdalena, quizá creería que estoy loco. Comentaré poco, pues todo está dicho en tu artículo.
    Me impactó la foto del abuelo en silla d’ruedas, con su túnica y su turno al pecho (en Antigua le decimos turno a la cartulina). Me recuerda un viernesanto, cuando el señorial trono funerario de La Escuela de Cristo asomó a Catedral. Ése 1987, c otorgó d’forma extraordinaria (en la E de C no existen los turnos de honor) el único turno de honor que recuerdo en Viernesanto, a los más antiguos cargadores. Yo, joven aún, admiraba el regio paso con que personas de bigote cano y frente surcada por los años, portaban al consagrado, d’forma más solemne que los jóvenes. D’pronto, aparecen 2 torres como de 1.90mts., muy jóvenes, llevaban de los brazos a un enjuto y diminuto anciano: “Por aqui Abuelo…” y diciendo ésto, le colocaron en su brazo. El benemérito cucurucho, ciego, a tientas, palpó la almohadilla y una vez la sintió, metió el hombro con una agilidad inaudita, y con lágrimas en sus mejillas, “se echó la cargada” como decimos los antigüeños: “de cachetío” (no tenemos bolillo en las andas). Ver éso, reafirma que, si fuimos cucuruchos, valió la pena vivir en éste mundo….

    Respecto a las lágrimas en las mangas de la túnica, te mandaste. Mi túnica tiene muchas, luego del último turno en Sambartolo, después del Cementerio, cuando ya sonó “La Fúnebre”, algo “apachados”, pero no importa! Ése turno es especial, no sólo x ser el último del 5to Domingo, pues es el de mi padre, su “segunda cargada” (En la Antigua, c vuelve a cargar cuando c terminan las tandas, generalmente 60, cargan los niños y luego los romanos, principiando d’nuevo la cuenta con “La 1, y entra la procesión a la suerte, el que le toque, dependiendo d’cuantas tandas salieron); misma que a sus 63 años, 51 d’cargar, y 3 hernias discales en la columna dorso-lumbar, tengo el honor de primogénito, y el gusto de escuchar al viejo decir: “M’hijo, te dejo mi turno, voy para la casa con tu mamá, ya que vos vas hasta la entrada, ¿¡Será que t podés echar mi cargada…!?

    VAMOS SEÑORES…!!!

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