elogio del cucurucho


ELOGIO DEL CUCURUCHO

Por: Alfredo Balsells Rivera

(El Imparcial 28 de marzo de 1934)

Hermano Cucurucho ( y perdona la confianza de llamarte hermano como en tratarte de tú, yo que jamás he sido cucurucho); Hermano Cucurucho: tú no sabes cuanto te admiro y hasta donde me pareces un personaje inconmensurable, Ahora te lo digo en el mayor secreto. Eres uno de los pocos individuos interesantes que quedan en el mundo. Tú, el almirante Byrd, que todos los años va al polo, a medio morirse de frío y los aeronautas que a poco ascienden a la estratosfera, son tres tipos que me atraen y me conmueven.

Empiezo a admirarte desde cuando aceptas no salir nunca de Guatemala durante los días de Semana Santa, con tal de asistir a las procesiones. Tus hermanos herejes salen de aquí. Van al mar, al campo o a la montaña. Pero tu no te mueves. Tú estas ahí, sin inquietudes que te devoren el alma sin pasiones ni compromisos que te impidan cumplir los deberes de la Semana Mayor, sin otra cosa que esa vocación eterna e inmortal de ser cucurucho.

 Y te admiro enseguida, cuando antes del Domingo de Ramos te dedicas a limpiar  tu túnica negra o morada, borrando en ella a fuerza de alcohol y paciencia, las gotas de cera que guardaran desde la última Semana Santa. Cuando vas a los almacenes, a probarte guantes blancos para llevarlos en la ceremonia anual. Cuando al fin, satisfecho de tener el ropaje limpio y los guantes nuevos, duermes tranquilo, en espera del día grande para el cual te has comprometido voluntariamente desde la adolescencia.

Sigo admirándote, Hermano Cucurucho. Te admiraré siempre. Eternamente llevarás contigo este asombro mío, que quizás tenga algo de profano, pero que se salva por las grandes virtudes de la sinceridad.

 Cuando estoy en alguna plaza, en alguna acera o en algún balcón, dispuesto a presenciar el desfile religioso, ya no tengo ojos más que para ti, y se me olvidan muchas cosas que antes me preocupaban.

Si suenas la matraca, al hacerlo adoptas una actitud tan especial, tan inimitable, tan tuya, tan de director de orquesta que se apresura a dirigir los compases de su mejor sinfonía, que llamas la atención y nos dejas inmóviles de asombro. Si mueves el incensario, lo haces con un ritmo y un método que solo la costumbre puede dar y que, por tanto, a nosotros, los espectadores nos asombra también. Y si marchas velozmente de un lado a otro, si ordenas a tus compañeros que no se salgan de la fila, si regañas a los transeúntes curiosos, si despejas la calle para que el cortejo no encuentre tropiezos, eres único y formidable. Hasta los policías de tránsito se sienten avergonzados de tu actividad, ellos que no hacen otra cosa en todo el año.

 ero, óyeme bien, Hermano Cucurucho, cuando mi admiración llega a los límites máximos, cuando envidio tu fervor y tu fe, es cuando te veo cargar una imagen, a tropezones entre las piedras, sin saber a punto fijo por donde vas, sudando bajo los rayos del sol de marzo, y sintiendo, sin embargo, que con ello cumples tu más noble labor del año y te sacudes de los pecados vulgares. No te importa el verano. No te importa el calor. No te importan las calles malas. No te importa nada. Tú  vas a cumplir una misión y la cumples a conciencia, satisfecho de que Dios te haya dado fuerzas para llegar a esta Semana Santa y llevando en el alma la ilusión de que aun te las preste para el año próximo.

 ¿ Lo ves ?  Aunque tu no te hayas dado cuenta, Hermano Cucurucho, eres admirable para nosotros los que no nacimos cucuruchos ni hemos podido serlo nunca. Y nuestra admiración por ti, tiene mucho de envidia. ¡Quizá si fuéramos cucuruchos no seríamos como somos¡ pensamos a veces! Talvez la matraca y el incienso nos ayudarían a sobrellevar mejor nuestras penas.  Probablemente la túnica morada nos haría vernos en un espejo optimista, sano y trascendental. En cambio, ahora ya lo ves… No somos cucuruchos  no tenemos ilusión alguna y no podemos aprovechar fuera de Guatemala la temporada de Semana Santa.

 Hermano Cucurucho: no quiero que te molestes conmigo por estas cosas que te he dicho, porque son sinceras. O, por lo menos, quieren serlo. Llévate nuestra admiración entre los bolsillos de tu túnica, si es que esta tiene algún bolsillo.  Y cuando vayas en el  desfile de Semana Santa, sudando bajo el sol de marzo, o cuando te desbandes un minuto, para tomar un refresco, acuérdate de que tu con el sol, el calor y la fatiga, eres diez mil veces mas feliz que los que no somos cucuruchos.

 Ten la absoluta convicción de que creo decir una verdad inmensa, Hermano Cucurucho.

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9 thoughts on “elogio del cucurucho

  1. es impresionante leer este elogio, aun despues de tantos años y que a nosotros los cucuruchos de corazon y cepa nos conmueva tanto, nos hace recordar tantas vivencias a lo largo de nuestras vidas como incensarios, naveteros, san juaneros y luego cucuruchos enamorados cada uno de nuestro nazareno o sepultado de nuestros amores, aque que escucha nuestras cuitas…..en fin ….tambien nos hace reflexionar que gracias a Dios podemos participar una Semana Santa mas, con sus tristezas, alegrias penas y grandes satisfacciones. Asi pues hermanos y hermanas cucuruchos a gozarse esta semana santa 2014 y a alabar y glorificar a aquel que nos ama con nombre y apellido….hay tanto que agradecer y tan poco que pedir…

  2. Saludos a todos, hermanos cucuruchos; luego de un tiempo fuera por razones que no vienen al caso, he tenido de nuevo el gusto de ingresar otra vez a esta bendita pagina, y de entrada a mi articulo favorito: el elogio del cucurucho…, como aquellos patojos que ven 100 veces su caricatura favorita y no les aburre, por mas que su mama (o nuestra esposa) diga: otra vez viendo lo mismo! ja ja. Pues entrando en materia; no cabe duda que lo que tenemos en comun los cucuruchos abarca TODOS los aspectos de nuestras vidas. Por esas circunstancias tan complejas de la vida, conoci a mi hijo (hoy mi sombra y la alegria de mi matrimonio x las 3 leyes) hasta que tenia 3 años. Lo primero, para recuperar o compensar el tiempo perdido (luego de ir a ponerme en paz con Dios, claro esta) lo primero era llevarlo a una procesion; fuimos el 1er Domingo de Cuaresma a La Antigua (mi casa) a ver al Colocho de Santa Catocha…: aquel iba feliz en mis hombros, simulando dirigir a la banda. Luego de eso, todo es historia, no c me despega en filas! Pero ya me desvie, el objetivo de escribir era comentar el articulo de mi tocayo Carlos Paredes: iba tan contento de tener a mi hijo que puse un CD de marchas de regreso a la casa de sus abuelos, y otro dia que lo fui a sacar a pasear, lo primero que dijo fue lo mismo que los hijos del hermano que escribio: “Papa! Puede poner la musica de Jesus!??
    Vamos Señores!!!

  3. Carlos: que bella definición para las marchas “La Música de Jesús”. Bien dicen que los niños siempre dicen la verdad y que son -la mayoria de las veces- los voceros de Dios.

    Que abunden las bendiciones sobre tus pequeños niños, seguro… cucuruchos desde la cuna !!!

  4. Al leer el articulo es indescriptible el sentimiento que viene a mi, describe exactamente lo que vivimos como cucuruchos. Como el hermano Reynaldo yo tambien llevo a mis hijos a los cortejos y puedo compartir con ustedes algo curioso que puede que a muchos cucuruchos con hijos tambien les haya ocurrido. Una vez en el carro puse un disco de marchas, iba con mis hijos 2 y 4 años respectivamente, desde esa oportunidad cuando subimos al carro me dicen: “Papi, pone la musica de Jesus…..”

    Saludos

  5. Realmente es muy dificil expresar la alegria que se siente en las filas de cucuruchos, a las que nos damos cita cada año, dificil explicar el mar de emociones que se sienten y se experimentan, al cargar una andarilla de madera con la imagen de tu devocion, y lo mejor de todo esto es que mi papá me llevaba de su mano en las filas desde que tengo memoria y ahora me toca a mi llevar a mis hijos de la mano, paso a paso, con lento caminar, acompañando a Jesús, para los que me entienden, vemos cumplida nuestra mision cuando nuestro hijo nos pregunta: ¿PAPA CUANDO VOY A SER GRANDE? ES QUE QUIERO CARGAR A JESUS IGUAL QUE TU!!!

  6. a mi me pasaba que al regresar al colegio despues de la Semana Santa, mis compañeros no se explicaban como yo llegaba cansado y quemado solo de la cara… pocos lo entendían y eran mucho menos los que comprendían por que yo con mi cansancio y mi desvelo, era (y soy) inmensamente mas feliz que todos los que no son cucuruchos…

  7. La verdad, como éste es un sitio de Cucuruchos de pura cepa, hay bien poco que comentar; únicamente diré dos cosas:
    1.- No se puede leer de corrido, algo tan bonito, sin sentir un nudo en la garganta, pues al ir desgranando cada renglón, nos sentimos plenos de orgullo, dado que la descripción nos viene como anillo al dedo, TODOS los cucuruchos de alma y corazón nos sentimos identificados y honrados ante tal elogio, y sentimos tanto gusto al ver la fecha de edición: “…el Imparcial 1,934”. Ésto no es de ahora, SIEMPRE ha habido cucuruchos en ésta bendita tierra, desde que conocimos a Jesús hace cientos de años. Nosotros sólo somos los hijos, de los hijos de los hijos…, y sabemos que los hijos de los hijos de nuestros hijos, mientras Él quiera que exista la humanidad, se unirán para formar parte de ése sublime y extenso mar morado, que inunda las calles al paso del Señor.

    2.- No se equivocó el Sr. Alfredo Balsells, al decir que los cucuruchos somos diez mil veces más felices que los que no lo son.
    O quizá sí se equivocó, porque somos 70 veces 7 millones de veces más felices que éllos…

    VAMOS SEÑORES!!!

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