es una cuestión de amor

Este asunto, es una cuestión de amor; llevábamos ya varios días esperando el encuentro de cada año, querido y añorado; hasta que sucedió. Yo, con las ansias de siempre, con el corazón palpitante con un ritmo lento, pero exacto, enfático; un ritmo de redoble que de forma natural acompasaba la respiración en la que cada suspiro se convierte en oración; con el cansancio acumulado de varios días de empeño, de noches de vela, de esas vigilias en que el insomnio florece al compás de una marcha; las piernas crispadas por el esfuerzo que se vuelven rígidas a fuerza de voluntad, y los brazos cruzados al pecho, expectantes y ansiosos, en espera de ese abrazo que estaba por llegar.

Este asunto es una cuestión de amor; llevábamos ya mucho tiempo sin vernos, sin que los perfumes del incienso y el corozo anunciarán el encuentro, y sin que el silencio nos envolviera en el estruendo de la plenitud de una vida que florece cada vez que nos vemos. Él con el señorío acostumbrado, con la cruz de siempre y con la túnica de Fajardo; con el paso adelante y esa inclinación del cuerpo que seduce a quien le ve caminar; con la juventud de su presencia en esos treinta y tres eternos años de su vida, con ese gesto tan suyo de dolor y amargura que a veces se torna en ternura inacabada en cada paso, en cada pausa, en cada minuto.

Viernes Santo, día de devoción a Jesús Nazareno, aquel que veneramos en su despacho en La Merced, aquel que es Patrón de todos, ese que permanece siempre, mientras de frente o de reojo, nos ve envejecer cada año, nos ve amenguar la vida, como un pábilo que destella al fenecer. Yo voy a su encuentro con todo lo que lo necesito y él me recibe con su mirada de misericordia, en este Viernes Santo que fue, que es y que mediante la voluntad de él, será siempre, aunque yo, cansado y añejo, no pueda acompañarle –algún año de estos- como antes.

Viernes Santo, ese día en que algunos soñamos despiertos, en que florece la esperanza, en que la cruz se torna de yugo a custodia, en que el esplendor de todo lo bueno que puede tener nuestra ciudad se desborda a los pies de Jesús, día en que la marcha es alabanza y el caminar una especie de manifestación de lo que sentimos, lo que pensamos, de lo que creemos…

Esta es una cuestión de amor, ese que yo le tengo a él, pero sobretodo, el que él me regala todos los días y que yo, esclavo de mis sentidos siento más cercano, más cálido y hasta humano, cuando la almohadilla cae en mi hombro y se consuma la cita esperada de cada año, la más querida, la más añorada…

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One thought on “es una cuestión de amor

  1. Dicen algunos, que esta imagen es el “mero Jesús…” Es grandioso el arte inspirado por Dios, que despierta tales convicciones en los cucuruchos, porque así como esa cuestión de amor, descrita arriba, cada uno tiene una parecida con otra imagen; al final todas ellas son representaciones del Único Hijo de Dios. Es una forma de llegar a Él, que es el camino, la verdad y la Vida…

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