¿porque te gusta esa marcha ?

P1010563El goce estético que provoca en el cucurucho, el sonido de una banda que interpreta marchas fúnebres, es preciso. Es intrínseco al cucurucho el gusto a las marchas fúnebres. No puedes ser cucurucho y que no te gusten las marchas, es una contradicción casi natural. La calificación de la marcha fúnebre es primordialmente de gusto personal, el cucurucho no indaga en aspectos técnicos y no pierde el sentido de lo bello en digresiones históricas. La técnica es fundamental y la historia es baluarte de lo que hoy disfrutamos, por ello es importante que existan académicos que se dediquen a ese tipo de consideraciones; pero al cucurucho los tenues sonidos de los clarinetes, la trompetería espectacular, la profundidad de los bajos, las armonías que tejen los tenores y barítonos y la enfática presencia de las percusiones solo adquieren sentido en un entorno particular.

Para el cucurucho la marcha es importante, por lo que representa, por el recuerdo, por la añoranza, por la simpatía a una imagen o un cortejo; una marcha trasciende en los oídos de los cucuruchos por el ecosistema (llamémosle así) en que se desarrolla. Toda marcha preferida de un cucurucho lo es, por razones que distan de sus aspectos técnicos musicales o históricos tradicionales, una marcha se convierte en preferida de un devoto por lo que arrastra para él, es la mejor por el recuerdo que evoca. El cucurucho es un ser que anida en el recuerdo del tuno que ya ha cargado y sobrevive en la esperanza del turno que se aproxima, al compás de su marcha fúnebre favorita

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3 thoughts on “¿porque te gusta esa marcha ?

  1. Ah…! Cuan variadas razones tendrá tanto hermano cucurucho, para tener una marcha en particular, como predilecta en el gusto de su devoción. Tales razones, generalmente trascienden la apreciación de la misma, como una mera obra musical; ya que la mayoría de nosotros carecemos de los conocimientos musicales para catalogarla únicamente en éste aspecto. Muchas veces nos evocan gratos recuerdos del paso de Nuestro Nazareno, Sepultado o Dolorosa por algún lugar determinado, bien sea éste tradicional y esperado todos los años, como escuchar Tinieblas al ingreso del Señor de Sambartolo a nuestra emérita metrópoli colonial, luego de la bendición en Sta. Lucía. Quizá Ramito de Olivo, en la misma 7ma. calle, luego de Obras Sociales. Qué decir de El Silencio, el 1er Jueves, en el interior del Templo Josefino; marcha tan esperada, a cuyos acordes se inicia oficialmente la época más sublime del año, en nuestra querida Guatemala. Las hay también, por ejemplo las oficiales, que pese a que somos concientes, algunas no figuran entre las mejores o más finamente elaboradas y de considerable grado de dificultad, basta escuchar sus primeras notas, para que se nos erice la piel y sintamos el característico nudo en la garganta, sensaciones que siempre, en lo personal, me produce escuchar Jesús de San Bartolo en el interior del templo o frente a Catedral. O bien la ejecución de nuestras favoritas durante un turno, cuadra y año específicos; lo que dadas las circunstancias particulares para cada uno de nosotros, las hacen especial e inolvidables. Y éstas marchas específicamente es a las que quiero circunscribirme. Aquellas que han marcado un momento, o bien toda una época en nuestras vidas; ésas marchas que tienen la particularidad de ser como un túnel o máquina del tiempo, en cuyos acordes viajamos de madera instantánea, a un pasado bello y sublime de nuestro andar por ésta querida paraliturgia penitencial, quizá aún sin barba ni bigote o bien de la mano otrora firme y segura, de quien hoy luce las canas que ha dejado el tiempo y en alguno de los casos ya nos ha precedido en el tránsito a la eternidad…
    Transcurre el año del Señor de 1982. Es 5to Domingo. Me encuentro en la calle de los pasos y 9a. calle, formado en la esquina como parte de los 40 jóvenes corazones, henchidos de regocijo, mudos de emoción, locos de alegría; que en breves instantes tendrán el supremo honor de portar en los aún cuasi infantiles hombros, por vez primera, única e irrepetible, a nuestro Soberano Señor de La Caída. Aún no puedo creer que ya “dí el alto” y reviso una y otra vez que sobre mi orgulloso pecho, ostento la joya que claramente dice: Turno 28 Brazo 39. No he sentido jamás ésa sensación de hormigueo en el abdomen y debilidad en las piernas, las manos dormidas… Suena el timbre, tomo mi horquilla (Horquillas en Sambartolo??! Sí jóvenes, no les miento, se usaron por última vez en el 83′ previo la ampliación del anda a 60 brazos en el 84′). Como era el más chaparrito del turno, llevaba el redoblante casi en la oreja, jadeando pues el enorme peso nos dobló a los primeros pasos… De pronto al escuchar los primeros acordes de la marcha, algo inaudito: una extraña energía nos inunda, reducimos el paso, vamos para atrás, levantamos al Rey, las lágrimas afloran y brotan sin quererlo, me aferro al madero, la felicidad es inmensa, total… Truena: “Los Pasos”!
    Año del Señor de 1985. Es 5to Domingo (que raro!) Muy emocionado. Ayudado por el estirón de mi temprana adolescencia y el hecho que luego de la ampliación del anda a 60 las tandas bajaron a 24, no podía creer que cargaría en la carretera, atrasito de la Iglesia e iniciando el camino a La Antigua. El turno no mentía, Turno 5, Brazo 16. Las notas de ésa bella marcha me hacen incluso sentir el aroma a tierra mojada, mezclado con incienso, corozo, flores, chichicaste, gravileas… Problema: cómo se llama la marcha? En aquél entonces el programa de marchas, picado a Stencil (con qué se come eso dirán los jóvenes), listaba las marchas a partir de la bendición de Santa Lucía y las de la carretera quedaban al juicio y buen gusto del director de la banda. Quise regresar a preguntar el nombre después de cargar. Imposible! Con la buruca de gente a la par de las filas, aunado a la exacerbación por el cambio de turno…. Solamente un amigo le puso atención a la marcha, pero tampoco sabía el nombre! Por X o Y razón cuando se ejecutaba no lográbamos averiguar su título, así que dimos en llamarla: “la marcha de a hue…” Hube de esperar hasta el primer concierto de aniversario de consagración, para enterarme y no olvidar jamás lo que el maestro de ceremonias anunció: “….del maestro Víctor M. Lara: Dios Es Amor!”
    1996. 5to Domingo (y dale!) Como fruto de los ahorros de todo un año de internado y EPS, cumpliendo un añorado sueño, estrenaba en las filas una mi camarita de video, para documentar el regio cortejo de Nuestro Señor. Me había armado de varios cassettes y baterías extra. Se me ocurrió una inmensa tontería. Grabaría un cassette entero sólo con marchas “pura lata”. Pese a que ya no estaba tan joven, verán que mi inexperta y tonta mente aún no maduraba, pues quién es tan insensato de arogarse el derecho de tachar de mala, la inspiración de ninguno de ésos héroes que son nuestros compositores de música sacra, quienes han tenido la bendición de recibir la iluminación de Nuestro Señor, para poder escalar el pentagrama y plasmar allí, de manera única, sublime, hermosa, pura, mística e invaluable, el sentir, el amor y el fervor de todo un pueblo por su querida paraliturgia penitencial? Menos aún, quien como yo, carece de los conocimientos académicos, experiencia y solvencia moral para emitir tan errado juicio?
    Pues bien, para grabar la primera en mi nada honrosa lista, figuraba una, con la que una humilde hermandad de mística aldea antigüeña abría su programa radial de marchas, cabe señalar que eran grabadas en acetato, con una pobre fidelidad y para colmo transmitidas en AM. Bueno. El caso es que para el efecto, me aposté a media cuadra de donde estaba programada, pero grande fue mi sorpresa, como tan grande el golpe en mi alma y la lección de humildad que recibí, tan sólo tronar sus sonoras notas; tanto así que en adelante hago lo posible por estar en un sitio privilegiado, de la cuadra donde esté programada en cualquier cortejo, y es de las primeras que busco en cuanto cae un programa de marchas en mis manos, y sigo sintiendo algo indescriptible cada vez que truena: “El Milagro”.
    Mucho hay para comentar en cuanto al tema que has abordado en ésta ocasión Mario, pero creo que es mejor hacerlo extensamente durante alguna tertulia cuaresmal entre cucuruchos, durante alguna velación antigüeña, en el atrio, transcurriendo el intermedio del concierto, y tomando una taza de batido caliente o degustando una empanada de manjar. Y mientras éste hablantín se calla, quizá algún lector de tu blog, haga una pausa en su labor, para evocar en su mente, gratos recuerdos, a los acordes de la marcha de su predilección…

    VAMOS SEÑORES….!!!

  2. La emocion que se siente en el corazon y en el alma al escuchar las notas de A los Pies del Maestro, Ramiato de Olivo, El cuervo, Los Pasos, Martirio, Lagrimas de Maria Magdalena….los recuerdos las vivencias, las añoranzas es de felicitar a los autores que tienen la capacidad de expresar sentimientos a traves de la orquestacion de la musica sacra de nuestro pais, y a nosotros cucuruchos de corazon y cepa ….dejarnos llevar con el pesor de las andas en nuestros hombros doblando nuestras rodillas, transportarnos en mente y corazon con las notas de nuestras sentidisimas marchas funebres.

  3. Para mi gusto, In memoriam cuando se tocaba en el Portal de Comercio para el Santo Entierro Dominico, La Fúnebre de Chopin cuando cargue los turnos de Salida y Entrada de Santo Domingo, El Ha Muerto, cuando Jesús de San José pasaba por detrás de Palacio, y de las Nuevas en nuestra Semana Santa, La Sollevazione di Cristo aunque sea foránea, y por supuesto la fosa que no puede faltar en Viernes Santos… Cristo Rey de M. Zaltrón por ser la favorita de mis señor Padre.

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