A LOS PIES DEL MAESTRO (Cuento reciclado)

(el 15 de febrero del 2010) publiqué este cuento, hoy quisiera replantearlo, para la reflexión de ustedes; el mismo ha sido inspirado en un relato de J.M.Pemán

La penumbra acosaba cada rincón del bello templo neoclásico, era la víspera del gran acontecimiento de cada año en la Cofradía del Nazareno, institución centenaria que tenía a su cargo el culto y veneración de la Consagrada Imagen de Jesús Nazareno de Las Multitudes, hermosísima talla de orígenes inciertos, pero que la tradición y la costumbre reputaba de tiempos coloniales.  Los hermanos Directivos de la solariega cofradía se preparaban para la ceremonia en la cual, bajarían de su camarín exclusivo la imagen de su devoción y la colocarían en el anda que al día siguiente pasearía su belleza y señorío por las calles de la metrópoli.

Era una ceremonia de calibre espiritual enorme, y pocos, muy pocos tenían el privilegio de presenciar tal momento; los nervios, las prisas y la tensión del momento hacían que los susurros con los que se comunicaban entre sí los cofrades directivos se tornaran en voces graves al principio y en gritos ahogados después.  Desconectar el sistema de alarma, manipular la corona de espinas y el resplandor, quitar la cruz del hombro nazareno, aflojar la tuerca de la peana, asegurar la puerta de cristal del camarín para evitar un accidente desastroso, eran actividades que planificadas y medidas con sigilosa atención se desarrollaban de manera exacta y precisa.

En una esquina, viendo de lejos, con profundo asombro y con un respeto que le imponía su devoción, un devoto de condición humilde veía como los hermanos directivos, todos de cuna de alcurnia y tradición de varias generaciones dentro de la cofradía, ejecutaban con sincero recogimiento el acto que cada año tenían el privilegio de efectuar.  Nadie se percataba de la presencia de Felipe –tal era el nombre del devoto-  y nadie pudo explicarse como se había “colado” entre tanto invitado especial, miembros de la prensa, comentaristas de las radios católicas y familiares de los hermanos directivos.  Felipe permanecía impávido, con una luz que  reflejaba en su rostro la satisfacción enorme de ser testigo de aquel momento.

Image

Ya cuando la imagen sagrada estaba debajo de su camarín y antes de subirlo a sus andas, ya decoradas con maestría, elegancia y con un mensaje catequético impresionante, el directivo presidente se percato que la peana de Jesús Nazareno estaba, como es lógico y natural de una capa de polvo que se había acumulado durante un año; así que rápido y eficiente solicitó un paño, para poder retirar las partículas que oscurecían el bello color verde de dicha pieza de la imagen; como era normal las órdenes del hermano presidente eran atendidas con prontitud por el séquito de colaboradores, quines con una decepción enorme que se confundía con el sentimiento de falta de previsión se dieron cuenta que –cosa asombrosa- no había a mano un paño para limpiar la peana de Jesús.

Carreras, reproches, llamadas de atención, disgusto y enojo inundaron el templo, y así de manera tímida Felipe se adelanto y dijo “Yo vivo aquí al lado… si ustedes quieren puedo traer un paño…? Los directivos se vieron desconcertados, ¿quién era ese desconocido?  ¿cómo había entrado a l templo…? Preguntas sin respuesta que se cortaron con la voz del hermano presidente. “pues si es usted tan amable”. Felipe dio un brinco y salio presuroso, tardo cerca de cinco minutos y regreso, llevando en una bolsa de papel un paño; entregó la bolsa al Cofrade Mayor, quien saco un bello y fino paño de seda blanco, con orilla de encaje y bordados con selectos hilos morados y negros.  Con sorpresa se volvió a Felipe y le dijo “Creo que se ha equivocado usted, el paño que necesitamos es para sacudir el polvo de la peana del Señor y éste es un  lienzo muy fino… es demasiado para….” Felipe le interrumpió, “Si, lo sé, pero me pareció que si era para llevar a los pies de Jesús, debía ser algo especial, como éste paño, el recuerdo mas grato y valioso que tengo de mi abuela…” Los hermanos Directivos se vieron sorprendidos y consternados, Felipe sin intención alguna les había dado una lección a todos, desde su humildad y sus limitaciones entregaba lo mejor para el servicio a Jesús. El Cofrade Mayordomo procedió con todo el cuidado y amor posible a quitar el polvo de la peana de Jesús; Felipe estaba a punto del llanto al ver como el paño que había bordado su abuela, era utilizado para tan precioso fin. Las manos expertas del mayordomo limpiaban toda el área llena de polvo y creo que nunca jamás se había hecho A Los Pies del Maestro, una oración en silencio, como la que el paño de Felipe elevaba al cielo en aquella noche de Cuaresma en Guatemala; oración que le fue devuelta en bendición cuando visiblemente emocionado el cofrade presidente le devolvió el paño de seda sucio, que Felipe atesora desde entonces y para siempre como un recuerdo de su abuela y una reliquia de valor inconmensurable.

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2 thoughts on “A LOS PIES DEL MAESTRO (Cuento reciclado)

  1. Qué historia tan conmovedora, nos enseña una lección de humildad, y de dar siempre lo mejor que tenemos en ofrenda a Nuestro Señor

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