Textos Ajenos 5: El exiliado…

La fotografía es colaboración fraternal de Luis Toledo
(El siguiente texto, me llego por medio del correo, y es de la autoría de Carlos Ramiro Solares, quien reside en el extranjero y que ha vivido y sufrido el exilio que algunos solo podemos llegar a imaginarnos)

Despierto, es Sábado y poco a poco caigo en cuenta que mi cuerpo está presente en un lugar  lejano, mientras mi corazón está donde pertenece. Son las 10 de la mañana y los nervios hacen  temblar mi ser, “Ya fue levantado” pienso en mi mente; expectante del turno que hubiese cargado ese año.

A los minutos se escucha el sonido del teléfono, contesto y es mi Padre; a quien dejé encargado el  más preciado de todos los honores ese año: llevarlo en Hombros a Él, al Nazareno de mis amores. Del otro lado del teléfono escucho como mi Papá me dice “Mijo, misión cumplida” con voz  cortada. – Me lo dice aquel que por azares del destino no nació cucurucho, pero que se erigió  cucurucho por sus dos hijos e hija -. Por esas cosas del destino, escucho la primera nota de una  marcha fúnebre al fondo, la cuál desgarra el poco corazón que me quedaba en esos momentos y que hubiese querido viajar por ese conducto telefónico y estar con El, caminar junto a El.

Al siguiente día el clima se torna sofocante (extraño en una temporada de otoño acá), el sol es  calcinante -como si yo me hubiese traído ese ambiente hacia esta parte del mundo-y por un momento me siento revestido con túnica morada, escuchando como el viento silba y mi corazón  de cucurucho lo convierte en una fanfarrea romana que antecede al Rey; a esa hora estaría transitando por su tradicional 1ra. Avenida.

Ha llegado el Jueves, me alisto a salir a realizar mis actividades diarias y me encuentro con la  sorpresa que el casco no está y en vez de eso está la ropa de uso diario. Después de muchos años  de salir un jueves santo de la casa con la túnica morada y paletina blanca, este año salía sin túnica  y salía sin rumbo a encontrar su paso. Camino por la calle y veo a las personas sumergidas en su  cotidianidad, ¿Acaso sabrán que día es hoy? ¿Acaso sabrán que hoy es el día de la institución de laeucaristía, el día de Cristo Rey? Reflexiono y me respondo, que no lo saben y no lo sabrán porque Jesús de Candelaria esta realizando su tradicional recorrido a miles de kilómetros de acá. Empiezo a extrañar esas interminables filas que caracterizan el cortejo, la tradicional granizada enfrente del

Palacio Nacional con amigos, viendo como El Nazareno de Miguel Angel Asturias avanza  lentamente con el inconfundible timbal que encabeza “Una Lagrima” y atrás la Madre sigue su  camino, como queriendo alcanzar a su hijo; con el clarinete del “Ave María” de fondo que ablanda incluso al corazón más duro en su paso frente al Portal del Comercio.

Mi reloj biológico como si estuviera programado me despierta a las 3 de la mañana del viernes  más santo de todos los viernes. Veo y a la par no tengo mi entrañable túnica morada, que es fiel acompañante de cada faena de ese día. Son las 12 del mediodía, el Patrón Jurado estará ya derramando gotas de sudor frente a Catedral Metropolitana. Con la cruz a cuestas (esa cruz que  representa el amor a su pueblo y la redención del mundo) ya va cansado buscando su templo y al verlo enfilar por su tradicional callejón, todo estará consumado.

Son las 3 de la tarde; El Maestro ha muerto y el ambiente en el que me encuentro no lo asemeja,  me pregunto si las personas sabrán que hoy es un día de luto, si sabrán lo que significa este día.  Rezo un Padre Nuestro en silencio, expectante de lo que pasa en mi amada Guatemala en dónde los cortejos fúnebres salen rememorando el día de nuestra salvación; imagino como el consagrado dominico es alzado en hombros y dormido va rumbo al sepulcro bajo el magnífico escenario de una tarde en decadencia y acompañado de las notas de la inmortal Fosa.

El sonido del tzicolaj rompe mi meditación y me encuentro allí -no lo puedo creer-puedo ver el  anda del Señor acercarse a mi -los recuerdos que pasaban por mi mente se esfuman como volutas de incienso-escucho el timbre y de forma intuitiva tomo el brazo y te siento allí Señor, a la par mía, como si hubieses sido tú quien toma mi mano y me coloca en el turno; tal como lo hiciste en  mi niñez. Me dejo llevar por el vaivén del paso, una lagrima corre por mi rostro y solamente  alcanzo a decirte “Infinitas Gracias Dios Mio”.

Carlos Ramiro Solares

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5 thoughts on “Textos Ajenos 5: El exiliado…

  1. …hoy sòlamente comentarè lo difìcil que es dejar de llorar al leer algo tam impactante.

    Vamos Señores…!!

    • carlos estas palabras hablan por si solas del sentimiento que DIOS plasma en tu corazon al ser un cucurucho profesional… vamos señores

  2. Carlos, se te extraña peor estas fechas, y se te espera con mucho gusto a que regreses a Guatemala para compartir filas con vos, has escrito lo que pasa por la mente de miles de hermanos cucuruchos que Aman a Dios y que encuentran desesperante el no poder compartir con la imagen de su devoción. Un fuerte abrazo a las distancias.

  3. Mi querido amigo, yo que te conozco tanto se que tu corazón está donde siempre ha estado. Acá te espera con brazos abiertos tu Padre amado, quien sabe que llevas el anda en hombros y el corazón vestido de cucurucho.

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