en la semana santa del 2008

Sabía que ese día sería el más complicado, entendía que el sentimiento iba a traicionarlo y que las marchas lo iban a destrozar, lo había presentido desde junio pasado. En una contradicción tan evidente como inexplicable, la tarde que para él era la más esperada de todo el año, en ésta ocasión simplemente no quería que empezara e intentaba de mil maneras desesperadas –de manera inútil y absurda- diferirla; la realidad es inexorable y el tiempo no se detiene: el atardecer del Viernes Santo llegó.

Desde el almuerzo, ésta vez rápido y en una casa distinta, las evocaciones empezaron; los silencios profundos señalaban la ausencia y los detalles mínimos evidenciaban la presencia; ponerse la túnica fue intenso, aquel ropón negro le retrajo a los viernes pretéritos en que revestirse era crucial; el vacío se adueñaba de su todo y tuvo que controlar las lágrimas por décima vez en el día. El nimio inventario de enseres le recordó la forma meticulosa de ser del ausente y otra vez, en ese pequeño detalle, la presencia se hizo real.

Doce avenida y once calle. Unos minutos después de las quince horas horas de Viernes Santo. Con el corazón transido de dolor y el capirote en la mano, el cucurucho espera en la esquina al cortejo; y las mil sensaciones gratas de la calle, olor y sonido, son bálsamo al agrietado ánimo del cucurucho. Será la primera vez en muchos años en que irá solo en las filas, a pesar de sentirse acompañado y arropado por el hermano, los hijos y los amigos, éste año se siente solo. El recuerdo rebota de un lado a otro en su memoria y se estaciona en aquel feliz año, en que su padre le llevo a ver la procesión por primera vez; imágenes y reminiscencias desbordan y florecen en el inventario de Viernes Santos que se le multiplican en forma insospechada hasta el presente: miles de alfombras, muchos adornos, decenas de turnos y el recuerdo siempre indeleble de la Semana Santa en familia. La Semana Santa siempre fue instantes de costumbres y rituales familiares que la pintaban de manera única, todos sabían que siempre era lo mismo, pero igual siempre era diferente. Otra vez, en ese pequeño detalle, en esa rutinaria forma de comportase en Viernes Santo, se evidencia la presencia del ausente.

El sol de las cuatro de la tarde destella y lo trae de vuelta al presente, la lucidez acopia otra vez en su memoria las querencias de cada año, los sitios en que buscaban el encuentro con Jesús, siempre las mismas esquinas, las mismas iglesias en los oficios de cada día, los mismos sitios para comer e idénticos lugares para parquear el carro; esos momentos que a fuerza de repetición se funden en costumbres y que son inacabables. Las frases de siempre “a media cuadra, para oír marcha entera”; “del lado derecho, para ver el rostro”, “cuando pase la proce, les compro algo”; “no se muevan todavía falta la Virgen” se diluyen como eco interminable del redoble dominico que le devuelve a la realidad, al hoy, al Viernes Santo. Es el momento en que se coloca el capirote y entra a filas; y allí está, buscando sin encontrarlo, escudriñando inútilmente la fila de cucuruchos, afanándose en la peregrina idea de atisbar aunque sea por un momento la figura de su padre, que éste Viernes Santo no está en la procesión con él. El milagro sucede, ya que al tomar el brazo en el anda dominica se siente acariciado por el beso, que desde el cielo baja a la almohadilla para quedarse allí durante siete minutos y para siempre en su corazón, mientras carga el turno de una cuadra que hoy se le antoja eterno, y que lleva escrito por última vez, el nombre de su padre.

Dedicado a papá…

Luis Humberto Martínez Romero

 

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3 thoughts on “en la semana santa del 2008

  1. …espero que los cucuruchos que lean tan sublime relato, tierno e impactante, bello y duro a la vez; y que como èste que escribe aùn tienen la dicha y bendiciòn de hacer filas con èse campeòn que nos inculcò el amor a Jesùs a travès de nuestra tan querida paraliturgia penitencial, hagamos juntos un momento de reflexiòn y juntos tambièn roguemos al supremo hacedor, por el alma de tantos ancestros cucuruchos que ya no estàn fìsicamente, pero a travès de quienes nuestro Padre Jesùs perpetùa por siempre la multiplicaciòn de los panes y los pescados, pues sus genes aùn palpitan entre la humazòn, caminan en el empedrado o en el centro històrico capitalino o en cualquier parte de nuestra patria donde desfile procesionalmente un Nazareno, un Sepultado o Dolorosa; sòlo que ahora èsta semilla de jacaranda germina en nosotros sus hijos, y nuestros hijos sus nietos. Asì sucesivamente, mientras el Señor tenga a bien que exista la humanidad, para que eterna sea su devociòn…
    Asimismo, hagamos juntos una acciòn de gracias: gracias por el tiempo que aùn quiera Èl que no caminemos sòlos en filas, gracias por haber tenido un padre que nos llevara de la mano al encuentro de Jesùs, gracias por la oportunidad de llevar por èse mismo camino a nuestros hijos, gracias por la oportunidad de tener tiempo aùn para preparar el alma ante la inexoreble llegada de la irreparable pèrdida, y gracias por la dicha y el supremo honor de ser sus cucuruchos….
    VAMOS SEÑORES…!!!

  2. Como bien me dijiste esa tarde lluviosa del último adiós a tu padre: -No tenes idea de lo que se siente, y te respondí:- No la tengo pero como tu hermano lo imagino.

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