Contrición en Viernes

Una visita íntima al Nazareno …

Era viernes y como todos los viernes del año, estaba justo allí, en la esquina que forman la quinta calle y la once avenida de la zona uno de Guatemala de la Asunción. Había sido un día soleado sin embargo a esa hora de la tarde- el reloj de la iglesia marcaba las cinco en punto- se sentía ya el frío que se esparcía por el ambiente en los vientos de Noviembre. Estaba por cruzar la vía, el temor o mejor dicho la pesadumbre de sus culpas hicieron que la calle pareciera imperecedera y la acera de enfrente quimérica, era como si al momento de estar justo para alcanzarla se alejara unos metros más.  Así las cosas por fin logro llegar a la acera oriente de la once avenida, vio hacia el norte y diviso el edificio de la policía, el antiguo convento mercedario y más allá perdiéndose en el horizonte congestionado y contaminado, el límite de la ciudad. Volvió la vista y pudo observar el nudo de motores que a esa hora se forma en el crucero del parque Colón. Alzo la mirada y el Templo Mercedario se le apareció de repente, intimidatorio, el emblema de la orden redentora de los cautivos y la fachada neo-clásica que paradójicamente guarda tesoros barrocos inigualables, se hizo enorme como queriéndolo aplastar, como tomando vida propia. Él volvió a la realidad en el momento que las palomas huéspedes sempiternos de La Merced, aletearon sobre su cabeza y en perfecta formación se posaron por segundos en el tejado de la tradicional cerería y en un circulo perfecto retomaron a las hendiduras y salientes de la iglesia. Al avanzar sobre la loza de piedra del atrio le sucedió lo mismo que al cruzar la calle, el área del atrio se ensanchaba cada vez más y se alargaba, como perpetuando en ese momento los instantes que más de una vez él había vivido y renovado en los Martes Santos, en que el Barrio florece en Reseña, como haciendo interminables los instantes en que elegantes, tradicionales y bellamente ornamentadas andas se pasean en ese lugar cada Viernes Santo, reviviendo rituales que en la memoria y el espíritu de sus hacedores consuetudinarios se concretan en madrugadas de oración y penitencia.  Paso de largo las ventas de cera y comida, de maicillo y lotería; paso de largo también a los mendigos que entre bendiciones y maldiciones le solicitaron ayuda y auxilio, paso de largo… ya habría tiempo después para todo ello. Traspasó el limen de la puerta y un escalofrío de origen desconocido recorrió su cuerpo, para él esta señal física de la trascendencia de lo que hacía, le era más que familiar. Se detuvo frente al Cancel, cuidando que la inexplicable depresión el suelo, esa que esta en la entrada de la Merced, no fuera un obstáculo.  Hasta ese momento se dio cuenta que estaba a punto de entrar, vio hacia abajo y observo nuevamente el escudo mercedario, en la baldosa del suelo. Entró presuroso, un saludo al santísimo y una ojeada entre curiosa y devota al altar de San Judas, la búsqueda inútil del Niño de la Demanda, que esta guarecido de los sacrílegos ladrones, le recuerda que en este país todo anda mal y que hay que cambiarlo. Continua oscilante por la fría nave derecha del templo, sabiendo ya bien lo que le espera y disfrutando de esos momentos de incertidumbre que le recuerdan lo que se vive en Semana Santa a ver aparecer las esquineras del anda de los felinos dorados en algún cruce procesional, pensaba en eso y sonreía en una cómplice alegría con el recuerdo, cuando de repente, en todo su esplendor, surge entre las flamas humeantes de los cirios que lo flanquean y enmarcado en los fulgores de luz que irradian desde su camarín, ataviado con una regia túnica verde esmeralda al igual que la piedra de su resplandor, Jesús de la Merced,  el Nazareno.  Rodillas en el reclinatorio y vista clavada en los ojos celestes de Jesús, los labios musitan “gracias señor por permitirme estar aquí otro viernes más” y el corazón exclama cual entretejido de tradición y devoción de un eterno y perpetuo Viernes Santo “ Perdón OH Dios Mío…..”,  el alma se pierde en la devoción y el sentimiento se agiganta en la tradición, pero lo más importante es sin duda el espíritu de este anónimo devoto  que intima y sinceramente sale contrito del Templo donde para los cucuruchos siempre es Viernes Santo

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s