Estampa de Domingo de Ramos

EL REY DEL UNIVERSO

Jesús de San José en Domingo de Ramos

El sol refulge en las exclusivas y bruñidas corazas y el céfiro matinal mece los penachos de los romanos vernáculos. Son las siete de la mañana y los clarines han desbordado del pórtico del Santuario Arquidiocesano del Señor San José en un Domingo de Ramos más. Los dorados atabales, ataviados con sobrias banderolas carmesíes irrumpen en el ambiente. La trompetería de la cohorte de Poncio Pilato, hace marco auditivo a la sentencia  y los pasos del Vía Crucis. Las fanfarrias del hoy  mas que cincuentenario escuadrón romano anuncian el inicio del majestuosos cortejo, en que se procesiona al Rey del Universo, Jesús de San José, que en soberbia anda manifiesta su presencia y la majestad de todo un monarca.

Dentro del ajustado y remozado santuario, al característico sonido de vibrante y ansioso timbre, puntualmente, los ciento catorce dilectos hombros levantan el bello y rico mueble, en donde se yergue el Protector Perpetuo de Antigua Guatemala; en anda de magistral y artística presencia desborda de ornamentación de gran contenido catequético con gusto estético singular.  El turno de salida en forma amorosa y pausada conduce al soberano.

Inquieto picolo repetirá en celestial contra canto, frases musicales que traducen a vernácula expresión musical, las líneas latinas de “Mater Dolorosa”, alegorías musicales que trasmutan en el gong aparejo sonoro de relativa reciente aparición, en los acordes de “Jesús de San José” y los corazones vibran de gratitud al recibir la bendición en solemne y tradicional “Granadera”; ya en la senda pavimentada, cubierta amorosamente con tapetes de singular y efímera policromía, resuenan en los devotos tímpanos el alabado tradicional hecho marcha que nos recuerda que somos súbditos del Rey del Universo, las almas claman al cielo “Tú Reinarás”

Damas piadosas, conducen por el sendero marcado por el hijo a La Madre. “La Dolorosa de San José”, rompe el mutismo que se apodera de quienes de hinojos se postran ante Jesús, mientras el sonido de la banda mariana hace que lacrimosas pupilas se dirijan a la Reina del Domingo de Ramos.  “El Llanto de la Virgen” se lía con el sollozo de permanentes filas de hermanas devotas cargadoras a lo largo de toda la procesión. Antes, como preludio de tan impar escena que se eterniza en lo ojos de quienes la avistan, castos jóvenes de ambos géneros, han condujo al discípulo amado y a María de Magdala, por el camino de amargura que recorre la Santísima, y que ellos trasladan escoltando el trono procesional de la Dolorosa.

El cortejo se disemina frugalmente por todo el itinerario señalado, el Señor es sujeto de honores que desde hace mucho tiempo se le brindan y ofrendan cada Domingo de Ramos en Guatemala de la Asunción… y así Primero Dios, será por muchos años más.

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