Mi Amigo Cucurucho III. El Melómano

Es agosto y el despertador  anuncia un nuevo día al compás de “Sudor de Sangre”, una sonrisa se pinta en la cara del cucurucho melómano, aquel que buena parte de su afición por las prácticas cuaresmales se basa en la música propia de las mismas. Para este ejemplar de la fauna cucurucha, no hay día ni hora para escuchar las marchas, el goce estético que le produce la audición de cada marcha se extiende a ese estado de casi trance que vive cuando una marcha suena y su memoria y su recuerdo retumban como bombo en el cerebro, dibujando para sí mismo aquel momento, de aquel cortejo, en que en esa calle, sonó “El Penitente” de Pedro Donis.

El cucurucho melómano, es coleccionista por naturaleza, posee diez interpretaciones de “Mater Dolorosa” y en cada una de ellas, el sentido e inspiración de Julia Quiñonez, difiere según la época de la grabación, el carácter que el director de la banda le imprime y la disposición del ingeniero de sonido quien ajusta a su gusto los registros de la Banda.  Tiene además, debidamente archivados los programas de marchas de  los cortejos en los que ha cargado y no descansa hasta conseguirlo en caso de que por error o una omisión, para él imperdonable, si al momento de recibir su turno, no le hacen entrega del programa. Además cualquier oportunidad para adjuntar a su colección programas antiguos es aprovechada y le distrae y place, recordar sus turnos de cuaresmas pasadas, en base a la marcha con la cual le toco cargar.

MI amigo, el amante de marchas, dispone de su participación en  las procesiones en base a lar marchas, conozco a muchos que difieren la salida de filas a tomar agua o alimentos, cuando esta próxima a sonar una de sus marchas favoritas; el sitio en que va en la fila es atrás, allí después del anda de Jesús y cerquita de la Banda, disfruta de cada una de las interpretaciones y muchas veces se debe contener para no aplaudir, cuando la maestría en la ejecución es manifiesta; está atento al programa, a las indicaciones del director, a las llamadas de atención de los encargados de la banda, casi casi se siente un miembro más del conjunto musical, aunque no sepa interpretar instrumento alguno .  Es aquel devoto que no se pierde la subida de Jesús de La Parroquia en la Primera calle de la zona uno, donde desde la 10 avenida, hasta la 8avenida, Jesús bendice a sus devotos con el compás de “El Duelo de la Patria”, turnazo de casi 15 minutos de duración que es para él, uno de los momentos cumbres de la Semana Santa.  Cumbre es también, por ejemplo el cruce del anda dominica en la octava calle sobre la séptima avenida rumbo al norte, en donde “La Sangre de Cristo” resuena; el paso de Jesús de Candelaria por el Palacio Nacional, al compás de la hermosísima e incomparable “Una Lágrima” de Manuel Moraga; disfruta además de “Señor de La Merced”, en plena madrugada, cuando el turno que pasea al Patrón Jurado por el atrio de su templo.  Nunca falta a las Salidas de la Recolección, para deleitarse con las obras de Murcia; sin duda el padre Miguel, es uno de los grandes de las marchas fúnebres; otro momento importante es el mini-concierto que es la salida y entrada de La Reseña; “La Reseña” de Mónico De León; “A los pies del Maestro” del maestro Lara y “Señor de La Merced” de Salvador Iriarte, hacen vibrar la bóveda mercedaria, desde hace varios años cada Martes Santo. Y así momentos memorables, tantos como gusto de cucurucho hay.

El melómano, es y ya lo dije, un coleccionista… tiene acetatos de marchas, de ellos destacan sus más preciadas joyas: los 2 ejemplares de Calvario, El mítico Disco de Oro de la Merced, y el sobresaliente álbum doble “Consagración” editado y producido por Santo Domingo; tiene además, en perfecto estado de conservación, la colección de los cassetes de los conciertos dominicos, aparte de dos cassetes que para él son invaluables, los editados por la Hermandad Mercedaria de la Antigua, en los que las marchas se aderezan con la voz inolvidable del insustituible  Julio García Córdova. Luego los Cd´s, muchos de ellos, los que edita cada año la Asociación Josefina, la magnífica y lamentablemente suspendida colección de la Parroquia, los tres álbumes dobles de Santo Domingo (el azul, el amarillo y el café), los que edita la Asociación de Candelaria, los de los conciertos de San Bartolo; los Stábat Mater de la hermandad de Dolores de la Recolección.  El amigo cucurucho melómano, sabe que muchas de las marchas se repiten en varios discos y distintas grabaciones, pero eso no importa, pues las marchas nunca suenan igual, siempre y a pesar de ser las mismas, dicen cosas diferentes y de distinta manera. En la colección aparecen también los discos que se incluyen el ya famoso “Calendario del Cucurucho” que tienen recopilaciones de distintas grabaciones de diferentes marchas, por allí están también los discos de marchas fúnebres en marimba, que no escucha mucho, casi nada, pues no son de su particular agrado, pero que las posee y colecciona como gestiones innovadoras a las marchas aunque no comparta mucho esa diversificación.

El cucurucho, ha inundado su reproductor de mp3 con todas sus marchas, para tenerlas a mano, para pasársela a otros cucuruchos, tiene como tono de llamada la marcha preferida de cada uno de sus amigos cucuruchos de manera personalizada y su back tone, “Ramito de Olivo”.  En el trabajo algunos gigas de memoria de su computadora están ocupados por sus marchas, esas que escucha a la hora del almuerzo, con los audífonos puestos y el corazón transportado a las calles, oliendo incienso y corozo y “viendo” una anda mecerse a la lejanía.

El cucurucho melómano, como principio, no compra piratería del material; sabe que hacerlo es ir quitando poco a poco la iniciativa de grabación que las hermandades tienen, recurre a la copia de algún ejemplar, solamente cuando este es inexistente y no hay otra manera de conseguirlo.

El cucurucho melómano, clasifica sus marchas según su gusto particular y tiene una lista de reproducción de su top10 por ejemplo; sin embargo posee también clasificaciones según la imagen a la que están dedicadas, por su autor, por su origen; tiene registro de cuando han sido estrenadas algunas de las marchas y posee como complemento a su colección los libros y folletos que se han editado con relación a este tema.  Para él las marchas son muy importantes, pero no es fundamental en su devoción y fé, que tienen otras raíces; para él la marcha solo adquiere trascendencia cuando “dice algo” al cucurucho, cuando se convierte en alabanza y cuando es el complemento perfecto a esos minutos de oración y meditación que es un turno. Dentro de esa clasificación, no es raro encontrar una carpeta que se llame “marchas cantadas” y otra que se denomina “redobles”, en esta ultima van todos los redobles de la Semana Santa y por supuesto el tzicolaj y tambor.

Así es el cucurucho melómano, todos somos un poco de él y todos conocemos alguien que es el “master” en marchas, aquel cucurucho que con solo unos compases identifica la marcha, que sabe quien dirige cada banda en cada cortejo y que durante el año está pendiente de las transacciones que se dan, como si fuese un mercado al estilo de las mejores ligas de futbol del mundo, en cuanto a los cambios de bandas.  “¿ya sabes que Wilver no va en la reco…?  ¿te enteraste que Gómez ya no va a salir el Quinto Domingo en San Bartolo?  ¿ Sabés que Pirir ya está en el Calvario….? Podrían ser algunas de las frases y preguntas que al mejor estilo de noticias pueda enviarnos por mail o platicarnos por teléfono nuestro amigo melómano.

Lo escribí al inicio y lo repito ahora: no importa que día sea, ni que época del año viva; las marchas suenan en casa del cucurucho, cuando llega del trabajo y necesita relajarse; cuando termina de comer y hay sobremesa cuaresmal; cuando se reúne con los amigos a ver fotos e intercambiar anécdotas; cuando está solo y triste o cuando esta feliz; cuando el niño no se duerme y lo mece al compás de “La Fosa” hasta que el infante se queda dormido; cuando va de viaje de negocios y sabe que va a estar solitario en un cuarto de hotel; cuando maneja durante horas…

El gusto por las marchas fúnebres, es para algunos inacabable; para mi amigo el cucurucho  melómano, va mas allá de un gusto, de una afición; es algo indescriptible, algo que conjuga el placer del arte con la profundidad de la devoción.

Yo no conozco nada igual, seguramente ustedes amables lectores… tampoco

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