Humo Blanco

El fragante humo blanco del incienso es sin duda un elemento indispensable para las funciones propias de la Cuaresma y Semana Santa en nuestra tierra, ya que aunque se utiliza durante todo el año en diversas ceremonias, es en ésta época en la que adquiere un papel diríamos protagónico.  En la antigüedad las raíces de su uso son variadas ya que era empleado con propósitos profanos para combatir la languidez o fatiga producida por el excesivo calor, tal como se utilizan los perfumes ahora, de hecho en la antigüedad el incienso era utilizado para aromatizar los ambientes que eran contaminados debido a los malos olores provocados por las precarias medidas sanitarias existentes. Para lo que nos ocupa hay que indicar que no es fácil precisar cuando exactamente se introdujo el incienso en los servicios religiosos de la Iglesia.  No existe evidencia confiable en las primeras cuatro décadas de cristianismo. Sin embargo, su uso común en el Templo y las referencias que se hacen de él en el Nuevo Testamento (San Lucas, I, 10;  Apocalipsis, VIII, 3-5) sugerirían una relativa temprana familiaridad con el culto Cristiano. Por otra parte el uso de esencias aromáticas –entre ellas el incienso- es común y extendido en las religiones orientales y en los credos de base en la filosofía hindú y china; moda que se ha importado desde esas regiones a occidente, provocando una moda de olores, fragancias y aromaterapias, que poco o nada tienen que ver con nosotros y nuestra fe

En nuestros tiempos y desde hace siglos, la Iglesia Occidental utiliza el incienso en las Misas solemnes, bendiciones solemnes, funciones y procesiones, oficios corales y en las absoluciones de los difuntos.  En estas ocasiones las personas, lugares,  y cosas tales como las reliquias de Cristo y de los Santos, crucifijo, altar, libro de los Evangelios, féretros, restos, sepultura, andas, doseles, palios, etc. Se inciensan, con profusamente.  El incienso, al ser utilizado, comúnmente se usa por quema directa, sobre fuego o brasas y en otras ocasiones se consume por calor que se aplica de manera indirecta por medio de metales o cristales.  Sin embargo, como dato curioso y referencial, existen dos casos donde el incienso no se consume, estos eventos se materializan en los granos colocados en el Cirio Pascual y los granos colocados en el sepulcro de los altares consagrados. Durante la Misa, el incienso que se quemará para purificar el altar, generalmente se bendice antes de ser utilizado. El Incienso, con su perfume dulce y el humo blanco que asciende es típico de las oraciones tanto del rito latino como del griego, plegarias que se avivan en el corazón por el fuego del amor de Dios y exhalan la fragancia de Cristo, que se eleva haciendo dignas y agradables las ofrendas a Sus ojos

Para el cucurucho el incienso es fundamental, imprescindible y básico. Conozco varios obsesos por el humo blanco. Debo reconocer que me debo contar entre ellos, confieso pertenecer a esos seres que suspiran por el característico olor, aroma penetrante y profundamente dulzón, pero sobre todo ser cautivo del efluvio capaz de despertar la nostalgia de una semana santa pasada, acentuar el futuro de las que están por suceder  y sobre todo hacer levitar las oraciones hechas fumarolas de espeso y espiritual humo blanco, ese que surge lentamente de vetustos incensarios de latón que repletos de vernáculo carbón vegetal llevado a la combustión por medio de purificador fuego, se ve convertido así en la cuna ideal para que los hidrocarburos aromáticos policíclicos,  nos hagan respirar cuaresma.

Esos varios amantes del humo blanco –cucuruchos todos- a quienes me referí antes, tienen sus ceremonias personales con relación al incienso y quienes de ellos se precian de ser ahumadores profesionales tienen sus propias recetas para disponerlo y es que hay diversidad de tipos de incienso como existen mucha formas y maneras de prepararlo para el cortejo.  He escuchado distintas fórmulas  y recetas, que van desde agregar  azúcar morena en dos partes por cada diez de incienso hasta la mirra en “volcancito” que una vez deshecha se agrega en proporción de una medida por cada libra de incienso blanco; pasando por quienes le agregan un par de clavos de olor y una raja de canela mediana a cada libra, eso sí todo bien molido y perfectamente disuelto en la mezcla. El laurel es también una forma de aromatizar diferente, el problema es que oscurece el humo y si se pone mucho, oculta totalmente el olor a incienso. Hay quienes introducen tantas cosas y procesan tanto la mezcla que el producto es una mezcolanza amelcochada que sin embargo produce aromas mágicos y profuso humo. El carbón es otro asunto, nunca debe estar hecho pedacitos, ni tampoco debe ser colocado en trozos grandes, sino que en trozos medianos, de textura no muy porosa y que éste totalmente seco, aparte de esas consideraciones debe tenerse en cuenta que el fuego debe provocarse con el tradicional ocote y evitar el uso de componentes inflamables químicos quizá más efectivos pero que adulteran el aroma de la esencia.  No hay peor cosa que un incensario, que por inexperiencia o simple descuido, produce humo pero no aroma, que exhala simple olor a humo; esto ocasiona una molesta nube que contrario a los fines y objetivos del ahumador, en lugar de llamar a la meditación y de sacralizar el ambiente, provoca incomodidad y malestar a quienes acompañan las andas y sobre todo a quienes desde la acera las contemplan y veneran.  En Guatemala, son los antigueños quienes particularmente se enorgullecen, con sobrada y justificada razón, de la cantidad y calidad de humo que llevan sus cortejos. Quien ha contemplado tal situación debe coincidir en que es un hecho aparte, un suceso memorable, una ceremonia especial, una ocasión para el recuerdo el poder ver al desfile de hermanos  que armados de tenazas, carbón, sopladores y muchas cosas más, van llenando el ambiente de esa particular fragancia

Así pues que a disfrutar del humo…  Hermanos de faena procesional, dispongámonos a aspirar los efluvios que se desprenden de esos pebeteros  que mecidos con amor y dedicación, preparan el ambiente para el paso de Jesús y de nuestra Madre. Es por ello que es mi deseo y súplica al Nazareno que cada incensario sea motivo de gozo y algarabía de nosotros los cucuruchos y de las devotas. Que nuestra oración llegue al Padre Bueno, en medio de esa espiral de humo blanco y que como éste, nuestra plegaria llegue al cielo. Que el efecto purificador del fuego sea real en nuestra vida y que Cristo Jesús que hace todas las cosas nuevas, nos convierta en  los hijos que Él desea tener.

Anuncios

3 thoughts on “Humo Blanco

  1. Otro aspecto a considerar, son los feligreses quiens por varias horas esperan el paso de las procesiones en las orillas de las banquetas.
    Hace un par de años habia notado que muchos de ellos se cubrian el rostro ante la cantidad de incienso y me sorprendio que alguien no pudiera disfrutar de esas aromas tan propias de la Semana Santa. Le pregunte a una Sra la razon para taparse el rostro, acaso no le gustaba el aroma del incienso ? La Señora me contesto que padecia de problemas pulmonares y estar respirando con el humo del incienso aumentaba su malestar. Con esa respuesta, trate de ver cuanta gente, muchos de ellos ancianos, hacian lo mismo y me pregunte si todos ellos tambien tendrian una razon medica para hacerlo.
    Una regularizacion como la propuesta en el comentario anterior tiene mucho sentido pues en muchas procesiones, tanto en la Antigua como en la capital, se pueden ver personas que ingresan al frente del anda del Señor y proceden a rendirle homenaje con el incienso.
    Para los que disfrutamos aun de esas perfumadas aromas, dejemos que ellas eleven nuestras plegarias hacia Dios pidiendo por la PAZ en nuestra Guatemala.

  2. Me parece muy interesante el articulo del humo blanco, debido a que soy cucurucho antigüeño exiliado, me voy a tomar la libertad de comentar algunas cosas importantes. Definitivamente Mario tiene razón cuando dice que son los hermanos antigüeños los que mas se enorgullecen del acto de incensar, pero… y aqui empiezan algunos detalles importantes, el Señorio de nuestros cortejos procesionales muchas veces se ve turbado por la cantidad exagerada de incensantes que llevan algunos cortejos, por mencionar algunos el viernes Santo en San Felipe y la Escuela de Cristo, domingo de ramos en la Merced, de igual manera los cortejos de pesame del Sabado Santo, me gustaria mucho que en la Antigua G. existiera una comisión encargada de incensantes por cada hermandad o asociacion de devotos cargadores, esto contribuiría mas al orden, a la uniformidad y a la calidad de los productos que se utilizan para incensar, yo no digo que no se haga , pero que se haga de manera prudente y refinada, no inclinado a la exageración, por ejemplo me gusta mucho la forma en que dicha actividad se realiza en las procesiones de la ciudad capital, quizá el acto de incensar deberiamos de dejarlo o de apoyarlo a los NIÑOS con sus respectivos titulos de incensante y navetero. Por otro lado basta con un poco de incienso para levantar el espiritu de cualquier cucurucho, y claro está no nos imaginamos un cortejo procesional ni una Cuaresma y Semana Santa sin el bendito incienso….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s