Cucuruchos de Pascua (reflexiones post Semana Santa)

(dedicado a los cucuruchos y cargadoras que saben lo que hacen)

Cada Cuaresma que empieza… cada semana santa que vivimos, cada pascua que celebramos… es la misma cantaleta de todos los años… que si el cucurucho es un católico folklórico, que si es un católico de ocasión, que si nunca vamos a a misa, que si esto que si lo otro; situación que a mí, sinceramente me cansa y me desgasta.

Mis respuestas son más que todo defensivas e intentan ser reflexivas: si, somos folklóricos, nos gusta el color, el sonido, el olor; nos encanta caminar por una calle llena de cortinas moradas o rojas, alfombrada de aserrín y de pino. Somos folklóricos, solo así podríamos explicar las colas para inscribirse, las ansias porque llegué la Cuaresma y es la única manera de justificar todo lo que hacemos y sentimos ¿algún problema con eso…?    Lo de ser de ocasión, siempre lo he dicho: es infinitamente mejor que un hombre se acerque durante la Cuaresma al Señor, que el que nunca lo hace… evidentemente no es una justificación, pero si una realidad, es mejor poco que nada y es mejor en Cuaresma y Semana Santa que nunca.  Lo de ir a misa y frecuentar los sacramentos, creo que se comete una injusticia, porque hay muchísimos más católicos no cucuruchos que no van a misa, que no confiesan y que no comulgan, y con ellos no veo ese ensañamiento que a veces  sentimos y padecemos.  Pero igual, el que está libre de pecado que tire la primera piedra y no hay que medir a nadie, si no queremos ser medidos

He dicho que sentimos y padecemos, y me atrevo a hablar en plural ya que la idea de pertenencia, es sin duda uno de los vínculos que unen a esa gran casta de cucuruchos y cargadoras que durante todo el año, pero particular y esencialmente durante la Cuaresma y Semana Santa, son baluartes del carisma que el pueblo católico guatemalteco tiene en cuanto a la devoción a la Pasión de Jesús. Y es que el cargador de Semana Santa ciertamente se afirma plenamente como parte del cortejo en que participa. No podría ser de otra manera ya que ese conglomerado vivo que es una procesión no sería nada sin la participación de los devotos, el cucurucho se siente miembro de ese algo intangible que es el cortejo, y digo intangible ya que una procesión existe gracias a sus aspectos materiales, parafernalia tan diversa como asociaciones o hermandades hay, pero ésta se hace palpable cuando está en plena calle, cuando el elemento humano toma acción y se aplica a dichos elementos dándoles vida y animándolos cuando salen del templo.

Cada procesión de Semana Santa es única e irrepetible, inclusive las que salen del mismo templo y con el mismo recorrido son diferentes entre sí, de hecho cada una de ellas se constituye con sus características propias, en simiente de anécdotas que van desde lo personal o lo familiar, hasta aquella que abarca a todo el grupo de organización de la misma o mejor a toda la colectividad que constituye un cortejo de esta naturaleza.

La mayoría de cargadores de identifica con una hermandad o asociación en especial, pero existe un buen numero de devotos que independientemente de esto, participan en la mayoría de cortejos y son sin duda alguna el alma de la Semana Santa.  Son esos rostros de desconocidos que paradójicamente nos son conocidos, esas fisonomías que reconocemos cada año en esa época que nos regocija plenamente y que nos hace sentirnos participes de una procesión. Es una intima satisfacción y un recto orgullo, el tener por la gracia de Dios la posibilidad de ser participantes y piezas de la Semana Santa mas colosal del mundo, la que se conmemora en Guatemala.

La Cuaresma y Semana Santa nos hace sentirnos parte de ese fragmento que dentro de la Iglesia Católica siente especial devoción por las llagas de Cristo, esta situación en muchos casos abre la puerta a críticas acerca de la importancia que los cucuruchos le damos a la muerte de Jesús, a su dolor  y a la casi indiferencia con que aparentemente celebramos la Gloriosa Resurrección de Nuestro Señor. Es doloroso que muchas veces las críticas provengan de nuestros propios hermanos católicos, ya que de los hermanos separados es comprensible esa actitud, dada su postura ante las imágenes, pero que existan – y vaya si los hay-  católicos que critican a los cucuruchos es lamentable, primero porque demuestra muy poca caridad cristiana y en segundo lugar porque las críticas surgen de generalizaciones que muchas veces se basan en las actitudes de malos devotos cargadores, cucuruchos que no aciertan todavía a entender lo que ser cargador significa, el compromiso que encierra y que esta tradicional y amada practica no nos exime de nuestras demás obligaciones dentro de la Iglesia.  Lo maravilloso de nuestra Iglesia es que dentro de su seno cobija a distintas tendencias y muchos carismas que se reúnen dentro de la misma doctrina, en eso radica, el catolicismo como tal.

Si, somos folklóricos, nos gusta el color, el sonido, el olor que nos recuerda el sacrificio de Jesús; pareciera que muchos cristianos no tienen claro que para que Cristo resucitara, debía morir y padecer como lo hizo. Es muy simple entonces entender como los miembros de la colectividad de cucuruchos, recuerdan especialmente su muerte y sus padecimientos.  La vida del cristiano se basa en la alegría de la resurrección de Cristo, pero esta alegría debe abonarse con el amor a la Cruz, con la entrega a los semejantes hasta la muerte, con la aceptación del dolor; si no comprendemos lo que Cristo padeció al morir y poder así resucitar, realmente nuestra Fe seria vana; es decir, reconocer como centro de la vida del cristiano, la Pascua de Jesús es definitivamente indispensable, pero lo es también –perdiéndole miedo a la Cruz y al Dolor- venerar y considerar íntimamente la Pasión de Nuestro Señor, como expiación de nuestros pecados.

Los cucuruchos no dejamos a Jesús en el sepulcro cada Viernes Santo,  sino únicamente entendemos que el paso previo a la Resurrección, es la muerte y en el caso de Cristo, los dolores y sufrimientos que le antecedieron; en ese orden de ideas es injusto que se critique a los cucuruchos por las procesiones, velaciones y demás actividades, pues lo que hacemos, es únicamente rememorar la pasión, para poder celebrar la Pascua en su perspectiva correcta y en su magnitud inequívoca. Si, somos folklóricos, nos gusta el color, el sonido, el olor; pero igual sabemos que estamos haciendo y porque lo hacemos, en eso somos diferentes…

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3 thoughts on “Cucuruchos de Pascua (reflexiones post Semana Santa)

  1. Saludos Hermanos Cucuruchos, Saludos Mario. Hay un dicho popular: “A palabras necias, oídos sordos…” Hay gente absolutista, que quiere que seamos según su esquema. y que veamos desde su punto de vista…; recuerdo muy divertido a una respetable señora que me decía: “pobres los que creen que por ir a cargar un anda c les perdonan los pecados”, imagino lo que estarán pensando: “¡pobres más bien quienes creen que nosotros creemos éso!” Hay quienes también creen que lo hacemos por penitencia, cuando para muchos de nosotros la penitencia y sufrimiento sería ofrecer al Señor NO ir a cargar. En lo personal preferiría 40 latigazos… Pero igual, si lo hacemos por penitencia o por tradición o por folcklore o por amor o por todo lo anterior y encima nos gusta; pues vivimos en una sociedad libre y nuestra Madre la Iglesia nos dá libre albedrío para alabar al Señor. Por tanto: ejerzámoslo con alegría, en misa o en comunidad o en discipulado o como sea, pero ante todo en Gracia de Dios y EN LAS FILAS! VAMOS SEÑORES…!!!

  2. Me gusta lo que decís y cómo lo decís. Yo no lo podría explicar de mejor forma.

    Que gusto fue poder saludarte en las filas. Felices Pascuas de Resurrección!

  3. Me identifico como cucurucho de Pascua PORQUE creo que la resurreción de Cristo da vida y forma a nuestra fe… Animo Mario… Felicidades.

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