A-1 o B-2 ¿acaso importa?

En el grupo de cucuruchos de Yahoo, se desata cada año una verdadera telenovela acerca de la presencia de cucuruchos que provienen de la capital y que viajamos a participar a la procesión del Quinto Domingo, el esplendoroso y bello cortejo de Nuestro Jesús de la Caída (y digo nuestro, porque Él es de todos los que lo veneramos y queremos, sin importar nuestra cédula o pasaporte).  El asunto es que la discusión que se repite y vuelve a repetir, gira en torno a que si el cucurucho capitalino hace desorden y no sabe comportarse en filas. El desorden de esa procesión dicen es por los capitalinos, lo cual me parece una forma ingrata de generalizar y de dividir en lugar de sumar y multiplicar.  Lo que quiero decir, y creo que me  está costando mucho expresar, es que todo se centra en la esencia de ser cucurucho, en el origen que tiene el ser devoto de una imagen.

Ya lo dije alguna vez, la devoción es inexplicable y tiene orígenes diversos, voy a relatarles mi caso y ese enamoramiento que tengo con Jesús de la Caída: en 1993 un amigo antigüeño –no cucurucho por no decir más- me invito a inscribirme en el cortejo de San Bartolo, recuerdo que me medí en las instalaciones de Funerales Mancilla en zona 1 de la capital y que recogí mi turno al mediodía de ese inolvidable Quinto Domingo; de allí para adelante es historia, me enamoré de Jesús de la Caída, me sentí cómodo cargando en las calles empedradas, me deleite y me deleito con las magnificas alfombras, y sobre todo descubrí una Antigua diferente, ancestral, misteriosa, y mágica.  Sé que lo que voy a decir sonará abusivo, pero yo cada Quinto Domingo de Cuaresma, me siento un poco antigüeño, quizá como el más panza verde de todos; me siento un poco dueño de Jesús de la Caída y regreso a casa, el lunes siguiente con el cuerpo cansado y abrumado, pero con el alma desbordante de felicidad, gozo, dicha y esperanza.  Así es la devoción, inexplicable e inacabable. Ha habido años en que el viaje es desde el sábado, otros en que ha sido en bus, solo llegar, cargar y regresar; y desde hace algunos ha sido de acompañar a Mi Jesús hasta que regresa a su templo.

Por ello, a pesar que he expresado un par de opiniones acerca de los problemas que se suscitaron en el cortejo del domingo, no entiendo ese localismo y esa inquietud manifiesta por diferenciar las devociones; para mí es suficiente –y lo digo con toda sinceridad- ver a Jesús en su anda, diciéndome “dale… levántate… ¿no ves que yo me levante 3 veces?” para sentirme cucurucho antigüeño, aunque mi cedula sea A-1.

Todo se resume en lo que uno siente, en lo del corazón, todo lo demás importa poco o nada. Debo agregar que estos diecisiete años de peregrinar Jesús de la Caída me ha regalado varios amigos cucuruchos antigüeños, la última amistad que el Señor me ha regalado la selle con un abrazo intenso y cariñoso frente a la Escuela de Cristo el pasado domingo… Para todos ellos, los amigos cucuruchos antigüeños que tengo el honor de contar entre mis querencias más cercanas y mis identificaciones más profundas, un abrazo desde este blog…. yo se que ellos no hacen distingos, yo se que para ellos ser cucurucho es suficiente para sentirnos uno solo.

VAMOS SEÑORES!!!!

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3 thoughts on “A-1 o B-2 ¿acaso importa?

  1. Ah! Mario: es ya Martesanto. Ya pasó gramparte de lo que esperábamos, pero a Dios gracias, viene aún más, y luego de recargar nuestras baterías con tan intensa y sublime carga espiritual, continuar gozando (hasta que Él lo decida) de ésa vida que El Señor nos regala. Sólo quería agregar, dado que c me olvidó algunos aspectos en el comentario anterior, debido a la premura del tiempo en ése momento. Quisiera, no con el afán de corregir públicamente a Mario, sino más bien de FELICITARLO. Me explico: si en 1993 fué la primera vez, en efecto cronológicamente celebrás 17 aniversario. Pero hablando lo que és, con el recién pasado, has vivido ya 18 Quinto Domingos con nuestro amado Jesús de Sambartolo. Éso amerita mínimo, una sincera felicitación! Para no ir tan lejos, umpatojo que hubiese nacido en ése tiempo, hoy tendría su DPI, podría elegir y ser electo… (ja ja) 18 años que denotan con creces una mayoría de edad espiritual que ya quisiera éste sincero amigo.
    Quiero compartir con Uds, hermanos cucuruchos, algunas letra similares. Tanto fluyen las corrientes en éste mar morado, de un lugar a otro y viceversa, pero no importa pues el mar es el mismo… Bueno, no redundemos. Iwal que Mario en 1993 c fué a la Antigua y c enamoró de Nuestro Señor de la Caída, éste quien escribe c fué para San José un domingo de Ramos de 1992 (casi casi simultáneo) y también me enamoré para siempre del Josefino… Muchos años en la época de estudiante sentí la tristeza de, luego de cargar, al no tener dónde quedarme, ni dinero para éllo, tener que salir a la banqueta y ver al Señor alejarse, retrasando ése triste momento justo hasta la hora en que calculaba poder correr con todas mis fuerzas a la 18 Calle y alcanzar la última camioneta de Antigua. Es bien curioso lo que les contaré. Al contrario de lo que pasa en Sambartolo, en que mis hermanos antigüeños tan intrascendentemente localistas (no todos claro) arman tanto lío por lo ya descrito en el artículo de Mario; nunca nadie me hizo sentir mal, o extranjero en Sanjosé (bueno, una golondrina no hace verano y no c puede comparar el casi 70% de capirotes volteados que acompañan al Señor de la Caída, con un miserable antigüeño en las filas josefinas). Le comentaba aparte a Mario, que me costó un mundo acostumbrarme a oír la marcha mientras el Señor descansaba en las horquillas, cargar con el hombro derecho los brazos impares, caminar en filas jalado desde adelante y no a la inversa, nadie entendía mi Vamos Señores!, y tampoco cuando tocaba sus espaldas para parar, mas bien las miradas eran curiosas pero amables, luego comprendí: quienes así me veían de divertidos y amables, cuando el viento sopla fuerte en las avenidas del centro histórico y las paletinas se vuelan sobre los hombros, podía ver cual luciérnagas titilando en la noche, destellos blanco y rojo en sus hombros: Sendos monogramas de San Bartolo….! Éso y mucho más; los romanos, las túnicas (no tacuche), pero sobre todo la amorosa mirada de Nuestro Señor (mi Señor) de los Milagros, siempre me hicieron sentir como en casa. Contrario (he aquí lo simpático) al llegar a la Antigua (yo me quito la túnica hasta en mi casa, no antes), mi querida ciudad, inundada con ése olor tan querido a tierra mojada y las piedras cubiertas de serrín y flores y las calles inundadas de tapasoles blancos…, imaginarán ése raro cuadro de un solitario loco con cara de felicidad, caminando a su casa, con la paletina negra sobre sus hombros y un turno en el pecho, que muchos de mis paisanos veían con extrañeza, tratando de determinar ¿De dónde…!!!?? Éso ya hace tiempo que no c repite, pues al igual que Mario y muchos de mis hermanos capitalinos de capirote volteado y corazón morado, que regresan a casa no el Quinto Domingo, sino bien entrado el lunes (El Señor de Señores, el hijo del hombre, que “…es también Señor del Sábado”, el que convirtió el agua en vino y en santos a los pecadores-as, aunque técnicamente ya sea lunes, si Él aún anda en la calle, pues aún es 5to Domingo), ya jamás regresé a casa en un Domingo de Ramos, sino hasta que termina Mater Dolorosa y el timbre suena. Inmensamente enamorado de mi Josefino, al cargar ya entrada la noche, llorando abrazado al bolillo (que descaro plagiarte en tu blog) mientras mi familia duerme en la Antigua, me siento tan capitalino como el que más, y si éso que se siente en las filas no es estar en casa, pues no encuentro otra definición para ello.
    Como de costumbre, ya me excedí escribiendo, esperando no aburrirles y esperando que Mario no bloquee un día de éstos mi entrada, para librarse de éste molesto hablantín.
    Una vez más, Felicidades Mario, un abrazo y VAMOS SEÑORES!!!!

  2. Hay una expresión, no muy castiza y más bien algo provenzal, que espero que mis hermanos cucuruchos no la tomen a vulgar; pero cuando alguien muy cercano a nosotros y por la confianza “per sé”, dice algo tan acertado, no nos queda más que decir: Mario, tenés la geta atascada de razón! Éso de los distingos, queda reservado para almas de hermanos, quizá no malintencionados, pero con tantita falta de madurez…, y tengamos cuidado, pues ésta madurez si fuese en el plano puramente cognitivo y/o mental, pues no pasaría de ser algo vano e intrascendente, insulzo y vacío. No hermanos, ésta madurez es en el plano espiritual. Quizá no tengo la solvencia moral de aconsejar, pues TODOS somos en algún mayor o menor grado, un tanto inmaduros en tan variados aspectos. Pero a todos nos vendría bien leer umpoco algo de lo que nos dejó escrito aquél a quien TODOS amamos y vamos a cargar. No voy a citar pasajes cual hermano separado, entre cucuruchos (creo que todos lo somos) éso no es necesario; pues la condición “sine quá non” para serlo, debería ser conocer al Maestro, a través de su palabra y su ejemplo, y llevarlo en el corazón… Recordemos lo que Él dijo: …en espíritu y en verdad (al hablar a la Samaritana), a la Samaritana!!! Los Judíos y los Samaritanos estaban enemistados!!! Pero Él no hizo distingos!! Luego recordemos cuando envió a Pedro a la casa de Cornelio, San Pedro! Hasta el gran Sampedro no quería ir con los paganos! Y tanto ejemplo que no viene al caso, pues todos los sabemos de sobra (imagino que vamos a misa!) o al menos es lo esperado en un cucurucho de pura cepa, de alma y corazón. Ahora si lo somos sólo de nombre, sólo de ocasión, sólo de tradición, sólo de diversión, sólo de costumbre, sólo de ir a abrir la boca….., entonces Él mismo lo dijo: “En verdad os digo (marcha, ja ja) que ya han tenido lo suyo” Duro verdad? Y si a ésas vamos, entonces seremos los del relajo, de la bulla, del salirnos de filas, sentarnos con la túnica arremangada en una banqueta, cual vendedor ambulante… Hermanos, les habla un B-2 (que feo c oye verdad? ni que fuéramos salvatruchas o 18’s!!!) y conozco antigüeños que ya quisiera yo que fueran capitalinos, porque aunque el estilo de hacer filas difiere umpoco, dado la dirección de las mismas en nuestra capital, al menos vienen con una uniformidad envidiable: pantalón, zapatos y calcetines negros, la túnica bien planchadita, del largo de rigor, con CAPIROTE (no tapasol), no andan con tapasol y encima mal usado, con la cara cubierta cual mujeres talibán, o fruncido sobre la cabeza como Arafat… Tampoco he visto hermanos “de la Capital” con tenis y pantalón de lona, o mascando chicle o viendo quién está en la acera y saludando cuando van cargando…, o con el aro del tapasol en la cabeza y lo demás sobre los hombros, amarrado cual batonistas… Si vamos a hacer distingos, como Antigüeño: como quisiera que mis paisanos de ciudad (todos somos watemaltecos) no luciéramos tan desarrapados y cargáramos de cachetío y con los ojos cerrados y haciendo oración en el turno como muchos hermanos “de la capital” (no todos). Claro que no todos los B2 o A1 somos iguales, por éso es que en la iglesia cada quién tiene diferentes dones y función, pero somos miembros del mismo cuerpo (un dedo no piensa como el cerebro, pero el cerebro no c puede rascar la cabeza) Creo que ya los cansé. Terminemos haciendo el firme propósito de ser en las filas uno sólo. Como gotas de agua que…, (ése mar morado que inunda las calles al paso del Señor) Hermanos, recordemos que somos cucuruchos, seres de la misma especie (o en el zoo sabemos si el puma que vemos es de petén o de costarrica? o si es de la sabana petenera o de la selva petenera?) y como tales, hijos de cucuruchos (hijo de tigre, pintito!) y padres o futuros padres de cucuruchos, conduzcamonos como lo que somos, y caminemos juntos como HERMANOS.
    VAMOS SEÑORES!!!!!

    P.D: Mario, t felicito por abordar tan acertadamente un tema tan lamentable y polémico. T dejo un abrazo (perdón por decir que tenés geta) y otra vez: Vamos Señores!!!

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