Hágase tu Voluntad

La advertencia médica había sido tajante: “No podés cargar, después de la intervención que se te hizo, es muy peligroso el esfuerzo”. Al devoto ahora le duele el alma,  en las semanas anteriores a la Cuaresma, había sido intervenido quirúrgicamente y gracias a Dios, todo había salido sin novedad, sin embargo la convalecencia era lenta y debía tener mucha paciencia, cuidado y reposo. Nuestro amigo cucurucho siente una punzada en el corazón, se le exprime el alma y se atreve a preguntar:   “¿Y puedo caminar un poco en la fila? ”, el médico condescendiente, al fin y al cabo cucurucho también, recomienda hacerlo con precaución y por muy poco tiempo.  Transcurre la Semana Santa más abatida y triste de todas, sin poder cargar en los cortejos, participando en ellos únicamente acompañando a las sagradas imágenes en la fila por unos minutos.  Así llega el Viernes Santo de Jesús de la Merced,  tan esperado como en otras ocasiones, el convaleciente devoto  como todos los años llega a la once avenida y allí se integra a las filas; su caminar hoy es mas lento que lo normal, hay dolor, leve pero dolor al fin. Aunque sin duda esa punzada que siente en el corazón es producto de la angustia y de la tristeza. En plena avenida Simeón Cañas, se forma en su lugar, justo en crucero en donde ansiosamente se empiezan a constituirse sus compañeros de turno, ve el mueble acercarse y escucha sonar el timbre. El Señor se detiene y clava su mirada en él. Otra vez el timbre y se levanta la anda,  y él experimenta una situación singular: como nunca antes había sucedido en lugar de tomar su brazo, sale de su posición en el bolillo. El doloroso vacío es inmediatamente ocupado por otro devoto, suena la marcha y recuerda su primer turno de hace muchos años. Camina al costado de Jesús, ve de nuevo el divino rostro, y entonces si,  el devoto se desarma por completo.  Es en ese momento cuando  una lágrima corre por su mejilla, él la seca con su mano enguantada, aceptando la voluntad del Señor… ya no llora, solamente es el alma la que solloza amargamente en este Viernes Santo en que un devoto no cargó…

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