LAS INSCRIPCIONES: CONTRASEÑAS Y BOLETAS:

En el transcurso de la vida, hay muchos documentos que van marcando nuestro existir y que de alguna manera se van convirtiendo en el  expediente de nuestra vida; por el tipo de trabajo que tengo, día a día me doy cuenta de las dificultades que pueden  atraerse con el extravío de algún documento importante, los sinsabores que puede ocasionar y la pérdida de tiempo que trae consigo un descuido en la custodia de dichos documentos.

Por ello es que las contraseñas de un cucurucho son documentos preciosos e invaluables; todos tenemos un sitio seguro para guardarlas y cuando alguna de ellas se extravía, el pánico asoma y el devoto puede perder los estribos, pues el no tener la contraseña ocasionará que se dificulte la entrega de la cartulina de su turno, o bien en los casos de asociaciones y hermandades mas estrictas e intransigentes la pérdida del derecho adquirido de llevar en hombros a una imagen en procesión.

Creo que muchos cucuruchos hemos extraviado en alguna ocasión, la contraseña de determinada procesión, la angustia que se siente y la pena que se vive es solamente comprensible para quien lo ha vivido.  Con el paso del tiempo y los cambios en los sistemas de inscripción guiados por la tecnología, las cosas han cambiado.   Ayer por ejemplo fui a Santo Domingo, ya que pese a haber pagado en el banco desde el año pasado, se me hacía necesario ir, en primer lugar para que mis hijos rectificaran el alto y sobre todo para poder confirmar que el sistema se tenía ya como inscrito y no tener dificultades  el Sábado anterior a Ramos en la entrega de turnos (aunque me tope con la sorpresa que los turnos los entregaran el quinto sábado de cuaresma, la víspera de La procesión de Jesús de San Bartolo…); en mi trayecto de llegada a Santo Domingo, pase a inscribirme a Santa Teresa, en donde la rapidez y sencillez del trámite todavía no lo hacen insufrible como en otros cortejos y mientras caminaba por las concurridas calles del centro puede observar las colas en San José, Candelaria y La Merced… no pude menos que compadecer a los nuevos cargadores que apenas dan el alto y que deben de sufrir lo indecible para tener un espacio en las procesiones.  ¿Acaso la devoción debe ser puesta a prueba de esa manera…? ¿No deberían los niños que pasan de las infantiles, tener acceso privilegiado y preferencial a las procesiones de adultos?  Preguntas sin respuesta.    Al salir de Santo Domingo, fui a la Parroquia, en donde la tecnología llegó, llenar una boleta, y pagar el turno fue relativamente rápido, si tomamos en cuenta que se está implementando un sistema que ojala en el futuro haga más sencillo la inscripción y que la comunicación sea efectiva y eficaz y no como en otras hermandades y asociaciones en donde solicitan datos y más datos y luego no comunican nada por esa vía…

Regresando a lo de las contraseñas, he de decir que ahora hay otro documento que hay que cuidar, quizá mucho más que la contraseña misma, y es lo que se ha denominado en los últimos tiempos “la boleta”, papel que nos da el privilegio de inscribirnos en algunos cortejos (San José, Candelaria y la Merced… ) sin las colas y sin la ansiedad de quedarnos sin turno.  Si bien este sistema ha sido de mucho beneficio, pues deja sin justificación a quienes les gusta trasnochar en la calle bajo el pretexto de hacer la cola; es cierto también que es una intransigencia de parte de las asociaciones el darle a ese pedazo de cartulina la jerarquía de “irrepetible”, es decir que es único y que si un devoto, pese a los cuidados y previsiones extravía la famosa boleta, se queda sin cargar y se ve obligado a hacer la “cola de nuevos” en una muestra de entre otras cosas falta de caridad cristiana, Para quien tiene 10, 20 o más años de cargar.  Me consta que en Candelaria, esa boleta que ellos llaman carnet, se puede reponerse, (en 2009, extravié la mía y las de mis hijos);  pero sé también que no hay fuerza humana que haga que dicho documento se pueda reponer en otras asociaciones; creo que debería meditarse en eso, pues en muchas ocasiones – y me enteré hace unos días de un caso- no se trata de un descuido, sino simplemente que las cosas materiales pueden extraviarse, pueden ser robadas y además pueden destruirse.   Al final de cuentas ni cada cucurucho, ni cada asociación tiene la potestad de decidir quién carga y quien no, es El Señor quien decide en última instancia, tener una cartulina no garantiza poder cargar, (lo se por experiencia propia) y no tenerla tampoco determina que ese año no podamos participar en el cotejo y que Él nos llame desde la fila, para llevarlo en hombros; estoy convencido de eso, hay y tengo muchos ejemplos, propios y ajenos,  que en otra ocasión escribiré

El caso es que mientras escucha la entrada de Jesús del Consuelo en la radio, y se prepara a descansar después de una jornada de colas, caminatas, sol y procesión, usted contempla sus contraseñas, hace inventario de ellas una y otra vez, las lee y las relee y hasta que está seguro que no hay error y que están completas, las guarda en esa cajita de madera con llave que tiene en su dormitorio, a la espera que la ansiedad lo consuma y la sorpresa lo abrume cuando en Sábado anterior de Ramos, recoja sus turnos.  ¿Qué turno te toco…? ¿ qué marcha te toca? ¿te sacan temprano o te lo dieron tarde…? Serán las preguntas que responderemos una y otra y otra vez en ese día en que el Centro Histórico de la ciudad se convierte otra vez en el reducto de los cucuruchos de Guatemala.

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3 thoughts on “LAS INSCRIPCIONES: CONTRASEÑAS Y BOLETAS:

  1. Ah! es cierto lo que nos dice Mario. El hecho de no portar el turno en el pecho, no significa bajo ninguna circunstancia el absoluto impedimento de cargar. Les invito a los compañeros de infortunio, a presentarnos a las filas, quizá el Señor nos llame a cargar, o quizá no. Lo que sí es cierto es que en ningún lugar nos sentiremos más a gusto ése día, que a su lado. No dejemos que la soberbia, la vanidad, el orgullo, el berrinche (ya no somos niños, por tanto no actuemos como tales), nos haga apartarnos de Él. Sigamos su ejemplo en el monte de los olivos y digamos juntos: “Señor, si quieres, aparta de mí éste cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya…”
    Otra cosa es segura, si nos acercamos a las filas, estoy 100% en la certeza, que éste año, le acompañaremos MÁS y con más sentimiento que otros años. Ánimo hermanos, no sea que Él decida la posibilidad que éste Domingo de Ramos sea el último de nuestras vidas…
    VAMOS SEÑORES!!!

  2. Es totalmente cierto. Creo que hay una intransigencia tan marcada, que raya en lo “cerrado”. Uno incluso, puede presentarse “en persona” diría la chimontrufia; demostrar con documentos estar vivo, suplicar, llorar, hablar con los encargados, y en lo personal, hasta llevar el turno (cartulina) donde aparece el nombre, código, estatura, correlativo o lo que sea, todo en ley para una mente lógica, pues nadie que haya cambiado de religión, o que esté enfermo e imposibilitado, o no tenga la voluntad y el vehemente deseo de cargar al Señor, se presentaría a suplicar, llorar, perdiendo todo asomo de orgullo o vanidad humanos; con pruebas fehacientes de ser quien dice ser. Es duro, triste, doloroso, difícil de explicar y definir, lo que uno siente cuando tantas caras amables y sonrientes, con sendas insignias en la solapa (de San José en mi caso), te dicen cortesmente: “Lo sentimos, venga a hacer su cola el otro domingo”, no les importa que uno venga de lejos, o que se haya escapado del chance arriesgándolo todo, o si tiene algo de suma urgencia para el otro domingo, o trabajo… etc. Bien sabido además, que la cola está desde jueves del silencio, y que si uno tiene que trabajar, o es casado y con obligaciones etc, podría ir a la cola en la madrugada del domingo, con un 90% de probabilidades que una cuadra antes de llegar a las mesas, salgan los miembros de la asociación, siempre pulcros e impecables y con sendas sonrisas y amables maneras t digan “lo sentimos ‘hermanos’, ya no hay turnos, gracias por venir, los esperamos el otro año”. Ellos jamás desde sus cómodos puestos podrán comprender el dolor que sentimos ni comprenderán la tristeza, la nostalgia, la desesperación, la sensación de vacío en el alma…. No señores, a todas luces no es justo, indistintamente de las razones de la pérdida, o del tiempo de cargar (en mi caso 18 años tirados a la basura), no es justo, perder irracionalmente una categoría y derecho ganados. Pero sólo agregaré algo: podremos no estar inscritos en el kardex, podremos no tener (por habérsenos arrebatado) el derecho a portar en el pecho nuestro turno de éste año o nuestro querido programa de marchas para el archivo, pero jamás éso supone perder la sangre de cucurucho que circula en nuestro árbol vascular, sangre “cuarteada” con savia de jacaranda… Pero por sobre todo, hermanos, quienes como yo somos tan ingratamente expulsados éste año ( del Kardex, mas no de las filas ) recordemos que estamos, mientras seamos buenos hijos de Jesús, inscritos en El Libro de la Vida, del cual sólo Él puede borrarnos. Les comparto lo que hará éste cucurucho con el alma destrozada de tristeza. He decidido comprar una cartulina de ASPIRANTE y presentarme a las filas a acompañar al Rey del Universo, si es que Él, y sólo Él me lo permite. No hay resignación que me haga verlo de particular en una banqueta. El color morado y la paletina sobre los hombros se lleva en el alma, pero también hay que portarla. Así que: Ánimo…! Y VAMOS SEÑORES!

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