..::fantasma::. (cuento)

(A la que no fue, a la que no aparece todavía… ella sabe porqué)

Tarararachanchan tachan tatachan… a lo lejos escuchaba la marcha fúnebre “San Nicolás”, era la madrugada de un Viernes Santo de hace unos años, y el corozo en su pleno apogeo inundaba la once avenida. En la fila derecha, atrasito del banderín apareciste tú, entre las dolorosas que acompañan a la bella Golondrina. Yo veía divertido a los niños pequeños en la fila de Sanjuaneros, cuando te transfiguraste ante mí. Me enamore. No exagero, simplemente me prende de ti, sin saberte ni conocerte. El redoble me trajo a la realidad, pero desde entonces no puedo sacarte de mi mente, es decir no quiero hacerlo. Pareciera profano pero me apasioné por ti, me gustaste mucho, te veías bellísima, engarzada en ese precioso vestido negro y tocada con delicadeza por bella madrileña, y ¡oh maravilla! ibas tarareando la marcha fúnebre: “hermosa y cucurucha” eras perfecta, pero por algún motivo que a estas alturas no he logrado descifrar, me pareciste irreal, eras como un espejismo del verano chapín, eras tan ficticia que cuando por fin me decidí a hablarte desapareciste.

Empezó mi pasión. Fui de Herodes a Pilatos muchas veces. Te busque en filas, desde siempre y para siempre. Te busque en toda procesión; te auscultaba en los atrios antigueños en los viernes de velación; te soñaba al ritmo de las marchas y te imaginaba, debo confesarlo, entre humo de incienso; te percibía entregada esa pasión tuya, nuestra… a la pasión por la pasión, te vi en sueños reposando tu cansancio de dolorosa en mi descanso de cucurucho ¿y que podía hacer yo, si te metiste en mi vida en una procesión? En cada concierto de marchas te buscaba, en colas de inscripción te indagaba, curioso asistí a todo evento de las hermandades de pasión y no te encontré jamás. Lunes Santo en la Merced y nada. Viernes de Dolores en Candelaria y tampoco. Primer Domingo en la Reco y no estabas. Te busque en noviembre de Cristo Rey y no estuviste; y allá en La Antigua, en la velación de mayo de la Reina de la Escuela y tu mutis era eterno. En septiembre dominico creí verte, pero no fue cierto; creí encontrarte pero no fue así. Desapareciste.

Muchas veces en cuaresma, deambulé por tus iglesias en tu búsqueda, que irremediablemente terminaban en la plática con alguna persona conocida, allá en la tradicional venta de fresco de súchiles de la quinta calle, esperaba que allí hubieran noticias tuyas, que alguien del ambiente cuaresmal te conociera. Ingenua esperanza pues no sabía ni siquiera tu nombre, ¿Cómo encuentras a lo desconocido? ¿Cómo buscas a quien no tiene nombre? Eras un misterio y te convertiste en mi enigma personal, en una obsesión que por lo irreal de tu presencia se convertía poco a poco en un sueño que jamás iba a suceder. Pero déjame contarte que además eras mi secreto, mi tesoro íntimo; ni a mis mejores amigos cucuruchos compartí mi vivencia, ni a ellos que hubieran podido entender mi sentir, les conté mis febriles persecuciones a mi bella cucurucha.

Ahora recuerdo la vez aquella, en que te vi a los pies del Nazareno en La Merced, encendías una veladora y en un descuido mío, mientras agregaba mentalmente a tus virtudes, la de ser devota de la más bella talla de Nazareno, te esfumaste de nuevo. Entendí que no existías, que eras una aparición generada por mis neuronas de cucurucho y mis genes de cargador. Aturdido ese día vagué por todas las Iglesias del centro, en una febril peregrinación que te buscaba a ti. Me halle desconcertado en calles y avenidas, en esquinas y callejones, así me quedé en Santa Teresa, en la Capilla, en El Calvario, retorne a La Recolección, anduve buscándote con el añejo temor de encontrarte pues no sabría que decirte, con la duda de saberte etérea y con la certeza de no saber nada.

Fue hasta aquel día que en una Reseña te vi otra vez. Veías al Señor desde la acera, sin vestido negro y sin mantilla; mi timidez me gano y en ese ir y venir de indecisión, de titubeo me sorprendió tu ausencia. Cuando me decidí a hablarte ya te habías ido. Tengo la evidencia tenue, pero casi cierta que el Domingo de Ramos del año pasado te encontré, ibas, como siempre, en la fila derecha y para mi suerte tu cartulina dejaba ver tu nombre, al acercarte pude divisar el texto: “El turno que le corresponde es de la tercera calle a la cuarta calle en la primera avenida. Verónica….” y entonces el entrometido viento me negó tu apellido, ¿acaso es posible tanta contrariedad? En fin tu patronímico no me hizo falta pues tu nombre te definía, hasta tu nombre era cuaresmal ¿podía haber sido de otra forma? En definitiva eras perfecta: “hermosa, cucurucha y te llama Verónica” me dije a mi mismo, y sin embargo cuando te busque en la fila, ya no estabas; yo ya lo presentía, ya lo sabía. Desapareciste.

Desde entonces creo firmemente que eres una auténtica aparición. Por eso me parecen muy normales tus idas y venidas; tus apariciones y tus deserciones. De hecho recuerdo que un Quinto Domingo, en pleno San Bartolo me pareció verte y no te hice caso, pues se me antojó que eras un fantasma y los fantasmas, dicen, no existen. Otra vez, en Jueves Santo, ya entrada la noche estupenda de ese día, ibas de blanco allá por el Colón, por supuesto y como no, si no sos más que un espectro en mi vida de procesión, pero no te seguí, pues los espectros, dicen, no existen. En donde nunca te divise fue en el cortejo de la tarde de Viernes Santo de Santo Domingo, me decepcionó la idea que fueras a otra procesión de santo entierro creo que semejante asunto para un dominico consumado como yo fue determinante para no buscarte mas, y así fue, abandone tu búsqueda cobijado en aquella ocurrencia, pero realmente decidí no indagarte mas, porque sabía que jamás iba a hallarte.

Hoy, muchas cuaresmas después se que fue un simple pero buen pretexto. “No acepto que no seas dominica, por eso ya no te busco…” Grite aquel Viernes Santo hacia la bóveda negra del cielo, pero yo sabía que es mentira: no te averiguo pues tengo miedo de hallarte otra vez en la fila derecha, tan hermosa, vestida de negro y con bella madrileña. Es mentira: no te imagino, Verónica, para ya no hacerme daño. Hoy se, pues así lo he diseñado, es mejor imaginarte así: devota, fiel, inalcanzable. No te veo pues me he negado el derecho a hacerlo y porque esa el la exclusiva manera de terminar así este suplicio que lacera el alma y parte por la mitad a mi corazón.

Un asunto me queda claro, el amor a primera vista si existe, aunque sea el amor a un fantasma, a pesar que éste sea un bello espectro cuaresmal.

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3 thoughts on “..::fantasma::. (cuento)

  1. Ah! Mario, hace algun tiempo, al comentar tu bello cuento “FANTASMA” te suplique una oracion por mi hogar, pues lamentablemente el enemigo c precia en tratar de arruinar la vida de los hijos de Dios, amargandoles (o tratando de hacerlo)los dias santos, que debiesen ser de paz y recogimiento…, y ya veo venir (con toda mi alma le pido a Dios que aparte de mi casa estas pruebas, pero que sea su voluntad)el tradicional disgusto porque me desaparezco unas horas de mi casa (incluida una noche) para ir a dejar a su templo al Recoleto y caminar con mi Josefino… Por eso hermano, yo c que hay muchas causas, mucho mas nobles e importantes para elevar tu oracion, pero por la confianza que t tengo, me atrevo a pedirte de nuevo, una oracion de hermano ante nuestro PADRE. Que Dios te bendiga Mario, hermano…, Feliz Semanasanta!
    VAMOS SENORES!!!!

  2. Carlos: tenés mi ofrecimiento formal, que en alguno de los turnos de esta Semana Santa, lo ofreceré para que tu pròxima Semana Santa, la vivas a pleno, con tu familia entera…. Saludos y un Abrazo

  3. me quedé enteramente simpalabras hermano. cada vez que leo algo escrito por un cucurucho exactamente iwal que yo, me da ése sentimiento tan bonito de pertenecer a otra especie, nuestra especie… te inspiraste al máximo. hasta me parece haber visto alguna vez a tu verónica… Es la mujer ideal! así sólo conozco a pocas, incluidas mis hermanas ( sin falsa modestia). Lamento profundamente no haber encontrado en las filas del Señor y de la Madre, una alma gemela cucurucha. Amo a mi esposa, y ella siempre sabrá que un sólo detalle adolece para ser perfecta: NO es cucurucha. Pero ni modo, ayúdame hermano a rezar porque un día nos acompañe a las filas, o al menos que no nos entristezca los días grandes con su indiferencia. Ojalá que un día comprenda lo mucho que significa TODO ésto que vos y yo sabemos, para mi hijo y para mí. Espero que un día su corazón cambie, al ver cómo “loquea” nuestro cucuruchito en sambartolo, en la escuela, en sampancho. a mí me estruja el alma ver su almita plena de amor a Jesús, no sabe ni cómo se llama en la mañana del Quinto Domingo, no es dueño de sí, tropieza, no puede ni amarrarse sus zapatos, no duerme, no come…. Vos me comprendés. Lo más duro es cuando con su inocente y tierna carita me pregunta porqué su mamá no quiere ir a cargar, ni a las filas, ni a nada y se enoja y despotrica “otra vez se van a un concierto de marchas!” “se olvidan de mí”… etc. Te encargo una oración por nosotros. VAMOS SEÑORES!!!

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