Viajar, para vivir… (relato breve)

Publicado originalmente el 25 de mayo de 2008

La nostalgia lo aniquila lentamente. Desesperado, el cucurucho ausente hace el viaje planificado desde la cuaresma anterior. El devoto no puede ni quiere arrancar sus raíces y desde hace más de diez años es lo mismo, bajar ansioso de un avión, en pleno Domingo de Ramos y atravesar la ciudad, respirando cuaresma, viviendo intensamente cada momento. Llegar al Centro Histórico y buscar, ahora no con el pensamiento sino realmente, la añorada casa paterna allí donde la tradición vive; los abrazos y saludos son apresurados, pues la prisa es mucha. Revestirse de morado, colocarse la paletina y en ella colgar el turno para salir al encuentro de Jesús de los Milagros, justo cuando esta llegando a la 15 avenida, es casi un ritual cotidiano para el cargador; ingresar al cortejo y permanecer en él hasta la entrada, es el regocijo espiritual de nuestro amigo cucurucho, “el foráneo” como le llaman sus amigos y compañeros de filas. Disfrutar de estas horas de comunión con lo que siente tan suyo: alfombras, marchas, fanfarrias, romanos, incienso, comidas, su Nazareno, sus amigos, su familia, su Semana Santa es la satisfacción de quien a pesar de estar lejos, a muchos kilómetros de distancia y que como buen cucurucho josefino añora la Procesión del Primer Jueves de Cuaresma, echa de menos la velación de Cristo Rey en noviembre y se desquita por decirlo de alguna manera con su entrega al Rey del Universo en el Domingo más esperado del año. La nostalgia le aniquila de nuevo, ahora es por la certeza que el Domingo esta por fenecer. Dormir nada mas unas pocas horas, pues el avión que le lleva de vuelta, sale muy temprano mañana, Lunes Santo. Abrazos. Llanto. La satisfacción de haber podido venir, como todos los años y la melancolía de no poder quedarse por lo menos hasta el martes, para ver al Mercedario en su Reseña. La tristeza acumulada en meses de ausencia, el regocijo del que viene, como desde hace incontables años a cumplir con su cita de cada Cuaresma. La tristeza del amigo cucurucho que se queda y echará de menos al foráneo. La tradición, a pesar de los kilómetros, se hace perenne…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s