el 13
con un abrazo a mis amigos dominicos….
Pasadas las cinco de la tarde del Viernes Santo 22 de abril de 2011 el cielo empezaba a llorar, el turno 12 –lleno de nuevos cargadores- conducía el hermoso mueble dominico sobre la sexta avenida entre la sexta y quinta calle a un costado de Palacio Nacional, la estrechez de la vía, provocada por la impertinente acción “urbanizadora” del la Corporación Municipal, hacia que un inusitado desorden y un amontonamiento inusual se observara en el crucero en donde el próximo turno, el 13, tomaría su orden en cargar al Señor Sepultado, frente a casa presidencial.
Yo caminaba en la fila esperando a mi sobrino, quien se estrenaba como dominico; y así fue cuando pude ver, con asombro y alegría que el turno 13 estaba conformado –entre otros- por entrañables amigos, por dominicos consumado, por cucuruchos de corazón que por asuntos que quizá ya no vale la pena comentar (pero jamás debemos olvidar), fueron desarraigados de su hermandad en el 2010… y si, allí estaban, como ilusionados aspirantes, como un hermano mas, los cucuruchos que durante años fueron responsables del esplendor dominico, allí estaban formándose con la sonrisa pintada en el rostro y el corazón henchido de satisfacción los cucuruchos del exilio que regresaban a su casa, a su procesión, con su Jesús.
Transcurrió el turno –al que yo le hubiese programado una marcha mas dominica- y la justicia empezaba a hacerse; durante la duración del 13, me puse a pensar que con esos que iban cargando allí, podían fácilmente haber organizado más de un Santo Entierro completo; trate, sin lograrlo por supuesto, hacer un recuento de los años de trabajo y amor dedicados a La hermandad que estaban concentrados en ese turno, fui mas allá e intente calcular las horas de trabajo que esos hombres de ese turno y muchos hermanos mas –hoy relegados- han invertido en el trabajo tanto procesional, organizacional y evangelizador a los pies del Señor Sepultado. La grandeza de tales situaciones me dejo abrumado y entonces me limite a contemplar la urna del dominico y a leer el rotulo que abría las andas en este 2011 “Los Cielos Proclaman su Justicia…” justicia que como dije antes empieza a suceder… el rotulo final ojala sea premonitorio “… y todos los pueblos verán su gloria…” la gloria de Dios pronto se verá en el esplendor dominico que empieza a despuntar. El cielo seguía llorando, y muchos de los cargadores tenían el alma encharcada en llanto…
Como se lo dije a un ex presidente de la Hermandad en filas, al abrazarlo y saludarlo “es un gusto verte… y verte aquí…”!!! Sea este un saludo a todos los amigos que retornaron a su cortejo, a los cucuruchos que pudieron estar de nuevo con su sepultado, a los hermanos del 13, un turno especial por su significado, pero ante todo por lo especial de las personas que en él estuvieron. No cabe duda que cada uno de ellos quiere mucho al sepultado dominico, pero está más que claro que es él, quien los ama sin límites, su justicia así lo prueba.
apreciaciones del V domingo 2011
Hay tanto por escribir acerca del pasado 5to Domingo de Cuaresma 12 de abril de 2011, podría hablar del orden o del desorden, de la emotividad de algunas marchas magistralmente ejecutadas, de la Banda en sí, del tráfico, de las alfombras, de que por momentos el cortejo parece un evento de turismo cuaresmal –necesito aclarar que esto es inevitable por la cantidad de personas que van a ver el cortejo y no por los devotos en si- podría intentar describir el adorno y su significado, decir que a mis gusto los chorritos de agua estuvieron de mas, en fin emitir aquí una serie de juicios que al final de cuentas por ser apreciaciones personales quizá no les interesen. Aquí lo que vale es lo del corazón de cada quien, ese toque íntimo que Jesús de la Caída pueda darnos en el Corazón, para nuestra conversión, todo lo demás no importa.
Así las cosas voy a referirme a un rasgo que, personalmente, creo que es muy importante En esto de la Semana Santa, y que son los amigos, los colegas cucuruchos. El cortejo de nuestro amado Jesús de San Bartolo, es (y no estoy descubriendo el agua azucarada) el que más cucuruchos de la capital congrega, lo cual ocasiona un fenómeno particular ya que, por lo menos en mi caso, hace que allá en la Antigua nos encontremos entrañables amigos cucuruchos que por diversos motivos no podemos coincidir en los cortejos de la capital, algunas veces por motivos de horario y otra más porque mientras una está en una procesión, el otro atiende sus obligaciones y responsabilidades en otro.
Así pues, para mi fue un gusto poder abrazar a mis amigos cucuruchos de acá y también poder estrechar manos antigüeñas abiertas a compartir, mas interesadas en aportar que en dividir; abrazos sinceros de colegas de filas que saben tanto de allá que uno no se cansa de escucharlos; familias antigüeñas que hacen que su casa uno la sienta como la propia, cada quinto domingo, yo renuevo amistades cuaresmales, afianzo cariños genuinos y experimento la dicha de sentirme uno mas en la fila, alguien que se siente arropado por los amigos, esos que se hacen en la penitencia de la procesión y que desembocan en la tertulia al compartir los alimentos.
Lo he dicho tantas veces, los amigos son lo mejor que me han dejado las procesiones, la dicha de mis hijos en las filas, del sobrino que se estrena en “la grande” del V Domingo, conocer a los nuevos cucuruchos que recién nacen a la vida cuaresmal, todo arropado por la inconmensurable cuaresma, es algo de lo cual no me canso de agradecer a El Nazareno.
Los amigos y la familia bastiones en la tradición y en la devoción, una amistad que se funde en morado penitente y que tiene olor a corozo, un abrazo que quiere ser eterno, para todos los cucuruchos, costaleros, penitentes y cargadores del mundo y que se materializa en ese abrazo que tuve el gusto de darle a cada uno de mis amigos en la bella Antigua…
[Las Fotos -por supuesto- no son mías; son de mi amigo Luis Toledo, que cual Zaqueo moderno, trepó a un árbol para salir al encuentro de Jesús de La Caída. Gracias Luis !!!]
en la semana santa del 2008
Sabía que ese día sería el más complicado, entendía que el sentimiento iba a traicionarlo y que las marchas lo iban a destrozar, lo había presentido desde junio pasado. En una contradicción tan evidente como inexplicable, la tarde que para él era la más esperada de todo el año, en ésta ocasión simplemente no quería que empezara e intentaba de mil maneras desesperadas –de manera inútil y absurda- diferirla; la realidad es inexorable y el tiempo no se detiene: el atardecer del Viernes Santo llegó.
Desde el almuerzo, ésta vez rápido y en una casa distinta, las evocaciones empezaron; los silencios profundos señalaban la ausencia y los detalles mínimos evidenciaban la presencia; ponerse la túnica fue intenso, aquel ropón negro le retrajo a los viernes pretéritos en que revestirse era crucial; el vacío se adueñaba de su todo y tuvo que controlar las lágrimas por décima vez en el día. El nimio inventario de enseres le recordó la forma meticulosa de ser del ausente y otra vez, en ese pequeño detalle, la presencia se hizo real.
Doce avenida y once calle. Unos minutos después de las quince horas horas de Viernes Santo. Con el corazón transido de dolor y el capirote en la mano, el cucurucho espera en la esquina al cortejo; y las mil sensaciones gratas de la calle, olor y sonido, son bálsamo al agrietado ánimo del cucurucho. Será la primera vez en muchos años en que irá solo en las filas, a pesar de sentirse acompañado y arropado por el hermano, los hijos y los amigos, éste año se siente solo. El recuerdo rebota de un lado a otro en su memoria y se estaciona en aquel feliz año, en que su padre le llevo a ver la procesión por primera vez; imágenes y reminiscencias desbordan y florecen en el inventario de Viernes Santos que se le multiplican en forma insospechada hasta el presente: miles de alfombras, muchos adornos, decenas de turnos y el recuerdo siempre indeleble de la Semana Santa en familia. La Semana Santa siempre fue instantes de costumbres y rituales familiares que la pintaban de manera única, todos sabían que siempre era lo mismo, pero igual siempre era diferente. Otra vez, en ese pequeño detalle, en esa rutinaria forma de comportase en Viernes Santo, se evidencia la presencia del ausente.
El sol de las cuatro de la tarde destella y lo trae de vuelta al presente, la lucidez acopia otra vez en su memoria las querencias de cada año, los sitios en que buscaban el encuentro con Jesús, siempre las mismas esquinas, las mismas iglesias en los oficios de cada día, los mismos sitios para comer e idénticos lugares para parquear el carro; esos momentos que a fuerza de repetición se funden en costumbres y que son inacabables. Las frases de siempre “a media cuadra, para oír marcha entera”; “del lado derecho, para ver el rostro”, “cuando pase la proce, les compro algo”; “no se muevan todavía falta la Virgen” se diluyen como eco interminable del redoble dominico que le devuelve a la realidad, al hoy, al Viernes Santo. Es el momento en que se coloca el capirote y entra a filas; y allí está, buscando sin encontrarlo, escudriñando inútilmente la fila de cucuruchos, afanándose en la peregrina idea de atisbar aunque sea por un momento la figura de su padre, que éste Viernes Santo no está en la procesión con él. El milagro sucede, ya que al tomar el brazo en el anda dominica se siente acariciado por el beso, que desde el cielo baja a la almohadilla para quedarse allí durante siete minutos y para siempre en su corazón, mientras carga el turno de una cuadra que hoy se le antoja eterno, y que lleva escrito por última vez, el nombre de su padre.
Dedicado a papá…
Luis Humberto Martínez Romero
LA SEMANA SANTA PROFANA
Vejigas, chupetes, hojuelas, algodones, juguetitos, espantasuegras, banderitas, granizadas, manías, poporopos, constituyen todo un Universo de elementos que hacen de la Semana Santa chapina, una conmemoración que a pesar de poseer una carga emotiva y espiritual muy grande, esta llena de elementos que son mundanos, que son materiales. La riqueza culinaria de nuestro país y particularmente de nuestra ciudad, se torna latente en esta época: los pescados, el bacalao, los curtidos, los garbanzos, las torrejas, son una lista limitada, pero muy representativa de esto; las ventas populares que se ubican en plazas, calles y atrios de Iglesias, ofrecen además de los platillos tradicionales mencionados, una serie de platos que satisfacen el hambre de los devotos y devotas que acompañan los cortejos o salen a su encuentro. Y que decir de los frescos: súchiles, chilacayote, piña, chian en limonada, que se constituyen en un oasis para el cucurucho y las cargadoras De los puestos tradicionales, sobresalen sin duda los churros que ofrecen toda clase de frituras a manera de golosina, despidiendo ese ocre olor a aceite tan característico y un vaho de calor que se desprende de esos puestos, repletos de papalinas, plataninas, chicharrines, poporopos etc.
La modernidad nos ha alcanzado en este sentido, y así hoy se ven que las grandes empresas ofrecen pizza, agua embotellada, aguas gaseosas, y otra serie de elementos, lo mismo debe decirse de los Hot-Dogs, que son indispensables ya en cualquier cortejo, además que se constituyen en algunos casos en proveedores de las brasas necesarias para los incensarios que aromatizan el ambiente.
Cromos de imágenes de pasión, cruces de madera, itinerarios, calenadrios, discos, dvdsy suplementos son también parte de este movimiento que se produce alrededor de una procesión; animalitos de plástico inflables, cucuruchitos de esponja, panitos de San Antonio, extraños objetos fluorescentes, guantes, madrileñas, se unen a estos elementos que aportan a la Semana Santa su matiz “profano”, que sin embargo sigue siendo lo que es … una Santa Semana.
Reseña

Echo de menos, no se imaginan cuanto, cargar al Nazareno Mercedario en su procesión de Martes Santo. La Reseña era –y lo sigue siendo- una procesión especialísima para mí. Al hecho de la familiaridad que se manejaba en filas dentro de este cortejo debo sumar la emoción de más de cinco años de alfombras para Él, que intentaban engalanar el cortejo donde Jesús camina “un poquito” y lo hace cerca de sus fieles. La dificil inscripción de hace unos años, y el “boom” de cargadores que ha hecho dificultoso el privilegio de obtener un turno no ha sido obstáculo para que yo, esa mañana soleada de todos los años, acompañe a mi Jesús durante las pocas horas del recorrido. Creo que para mí, el ciclo de Cuaresma no estaría completo sin esa peregrinación, quizá informal, pero de grandes amigos con Jesús de la Merced. En el 2011 allí estaré.
la fotografía es de Mario Noriega y esta compartida en Galería del Cucurucho: http://www.feydevocion.com/galeria/details.php?image_id=12674
la vida no se detiene… la procesión tampoco (CUENTO BREVE)
Se había cumplido el sueño… el travieso niño había cedido su lugar al inquieto adolescente; y por fin daba el alto para cargar al Señor Sepultado de Santo Domingo Fue una mañana de Viernes Santo apresurada, no quiso comer, no por un ayuno penitencial, sino porque la ansiedad le restaba apetito. Desde temprano llego a Santo Domingo. Caminó en la fila desde la salida, admirando la parafernalia dominica, que en catequética lección le mostraba el sufrir del mártir divino y se formo anticipadamente en el turno de los más bajos de estatura. La esplendorosa anda – la de Valenzuela- se aproximo y en un instante se encontraba meciendo el mueble sobre sus hombros, cargaba por vez primera al Señor Sepultado. Su padre íntimamente orgulloso seca lágrimas provocadas por la emoción y le espera al fin de la cuadra lo abraza y le dice “Dios te Bendiga” se integran a la fila pues la procesión continua… Veinticinco años más tarde, con la experiencia en las filas de procesión y en la vida acumulada, convertido en un autentico mariscal de las procesiones, nuestro devoto se apresta a cargar su turno, el vigésimo quinto año, el de las Bodas de Plata. Se aproxima el anda –maderamen dorado de amor- y una marcha matiza el vaivén del mueble que porta al Consagrado, la taciturna luz de bronceada urna centenaria ilumina a su Señor Sepultado. Al terminar el turno llegan los abrazos de sus familiares y amigos, un “Dios te Bendiga” que desde el cielo le dice su padre, que ya no esta esperándole al final de la cuadra, hace que el recuerdo se agolpe en su memoria en un instante que se antoja perpetuo, es en ese momento que nuestro amigo devoto solo atina a decirle a Jesús un GRACIAS SEÑOR !!!, hay que integrarse a la fila, generaciones de cucuruchos van y vienen, la procesión continua, la vida también….
La fotografia es cortesía de Luis Ordoñez
Contrición en Viernes
Una visita íntima al Nazareno …
Era viernes y como todos los viernes del año, estaba justo allí, en la esquina que forman la quinta calle y la once avenida de la zona uno de Guatemala de la Asunción. Había sido un día soleado sin embargo a esa hora de la tarde- el reloj de la iglesia marcaba las cinco en punto- se sentía ya el frío que se esparcía por el ambiente en los vientos de Noviembre. Estaba por cruzar la vía, el temor o mejor dicho la pesadumbre de sus culpas hicieron que la calle pareciera imperecedera y la acera de enfrente quimérica, era como si al momento de estar justo para alcanzarla se alejara unos metros más. Así las cosas por fin logro llegar a la acera oriente de la once avenida, vio hacia el norte y diviso el edificio de la policía, el antiguo convento mercedario y más allá perdiéndose en el horizonte congestionado y contaminado, el límite de la ciudad. Volvió la vista y pudo observar el nudo de motores que a esa hora se forma en el crucero del parque Colón. Alzo la mirada y el Templo Mercedario se le apareció de repente, intimidatorio, el emblema de la orden redentora de los cautivos y la fachada neo-clásica que paradójicamente guarda tesoros barrocos inigualables, se hizo enorme como queriéndolo aplastar, como tomando vida propia. Él volvió a la realidad en el momento que las palomas huéspedes sempiternos de La Merced, aletearon sobre su cabeza y en perfecta formación se posaron por segundos en el tejado de la tradicional cerería y en un circulo perfecto retomaron a las hendiduras y salientes de la iglesia. Al avanzar sobre la loza de piedra del atrio le sucedió lo mismo que al cruzar la calle, el área del atrio se ensanchaba cada vez más y se alargaba, como perpetuando en ese momento los instantes que más de una vez él había vivido y renovado en los Martes Santos, en que el Barrio florece en Reseña, como haciendo interminables los instantes en que elegantes, tradicionales y bellamente ornamentadas andas se pasean en ese lugar cada Viernes Santo, reviviendo rituales que en la memoria y el espíritu de sus hacedores consuetudinarios se concretan en madrugadas de oración y penitencia. Paso de largo las ventas de cera y comida, de maicillo y lotería; paso de largo también a los mendigos que entre bendiciones y maldiciones le solicitaron ayuda y auxilio, paso de largo… ya habría tiempo después para todo ello. Traspasó el limen de la puerta y un escalofrío de origen desconocido recorrió su cuerpo, para él esta señal física de la trascendencia de lo que hacía, le era más que familiar. Se detuvo frente al Cancel, cuidando que la inexplicable depresión el suelo, esa que esta en la entrada de la Merced, no fuera un obstáculo. Hasta ese momento se dio cuenta que estaba a punto de entrar, vio hacia abajo y observo nuevamente el escudo mercedario, en la baldosa del suelo. Entró presuroso, un saludo al santísimo y una ojeada entre curiosa y devota al altar de San Judas, la búsqueda inútil del Niño de la Demanda, que esta guarecido de los sacrílegos ladrones, le recuerda que en este país todo anda mal y que hay que cambiarlo. Continua oscilante por la fría nave derecha del templo, sabiendo ya bien lo que le espera y disfrutando de esos momentos de incertidumbre que le recuerdan lo que se vive en Semana Santa a ver aparecer las esquineras del anda de los felinos dorados en algún cruce procesional, pensaba en eso y sonreía en una cómplice alegría con el recuerdo, cuando de repente, en todo su esplendor, surge entre las flamas humeantes de los cirios que lo flanquean y enmarcado en los fulgores de luz que irradian desde su camarín, ataviado con una regia túnica verde esmeralda al igual que la piedra de su resplandor, Jesús de la Merced, el Nazareno. Rodillas en el reclinatorio y vista clavada en los ojos celestes de Jesús, los labios musitan “gracias señor por permitirme estar aquí otro viernes más” y el corazón exclama cual entretejido de tradición y devoción de un eterno y perpetuo Viernes Santo “ Perdón OH Dios Mío…..”, el alma se pierde en la devoción y el sentimiento se agiganta en la tradición, pero lo más importante es sin duda el espíritu de este anónimo devoto que intima y sinceramente sale contrito del Templo donde para los cucuruchos siempre es Viernes Santo
Otra vez lo mismo…
Domingo de Carnaval…. y como si nada, ya estamos otra vez. Dentro de escasos días la ceniza signará nuestras frentes y ésta época tan particular y especial desencadenará una serie de actividades que explotan en un crescendo que llega a su punto máximo el Viernes Santo y que termina triunfal en el domingo por excelencia, el Domingo de Resurrección. Cada año es la misma emoción del cucurucho y a la expectativa de todos los que nos involucramos en las actividades propias la Santa Semana, se vive de distinta manera, dependiendo de la devoción particular de cada uno y de las situaciones que cada quien vive. El corozo inundará las habitaciones de las casas de cucuruchos y las marchas fúnebres, las incomparables marchas guatemaltecas esparcirán sus notas de dolor, nostalgia y tradición por todos los ambientes, ya sea por las ondas etéreas de la radio o bien a gusto y gana de cada devoto a un toque de dedo en el reproductor de alta tecnología o en el play de una vieja tornamesa.
Cada año lo mismo y sin embargo cada vez diferente, vivencias nuevas, personas que retornan a nuestros vidas, ceremonias una y mil veces repetidas y muchas veces fotografiadas, archivadas perennemente en el corazón que es al final de cuentas donde cuentan este tipo de cosas. Todos los años la misma rutina, los mismos lugares para ver los mismos cortejos y (el cucurucho sabe de lo que hablo) los mismos sitios para buscar la hidratación o el alimento o bien esos minutos de descanso antes de continuar la caminata; los mismos horarios, las mismas gestiones en los mismos lugares, el mismo sitio de parqueo para dejar el vehículo, las mismas caras y las mismas marchas en las mismas cuadras; los mismos vendedores de golosinas, la misma poporopera y … lo mismo, siempre lo mismo, pero igual eternamente diferente.
El cucurucho me comprende, sabe de que le estoy hablando lo ha vivido y lo vivirá este 2011 y otros muchos años más, hasta que el Señor le diga… “Ya no mas… hasta aquí…” entonces nos falta un cucurucho en casa, o en el grupo de amigos y entonces para los cercanos parecería que las cosas serán distintas y de alguna manera lo son, sin embargo las cosas serán iguales, las ausencias se llenan con recuerdos y las cosas que cambian, de una manera inexplicable siguen igual. Esa es la grandeza de la Semana Santa en general y en particular la de Guatemala, esa manera de reinventarse sin variar la esencia y esa forma en que se nos presenta que resulta ser profundamente adictiva.
Otra vez lo mismo y otra vez diferente. Distinto y particular pues en casa un nuevo cucurucho que se estrenará en las faenas del cucurucho, otro más que empieza a dar el alto en las grandes, las patojas que se integran como dolorosas; pero igual siempre lo mismo: la familia reunida en torno a Jesús de la Merced en Viernes Santo, la interminable fila de Candelaria, bajo el sol de Jueves Santo a los pies de Cristo Rey, los amigos en las filas de San José; la esperadísima procesión del Quinto Domingo en Antigua, con Jesús de San Bartolo, colocho hermoso, el Nazareno que hincado nos enseña y pide que este año hagamos diferente la Semana Santa y nos dediquemos a hincar el alma ante la omnipotencia de Dios… al final de cuentas, amigos cucuruchos, de eso se trata todo esto.
Estampa de Domingo de Ramos
EL REY DEL UNIVERSO
Jesús de San José en Domingo de Ramos
El sol refulge en las exclusivas y bruñidas corazas y el céfiro matinal mece los penachos de los romanos vernáculos. Son las siete de la mañana y los clarines han desbordado del pórtico del Santuario Arquidiocesano del Señor San José en un Domingo de Ramos más. Los dorados atabales, ataviados con sobrias banderolas carmesíes irrumpen en el ambiente. La trompetería de la cohorte de Poncio Pilato, hace marco auditivo a la sentencia y los pasos del Vía Crucis. Las fanfarrias del hoy mas que cincuentenario escuadrón romano anuncian el inicio del majestuosos cortejo, en que se procesiona al Rey del Universo, Jesús de San José, que en soberbia anda manifiesta su presencia y la majestad de todo un monarca.
Dentro del ajustado y remozado santuario, al característico sonido de vibrante y ansioso timbre, puntualmente, los ciento catorce dilectos hombros levantan el bello y rico mueble, en donde se yergue el Protector Perpetuo de Antigua Guatemala; en anda de magistral y artística presencia desborda de ornamentación de gran contenido catequético con gusto estético singular. El turno de salida en forma amorosa y pausada conduce al soberano.
Inquieto picolo repetirá en celestial contra canto, frases musicales que traducen a vernácula expresión musical, las líneas latinas de “Mater Dolorosa”, alegorías musicales que trasmutan en el gong aparejo sonoro de relativa reciente aparición, en los acordes de “Jesús de San José” y los corazones vibran de gratitud al recibir la bendición en solemne y tradicional “Granadera”; ya en la senda pavimentada, cubierta amorosamente con tapetes de singular y efímera policromía, resuenan en los devotos tímpanos el alabado tradicional hecho marcha que nos recuerda que somos súbditos del Rey del Universo, las almas claman al cielo “Tú Reinarás”
Damas piadosas, conducen por el sendero marcado por el hijo a La Madre. “La Dolorosa de San José”, rompe el mutismo que se apodera de quienes de hinojos se postran ante Jesús, mientras el sonido de la banda mariana hace que lacrimosas pupilas se dirijan a la Reina del Domingo de Ramos. “El Llanto de la Virgen” se lía con el sollozo de permanentes filas de hermanas devotas cargadoras a lo largo de toda la procesión. Antes, como preludio de tan impar escena que se eterniza en lo ojos de quienes la avistan, castos jóvenes de ambos géneros, han condujo al discípulo amado y a María de Magdala, por el camino de amargura que recorre la Santísima, y que ellos trasladan escoltando el trono procesional de la Dolorosa.
El cortejo se disemina frugalmente por todo el itinerario señalado, el Señor es sujeto de honores que desde hace mucho tiempo se le brindan y ofrendan cada Domingo de Ramos en Guatemala de la Asunción… y así Primero Dios, será por muchos años más.
Mi Amigo Cucurucho V: Los niños y las niñas
Antes ya he escrito acerca del papel de los niños, de los sanjuaneros y de las procesiones infantiles en el desarrollo de la Cuaresma y Semana Santa en Guatemala. Yo fui un cucurucho de adolescencia, es decir salvo la ocasión en que lleve en hombros a mi querido Niño de la Demanda por primera y única vez, nunca participe en procesiones infantiles y nunca fui sanjuanero; como diría el Profesor Carlos Diaz del Cid … “de una vez a las grandes ligas”. Siempre he admirado a los niños cucuruchos, incansables, imbatibles, inquietos… son niños que prefieren el incienso, el corozo y caminar en la fila de sanjuaneros que una temporada en la playa, y no es que no les guste el mar y las vacaciones, es que –y allí está lo admirable- los niños han optado por ser cucuruchos; porque ser cargador en Guatemala, ser cucurucho mercedario, josefino, dominico o un “todo-cortejo” 4X4, es una opción que se toma en el despunte de la vida, y que cuando se asume todos sabemos que es para siempre, o mejor hasta que Él así lo disponga. 
¿Puede haber algo mas importante para una familia que el estreno de un bebe cucurucho? seguro que no. No es extraño que entre amigos cucuruchos al momento de nacer un niño en lugar de babero regalen paletinas blancas, en lugar de gorros de lana tapasoles mercedarios y por supuesto mini madrileñas para las futuras dolorosas. La escogencia de padrino o madrina es en la mayoría de los casos de hogares cucuruchos es referida a colegas de filas y compañeros de tanda; a a migos cucuruchos. Los niños hijos de cucuruchos prácticamente son mecidos en la cuna al ritmo del marcapasos, no le temen a los romanos de San José y ven con naturalidad que papá o mamá pongan en Agosto o Noviembre una marcha fúnebre. En los nacimientos de cucuruchos en pleno diciembre es común observar una mini procesión, una fila de cucuruchos o un escuadrón de romanos, y los hijos de cucuruchos lo ven como algo normal. Conozco el caso de un niño que a sus escasos 5 años podía diferenciar fácilmente imágenes, muebles procesionales, heráldica e insignias de todos los cortejos importantes de la ciudad y con suma pericia podía identificar con el nombre y en algunos casos el autor mas de una veintena de marchas fúnebres; hoy es un preadolescente que este 2011 see strenara en “las grandes”. Seguro que su precocidad de cucurucho y su temprano despertar a las faenas procesionales, no es un caso aislado y estoy seguro que los hay más sorprendentes.
Yo he visto a niños llorar por perder un turno, por no lograr inscribirse o porque papá lo quiere sacar de la fila muy pronto. Yo he visto a muchas mujeres embarazadas que sobre su vientre abultado llevan ya el turno de aspirante y realmente ese es un rasgo devocional que conmueve y mueve. Dentro un niño o una nena vibran ya al pasar la Banda mientras la futura madre llora de felicidad anticipada, imaginando la Semana Santa venidera en que ya tendrá que llevar pañalera, biberones y alimento, para el cucurucho que completa la tercera o cuarta generación de devotos que ira ese día en filas.
Mucho se dice de semilleros, de que los niños son baluartes de la tradición, y es cierto; pero hay cosas que sons insustituibles pero sin duda alguna es la mano enguantada de papá quien guía al nuevo cucurucho. Yo recuerdo muy bien, los turnos de las procesiones infantiles de mis hijos, y las ocasiones en que cargaron por primera vez en las procesiones de adultos. Hoy ellos son mas altos que yo, sus tandas van primero en la procesión de San Bartolo, resisten mas el caminar en filas que yo; se entusiasman mucho mejor de lo que yo lo hago y sufren de ese stress pre-turno que los cucuruchos padecen cuando están a punto de ir a una procesión. He cargado junto a ellos, en varias ocasiones y eso es sin duda una de las mayores felicidades que Jesús me ha regalado ir en el brazo 25,27 y 29 juntos… hasta que él así lo decida.
(para leer Mi amigo Cucurucho II El Sanjuanero AQUI)
Textos Ajenos 1: “¿Cómo se llama ésa marcha?”
Nota explicativa: Este es el inicio de una sección que intentará “plagiar” escritos de otros cucuruchos y hacer un espacio en estas Letras del Cucurucho para los textos ajenos, que me son tan propios, pues el sentimiento es único y solo lo podemos compartir de cucurucho a cucurucho. Así que les invito a que me envíen sus vivencias, anécdotas y todo lo que quieran expresar al correo que aparece en la columna derecha de este blog.
Este primer texto, que nació como un comentario en el blog es de mi amigo cucurucho Carlos Morales, quien para más señas es … Antigüeño, un enamorado de Jesús de San Bartolo, Escuelero por herencia y Josefino adoptado en la ciudad capital, dicho sea de paso , él no sabe de esta publicación; la cual hago por dos motivos: primero, porque sé que Carlos no se va a molestar por ello y que le sorprenderá; y en segundo lugar pero sobretodo, porque creo que esta prosa tiene la cualidad de decir tanto en tan pocas palabras. Les dejo pues, el primero de los “Textos Ajenos”
¿Cómo se llama ésa marcha?
Por Carlos “CUCURUCHO” Morales
” …ahhh, la humazón!!! Los primeros recuerdos que tengo (al igual que todo cucurucho antigüeño, imagino) se remonta a cuando apenas podía levantar la cabeza sobre el hombro de mi padre; es aquella vaga y difusa imagen del Nazareno, meciéndose a lo lejos entre volutas de aromático incienso.
De ese instante, y en general de ése entonces, no recuerdo el año, ni el adorno, ni la calle…, tampoco la melodía de la marcha; únicamente el “tzum! tzum!” del bombo y los platos a lo lejos; pero mi recuerdo esta tan vivo que parece que hubiese sido ayer
Alguien dirá que soy un exagerado, pues la memoria no alcanza para tanto; pero les doy mi palabra de cucurucho que es cierto!!! Claro que la remembranza es muy imprecisa, pero aún siento el mentón apoyado en ése amado hombro morado, que alguna vez se mojó con saliva de bebé, y que pese a ya no serlo, todavía me cargaba cuando me cansaba. Tiempos en que mi devoción se templo en la hoguera del hogar, calentado con el amor de la familia. Quizá es una de las principales razones por las que yo, cucurucho y antigüeño amo tanto ése humo blanco…, su aroma…, los recuerdos de mi niñez…la presencia de mi padre.
Me basta ver a Jesús de lejos entre el humazón, donde ni siquiera se distingue el adorno, sólo su inconfundible y añorada silueta, para que al instante yo vuelva a ser niño y así, entusiasmado y loco de dicha, busco la mano de mi padre para no tropezar en el empedrado y para preguntarle cómo se llama la marcha, qué turno la trae, cuanto falta para que “carguemos” y meterme bajo el anda, agarrado de su cinturón mientras recojo flores y corozo para llevarle a mi mamá….
Súbitamente mi recuerdo se interrumpe al oír una infantil vocecita que desde abajo, mientras me hala la túnica, pregunta: “Papá !!! ¿Cómo se llama ésa marcha?” Y es en ése momento, cuando aprovecho para volver a ver a mi Nazareno, envuelto en ésa mística nube blanca, iniciando la carretera de Sambartolo a la Antigua, y fingiendo que es el humo lo que irritó mis ojos, me los seco rápidamente con el dorso de mi mano enguantada y le contesto: “¡Lágrimas m’ijo…, la marcha se llama LÁGRIMAS!!”
Le tomo de la mano y caminamos, mientras la vocecita grita llena de algarabía e ilusión… un VAMOS SEÑORES!!! Que a mi, me parece eterno.“
Los cambios de la Cuaresma … (apuntes de la nostalgia)
Antes, las cosas eran diferentes. No me refiero a situaciones de hace siglos, sino de unas tres décadas atrás; el cucurucho estaba deseando retirar los pastores del nacimiento para verle la espalda al tiempo de navidad e inaugurar así su tiempo de gozo y algarabía y poner fin a esa travesía que se hace en medio de la desolación y el desierto que se abre al finalizar el sábado santo y que termina en el jubilo de un Primer Jueves de Cuaresma mas, de una procesión del Silencio que inicia todo. Hoy ese escenario es pura letra muerta. Porque Semana Santa es todo el año. Algunos cucuruchos dicen que es mejor, sí; que en junio leemos algún libro del tema, que en agosto vemos la entrada en San Felipe en la computadora y que basta un botón para que un DVD nos llene de magia, recuerdo y añoranza; hoy tenemos ventaja, hasta al cucurucho exiliado se le permite que la nube de incienso llegue a Nueva Jersey o a California, a Atenas o Berlín y que repita el paso de su Jesús predilecto o de su Dolorosa consentida por las calles de su ciudad y todo ello se pueda vivir en banda ancha en cualquier lugar del mundo.
Pero no todo beneficio es gratis. Por eternizar la Semana Santa hemos pagado un precio que creo, es alto; es justo lo que cuesta aquellas sacudidas del alma que
sentía el niño cuando empezaban las clases y se acercaba el momento de encontrar el incensario, orear la túnica y bajar ruedos en las mangas, para ajustar el crecimiento que en esa época es irreversible. Esa emoción de esas vivencias ancestrales, no tiene precio ni puede cuantificarse en parámetros de avance y modernidad
Es enero. Hace frío. Como siempre y desde siempre. Antes, llegar al miércoles de ceniza y mucho mas hasta el Domingo de Ramos, era eterno. Los días eran una especie de túnel interminable, una perpetuidad que nos agobiaba el alma pero podía aliviarse y para eso vivían los tesoros que se guardaban en lo alto del closet o del viejo ropero. Allí estaban, en cuidadoso y meticuloso orden, sus turnos, sus recuerdos, sus vivencias, mil tesoros arrancados de la nostalgia y conservados con el cariño sincero a sus imágenes; emoción creciente al acercarse el gran día ya que la cuaresma era la oportunidad de aumentar la colección. Los viejos discos de acetato y los cassetes de los conciertos dominicos eran puestos en el reproductor y se oían gloriosos a todo volumen, ante la mirada severa pero condescendiente de mamá o de papa.
Las cosas han cambiado, no sé si para bien o para mal, ese escrutinio está reservado al juicio del tiempo, ese que no cambia y que sigue siendo el mismo, aunque nosotros lo calibremos diferente en este ir y venir vertiginosos de la vida de hoy. Sí, ahora es Cuaresma todo el año. Inscripciones en línea y desde
octubre, a cambio de la cola de inscripción fraternal, emocionante y entrañable y sobre todo exclusiva de los domingos de Cuaresma; información a un click de la pantalla, a cambio de la lectura pausada e inquietante de los pregones en los canceles antañones de los templos. Sí, ahora es Cuaresma todo el año. Un pulsar del reproductor y la colección inacabable de marchas en formato digital esta lista para ser disfrutada y compartida con los amigos. Sí, ahora es Cuaresma todo el año. Días que se disfrazan de morado y de negro para derramarse a lo largo de todos los meses, a gusto y gana del cucurucho; salpicando de vivencias, de imágenes y de recuerdos, pero que no perfuman tanto como aquel tiempo condensado en cuarenta y mas días vertiginosos, que al reventar en nuestro cortejo predilecto hacía saltar las barreras que ponían límite al gozo.
Esos años, ya no volverán; hoy todo ha cambiado. Los cambios son irremediables, y sin duda positivos, pero todos tenemos derecho a un poquito de añoranza, a pretender que todo debió quedarse igual. Yo me beneficio de la tecnología y de los avances en los cortejos y en la Cuaresma como un todo, escribo este blog en una computadora y el disco duro de la misma está lleno de fotos, letras y marchas; me aprovecho de los avances y la tecnología, pero igual a veces me ataca la nostalgia y cuando eso me sucede, el recuerdo se impone. Que mala suerte que no podamos encontrarnos de nuevo
con ese tiempo en que aun usaba túnicas de satín, con ruedos altos para prevenir el crecimiento de los noveles cucuruchos, es una lástima que no podamos reencontrarnos ese muchacho inquieto que añoraba una procesión como nada mas en la vida y que tímido y casi loco buscaba en los pliegues de la paletina guardada en el cajón izquierdo, el rastro eterno de la nube de incienso que lo cubrió el Viernes Santo pasado.
1131 (Jesús de San Bartolo)
Noviembre, Domingo 28; brisa fría y un despertar diferente para el primer domingo de adviento de 2010; el amanecer me sorprende con “Santo Entierro” de Felipe Blanco y la carretera que se muestra complaciente y amable. Los cuarenta y tantos kilómetros desde casa hasta la pequeña aldea, se hacen raudos; escaso tráfico, un tibio sol que parece empeñado en suavizar de a poco el ambiente frío de estos meses y las marchas en el equipo del vehículo en donde seis devotos se proponen obtener el derecho y acercarse al privilegio de llevar en hombros, en un Quinto Domingo de Cuaresma mas. Una cola corta, las caras conocidas de siempre, los amigos de fila y los tres o cuatro auténticos abrazos de cucurucho nos dieron la bienvenida a la plazuela de pequeño templo de San Bartolomé Becerra. Un proceso de inscripción que me anuncia que por algún devenir cibernético yo soy el devoto 1131 de Jesús de la Caída, de mí amado colocho de Sambartolo. Después de una visita al templo y una oración de agradecimiento por la deferencia de permitirme seguir siendo su cargador, el exterior del templo nos ofrece un refrigerio mixto (ya que la combinación inédita de un pan con pollo de velación y una vaso de ponche de frutas navideño, no es muy común), da por finalizado el viaje devocional –así debe ser visto- para inscribirnos para la procesión.
El recibo con múltiples recomendaciones y avisos es guardado con celo, y una vez en casa pasa a engrosar la “cajita de las contraseñas”, esa que guarda como el tesoro que son, los carnets, contraseñas y boletas que me facilitan el inscribirme en cada cortejo. Hoy que sé que soy el cucurucho 1131… mi angustia de “cucurucho no inscrito” cede y duermo más tranquilo, se que –si Él no dispone otra cosa- allí estaré, esperándolo a él, desde muy temprano en el año 2011; para acompañarlo hasta su retorno al templo que lo cobija y guarda.
Otra cosa… una noticia buena… uno de los nuestros, ya es de los tuyos, el aspirante de hace 11 años, el sobrino pequeño, el primo cucurucho de mis hijos, ha dado el alto mínimo… otra bendición mas …
Nos vemos en Antigua !!!!!!!!!!!!!!!!!
Mi Amigo Cucurucho III. El Melómano
Es agosto y el despertador anuncia un nuevo día al compás de “Sudor de Sangre”, una sonrisa se pinta en la cara del cucurucho melómano, aquel que buena parte de su afición por las prácticas cuaresmales se basa en la música propia de las mismas. Para este ejemplar de la fauna cucurucha, no hay día ni hora para escuchar las marchas, el goce estético que le produce la audición de cada marcha se extiende a ese estado de casi trance que vive cuando una marcha suena y su memoria y su recuerdo retumban como bombo en el cerebro, dibujando para sí mismo aquel momento, de aquel cortejo, en que en esa calle, sonó “El Penitente” de Pedro Donis.
El cucurucho melómano, es coleccionista por naturaleza, posee diez interpretaciones de “Mater Dolorosa” y en cada una de ellas, el sentido e inspiración de Julia Quiñonez, difiere según la época de la grabación, el carácter que el director de la banda le imprime y la disposición del ingeniero de sonido quien ajusta a su gusto los registros de la Banda. Tiene además, debidamente archivados los programas de marchas de los cortejos en los que ha cargado y no descansa hasta conseguirlo en caso de que por error o una omisión, para él imperdonable, si al momento de recibir su turno, no le hacen entrega del programa. Además cualquier oportunidad para adjuntar a su colección programas antiguos es aprovechada y le distrae y place, recordar sus turnos de cuaresmas pasadas, en base a la marcha con la cual le toco cargar.
MI amigo, el amante de marchas, dispone de su participación en las procesiones en base a lar marchas, conozco a muchos que difieren la salida de filas a tomar agua o alimentos, cuando esta próxima a sonar una de sus marchas favoritas; el sitio en que va en la fila es atrás, allí después del anda de Jesús y cerquita de la Banda, disfruta de cada una de las interpretaciones y muchas veces se debe contener para no aplaudir, cuando la maestría en la ejecución es manifiesta; está atento al programa, a las indicaciones del director, a las llamadas de atención de los encargados de la banda, casi casi se siente un miembro más del conjunto musical, aunque no sepa interpretar instrumento alguno . Es aquel devoto que no se pierde la subida de Jesús de La Parroquia en la Primera calle de la zona uno, donde desde la 10 avenida, hasta la 8avenida, Jesús bendice a sus devotos con el compás de “El Duelo de la Patria”, turnazo de casi 15 minutos de duración que es para él, uno de los momentos cumbres de la Semana Santa. Cumbre es también, por ejemplo el cruce del anda dominica en la octava calle sobre la séptima avenida rumbo al norte, en donde “La Sangre de Cristo” resuena; el paso de Jesús de Candelaria por el Palacio Nacional, al compás de la hermosísima e incomparable “Una Lágrima” de Manuel Moraga; disfruta además de “Señor de La Merced”, en plena madrugada, cuando el turno que pasea al Patrón Jurado por el atrio de su templo. Nunca falta a las Salidas de la Recolección, para deleitarse con las obras de Murcia; sin duda el padre Miguel, es uno de los grandes de las marchas fúnebres; otro momento importante es el mini-concierto que es la salida y entrada de La Reseña; “La Reseña” de Mónico De León; “A los pies del Maestro” del maestro Lara y “Señor de La Merced” de Salvador Iriarte, hacen vibrar la bóveda mercedaria, desde hace varios años cada Martes Santo. Y así momentos memorables, tantos como gusto de cucurucho hay.
El melómano, es y ya lo dije, un coleccionista… tiene acetatos de marchas, de ellos destacan sus más preciadas joyas: los 2 ejemplares de Calvario, El mítico Disco de Oro de la Merced, y el sobresaliente álbum doble “Consagración” editado y producido por Santo Domingo; tiene además, en perfecto estado de conservación, la colección de los cassetes de los conciertos dominicos, aparte de dos cassetes que para él son invaluables, los editados por la Hermandad Mercedaria de la Antigua, en los que las marchas se aderezan con la voz inolvidable del insustituible Julio García Córdova. Luego los Cd´s, muchos de ellos, los que edita cada año la Asociación Josefina, la magnífica y lamentablemente suspendida colección de la Parroquia, los tres álbumes dobles de Santo Domingo (el azul, el amarillo y el café), los que edita la Asociación de Candelaria, los de los conciertos de San Bartolo; los Stábat Mater de la hermandad de Dolores de la Recolección. El amigo cucurucho melómano, sabe que muchas de las marchas se repiten en varios discos y distintas grabaciones, pero eso no importa, pues las marchas nunca suenan igual, siempre y a pesar de ser las mismas, dicen cosas diferentes y de distinta manera. En la colección aparecen también los discos que se incluyen el ya famoso “Calendario del Cucurucho” que tienen recopilaciones de distintas grabaciones de diferentes marchas, por allí están también los discos de marchas fúnebres en marimba, que no escucha mucho, casi nada, pues no son de su particular agrado, pero que las posee y colecciona como gestiones innovadoras a las marchas aunque no comparta mucho esa diversificación.
El cucurucho, ha inundado su reproductor de mp3 con todas sus marchas, para tenerlas a mano, para pasársela a otros cucuruchos, tiene como tono de llamada la marcha preferida de cada uno de sus amigos cucuruchos de manera personalizada y su back tone, “Ramito de Olivo”. En el trabajo algunos gigas de memoria de su computadora están ocupados por sus marchas, esas que escucha a la hora del almuerzo, con los audífonos puestos y el corazón transportado a las calles, oliendo incienso y corozo y “viendo” una anda mecerse a la lejanía.
El cucurucho melómano, como principio, no compra piratería del material; sabe que hacerlo es ir quitando poco a poco la iniciativa de grabación que las hermandades tienen, recurre a la copia de algún ejemplar, solamente cuando este es inexistente y no hay otra manera de conseguirlo.
El cucurucho melómano, clasifica sus marchas según su gusto particular y tiene una lista de reproducción de su top10 por ejemplo; sin embargo posee también clasificaciones según la imagen a la que están dedicadas, por su autor, por su origen; tiene registro de cuando han sido estrenadas algunas de las marchas y posee como complemento a su colección los libros y folletos que se han editado con relación a este tema. Para él las marchas son muy importantes, pero no es fundamental en su devoción y fé, que tienen otras raíces; para él la marcha solo adquiere trascendencia cuando “dice algo” al cucurucho, cuando se convierte en alabanza y cuando es el complemento perfecto a esos minutos de oración y meditación que es un turno. Dentro de esa clasificación, no es raro encontrar una carpeta que se llame “marchas cantadas” y otra que se denomina “redobles”, en esta ultima van todos los redobles de la Semana Santa y por supuesto el tzicolaj y tambor.
Así es el cucurucho melómano, todos somos un poco de él y todos conocemos alguien que es el “master” en marchas, aquel cucurucho que con solo unos compases identifica la marcha, que sabe quien dirige cada banda en cada cortejo y que durante el año está pendiente de las transacciones que se dan, como si fuese un mercado al estilo de las mejores ligas de futbol del mundo, en cuanto a los cambios de bandas. “¿ya sabes que Wilver no va en la reco…? ¿te enteraste que Gómez ya no va a salir el Quinto Domingo en San Bartolo? ¿ Sabés que Pirir ya está en el Calvario….? Podrían ser algunas de las frases y preguntas que al mejor estilo de noticias pueda enviarnos por mail o platicarnos por teléfono nuestro amigo melómano.
Lo escribí al inicio y lo repito ahora: no importa que día sea, ni que época del año viva; las marchas suenan en casa del cucurucho, cuando llega del trabajo y necesita relajarse; cuando termina de comer y hay sobremesa cuaresmal; cuando se reúne con los amigos a ver fotos e intercambiar anécdotas; cuando está solo y triste o cuando esta feliz; cuando el niño no se duerme y lo mece al compás de “La Fosa” hasta que el infante se queda dormido; cuando va de viaje de negocios y sabe que va a estar solitario en un cuarto de hotel; cuando maneja durante horas…
El gusto por las marchas fúnebres, es para algunos inacabable; para mi amigo el cucurucho melómano, va mas allá de un gusto, de una afición; es algo indescriptible, algo que conjuga el placer del arte con la profundidad de la devoción.
Yo no conozco nada igual, seguramente ustedes amables lectores… tampoco
SALIDA -Jesús de La Merced-
La ansiedad le gana al cansancio y el cucurucho citadino no logra dormir –aunque sabe que debe hacerlo- viviendo un estado de duermevela característico y peculiar; aunque el cuerpo clama por un descanso el espíritu no se da tregua en Semana Santa y así de un salto, nuestro personaje –el cucurucho- se enfunda en la morada túnico y se engarza la negra paletina, para la cita indefectible de cada año, en el momento mas esperado de toda la Cuaresma: el momento en que Señor Peque!! rasga armoniosamente el manto de la oscura madrugada y Jesús de La Merced, inicia el Camino al Gólgota. Las rodillas en el suelo, la mirada clavada en las piedras del antañon atrio, y una oración que agradece por el instante que se ha vivido y que suplica por la licencia de otro año mas… para seguirte Señor. El sereno de la madrugada rocía su frescura sobre las calles vestidas de alfombra, y el sol espera paciente su turno para ser actor secundario en esta conmemoración del drama del Calvario, en que el protagonista es Él, Jesús de la Merced.
Humo Blanco
El fragante humo blanco del incienso es sin duda un elemento indispensable para las funciones propias de la Cuaresma y Semana Santa en nuestra tierra, ya que aunque se utiliza durante todo el año en diversas ceremonias, es en ésta época en la que adquiere un papel diríamos protagónico. En la antigüedad las raíces de su uso son variadas ya que era empleado con propósitos profanos para combatir la languidez o fatiga producida por el excesivo calor, tal como se utilizan los perfumes ahora, de hecho en la antigüedad el incienso era utilizado para aromatizar los ambientes que eran contaminados debido a los malos olores provocados por las precarias medidas sanitarias existentes. Para lo que nos ocupa hay que indicar que no es fácil precisar cuando exactamente se introdujo el incienso en los servicios religiosos de la Iglesia. No existe evidencia confiable en las primeras cuatro décadas de cristianismo. Sin embargo, su uso común en el Templo y las referencias que se hacen de él en el Nuevo Testamento (San Lucas, I, 10; Apocalipsis, VIII, 3-5) sugerirían una relativa temprana familiaridad con el culto Cristiano. Por otra parte el uso de esencias aromáticas –entre ellas el incienso- es común y extendido en las religiones orientales y en los credos de base en la filosofía hindú y china; moda que se ha importado desde esas regiones a occidente, provocando una moda de olores, fragancias y aromaterapias, que poco o nada tienen que ver con nosotros y nuestra fe
En nuestros tiempos y desde hace siglos, la Iglesia Occidental utiliza el incienso en las Misas solemnes, bendiciones solemnes, funciones y procesiones, oficios corales y en las absoluciones de los difuntos. En estas ocasiones las personas, lugares, y cosas tales como las reliquias de Cristo y de los Santos, crucifijo, altar, libro de los Evangelios, féretros, restos, sepultura, andas, doseles, palios, etc. Se inciensan, con profusamente. El incienso, al ser utilizado, comúnmente se usa por quema directa, sobre fuego o brasas y en otras ocasiones se consume por calor que se aplica de manera indirecta por medio de metales o cristales. Sin embargo, como dato curioso y referencial, existen dos casos donde el incienso no se consume, estos eventos se materializan en los granos colocados en el Cirio Pascual y los granos colocados en el sepulcro de los altares consagrados. Durante la Misa, el incienso que se quemará para purificar el altar, generalmente se bendice antes de ser utilizado. El Incienso, con su perfume dulce y el humo blanco que asciende es típico de las oraciones tanto del rito latino como del griego, plegarias que se avivan en el corazón por el fuego del amor de Dios y exhalan la fragancia de Cristo, que se eleva haciendo dignas y agradables las ofrendas a Sus ojos
Para el cucurucho el incienso es fundamental, imprescindible y básico. Conozco varios obsesos por el humo blanco. Debo reconocer que me debo contar entre ellos, confieso pertenecer a esos seres que suspiran por el característico olor, aroma penetrante y profundamente dulzón, pero sobre todo ser cautivo del efluvio capaz de despertar la nostalgia de una semana santa pasada, acentuar el futuro de las que están por suceder y sobre todo hacer levitar las oraciones hechas fumarolas de espeso y espiritual humo blanco, ese que surge lentamente de vetustos incensarios de latón que repletos de vernáculo carbón vegetal llevado a la combustión por medio de purificador fuego, se ve convertido así en la cuna ideal para que los hidrocarburos aromáticos policíclicos, nos hagan respirar cuaresma.
Esos varios amantes del humo blanco –cucuruchos todos- a quienes me referí antes, tienen sus ceremonias personales con relación al incienso y quienes de ellos se precian de ser ahumadores profesionales tienen sus propias recetas para disponerlo y es que hay diversidad de tipos de incienso como existen mucha formas y maneras de prepararlo para el cortejo. He escuchado distintas fórmulas y recetas, que van desde agregar azúcar morena en dos partes por cada diez de incienso hasta la mirra en “volcancito” que una vez deshecha se agrega en proporción de una medida por cada libra de incienso blanco; pasando por quienes le agregan un par de clavos de olor y una raja de canela mediana a cada libra, eso sí todo bien molido y perfectamente disuelto en la mezcla. El laurel es también una forma de aromatizar diferente, el problema es que oscurece el humo y si se pone mucho, oculta totalmente el olor a incienso. Hay quienes introducen tantas cosas y procesan tanto la mezcla que el producto es una mezcolanza amelcochada que sin embargo produce aromas mágicos y profuso humo. El carbón es otro asunto, nunca debe estar hecho pedacitos, ni tampoco debe ser colocado en trozos grandes, sino que en trozos medianos, de textura no muy porosa y que éste totalmente seco, aparte de esas consideraciones debe tenerse en cuenta que el fuego debe provocarse con el tradicional ocote y evitar el uso de componentes inflamables químicos quizá más efectivos pero que adulteran el aroma de la esencia. No hay peor cosa que un incensario, que por inexperiencia o simple descuido, produce humo pero no aroma, que exhala simple olor a humo; esto ocasiona una molesta nube que contrario a los fines y objetivos del ahumador, en lugar de llamar a la meditación y de sacralizar el ambiente, provoca incomodidad y malestar a quienes acompañan las andas y sobre todo a quienes desde la acera las contemplan y veneran. En Guatemala, son los antigueños quienes particularmente se enorgullecen, con sobrada y justificada razón, de la cantidad y calidad de humo que llevan sus cortejos. Quien ha contemplado tal situación debe coincidir en que es un hecho aparte, un suceso memorable, una ceremonia especial, una ocasión para el recuerdo el poder ver al desfile de hermanos que armados de tenazas, carbón, sopladores y muchas cosas más, van llenando el ambiente de esa particular fragancia
Así pues que a disfrutar del humo… Hermanos de faena procesional, dispongámonos a aspirar los efluvios que se desprenden de esos pebeteros que mecidos con amor y dedicación, preparan el ambiente para el paso de Jesús y de nuestra Madre. Es por ello que es mi deseo y súplica al Nazareno que cada incensario sea motivo de gozo y algarabía de nosotros los cucuruchos y de las devotas. Que nuestra oración llegue al Padre Bueno, en medio de esa espiral de humo blanco y que como éste, nuestra plegaria llegue al cielo. Que el efecto purificador del fuego sea real en nuestra vida y que Cristo Jesús que hace todas las cosas nuevas, nos convierta en los hijos que Él desea tener.
Mi amigo cucurucho. El veterano.
Cada marzo tu casa olía a corozo; así desde siempre. El viejo tocadiscos esparcía por el amplio corredor y las estancias espaciosas y señoriales las notas de las marchas fúnebres en los novedosos discos de vinilo que recién se estrenaban en el ambiente. Tú recuerdas son nostalgia los cortejos cortos, de algunas horas nada mas, echas de menos la solemnidad, el respeto que hasta los escasos vendedores tenían por los días de Semana Santa. Recuerdas el anda de catorce brazos de La Reseña, cuando Jesús de la Merced salía a las diez de la mañana y volvía solo dos horas después, el anda sobria y ataviada únicamente por una cortina de seda con fino encaje; recuerdas a Jesús de Candelaria, subiendo como lo hace ahora todavía la quinta calle, solo que antes dicho paso era tan solo tiempo después de su salida del templo y hoy sucede cuando se van a cumplir casi seis horas de itinerario. Tú mi cucurucho veterano, has sido testigo de tantas y tantas cosas.
Tú eterno enamorado de la mirada del nazareno recoleto, me contabas que Viste a Jesús del Consuelo salir a las cinco de la tarde, quizá en un extraviado Martes Santo; estuviste allí cuando la procesión cambio a Sábado de Ramos, hoy llamado Sábado del Consuelo, y viste el adelanto de su salida a las dos de la tarde y luego a las once de la mañana, como sucede hoy, alguna vez me dijiste que no te extrañaría que la salida se anticipara hasta las primeras horas de la mañana, debido a la trascendencia que esta procesión tiene ya entre los devotos. Con nostalgia ves las fotos que muestran a Jesús, con canelones y túnica bordada, lo ves tan guapo y elegante como hoy, con su cabellera ondulada, su túnica lisa y su manto.
Otro de tus amores es el Nazareno de Zúñiga, el hermoso Patrón Jurado de la Ciudad, me contabas la otra mañana de Viernes Santo que recuerdas con cariño la salida de Jesús de La Merced, primero a las diez de la mañana y luego en los vertiginosos años del boom de las procesiones desde las ocho de la mañana, las seis, las cinco hasta llegar a las cuatro de la mañana, sin contar el año en que desde el primer minuto del Viernes Santo ya Señor Peque!! Había sonado. Me decías justamente este año, que vas en desproporción mientras mas temprano sale Jesús, mas te cuesta llegar a su salida, pero igual no has faltado a ninguna y no piensas hacerlo a estas alturas.
Me cuentas que fuiste testigo de casi todas las consagraciones, te perdiste por obvias razones de temporalidad la de Jesús de la Merced y eras apenas un niño cuando el oleo consagratorio fue aplicado a Cristo Rey, pero de allí en más: Jesús del Rescate, El Sepultado Dominico, de Jesús de San José, Las Soledades de Viernes Santo, Jesús de San Bartolo, Jesús del Consuelo, El Yacente del Calvario; en fin fuiste privilegiado y conociste de casi todos los actos consagratorios. Me decías que todavía no terminas de entender la explosión de consagraciones de la última década, no es que las imágenes tengan categorías, sino que la devoción no se mide –me decías- por la antigüedad, la consagración, el número de cargadores o la calidad de la banda, sino que es un asunto tan personal como inexplicable y que por eso, crees que la consagración no le pone nada extra a una imagen. Tienes tanta razón como experiencia.
Aparte de ello tu curriculum de cucurucho veterano te acredita como testigo del conato de incendio que puso en peligro al Señor de los Milagros, en el crucero del Parque Colon, del aparecimiento de los Romanos en San José, del nuevo Vía-Crucis del mismo cortejo, de los pasos los españoles y los nuevos de Santo Domingo; viajaste Con Jesús de Candelaria a la Antigua, con tu Señor Sepultado a la misma ciudad; te sorprendiste cuando Jesús de Candelaria salió en la parte delantera del anda, experimentaste el cargar en un turno penitencial dominico en la fila central debajo del anda, muy cerca de Jesús, solo él y tú; me admire y experimente una sana vanidad con la artesanal pero hermosa anda Dominica de Valenzuela, la incrustada única en su género; viste con asombro las chispas que brotaron de la cantonera superior de la Cruz de Jesús de la Merced, a quien viste rejuvenecerse con su restauración, quedando con una palidez que destaca su sufrimiento, atestiguaste el surgimiento de los Caballeros del Señor Sepultado, viste estrenar uniforme a los palestinos de Candelaria; me cuentas de los innumerables aguaceros, especialmente de Jueves y Viernes Santo y aquel memorable de Miércoles Santo –vaya si llovió-, al que agregas ya el diluvio del 2010; viviste Semanas Santas frías y con viento, y todas, absolutamente las recuerdas con nostalgia y alegría.
Y es que eso es lo más importante, la alegría de ser cucurucho, la convicción de optar por una opción en la vida como lo es convertirte desde joven y hasta la muerte en un Cirineo del Señor, en un cucurucho, simplemente un cucurucho que sabe y entiende que la historia continua, que la cuaresma es eterna y la Semana Santa inacabable y que estos retazos y recuerdos que únicamente la memoria de un cargador puede archivar, serán una simple gota en este océano de vivencias que envuelven y enmarcan esta conmemoración, Semanas Santas vendrán, en las cuales tú ya no estarás presente, en que las cosas hayan cambiado y lo más importante entonces será que siempre habrá alguien que a su manera y con sus propias pupilas, eternice sus recuerdos y sus anécdotas; como las vio tu padre, como las vivió tu abuelo; atesoradas en el corazón de una madre que esta pronta desde siempre y para siempre en tener la túnica lista y el capirote planchado; con el cariño de una abuela que enternecida cose la primera paletina para el nieto que se estrena como cucurucho … Mi amigo cucurucho, mariscal de las filas, patriarca de penitentes, tú sabes cuanto de admiro, todo lo que ansío poder seguir tu huella, ser un cucurucho tal y como tú con tu ejemplo me has enseñado a ser, cucuruchos de cepa y de corazón… quiera el Nazareno que entre ellos pueda contarme yo, mis hijos y mis nietos para que la tradición viva, ya que al final de cuentas eso –tú me lo has dicho tantas veces- es lo más importante.
Nutriendo el Alma (cuento)
(una historia como tantas…)
Escogió el traje oscuro, el mejor que tenía y la sobria nueva corbata, la cita así lo merecía. Se dirigió al trabajo, era Martes Santo y esperaba con ansias que llegara su hora de almuerzo, a las 11:30 salió rumbo a La Merced. En la oficina todos extrañaron que saliera tan temprano a comer. “Gracias a Dios –pensó- la oficina esta cerca”. Va apresurado, así que sudoroso y agitado por la carrera, logró colocarse en la fila derecha del turno que le correspondía, era el último antes de las comisiones de entrada. Sonó el timbre y cumplió con su cita de media cuadra de todos los años, con el Nazareno de sus amores. Sin tiempo para contemplar alfombras o disfrutar de las marchas, ingresó a la iglesia y observó la entrada del Señor de la Merced. Pletórico de flores, envuelto en incienso, mecido por el amor de sus fieles, el bello Nazareno lenta y pausadamente, más lento que a paso lento, entra a su templo. A lo largo de la nave central de la Iglesia Mercedaria, los fieles se ubican en contemplativa actitud, oraciones se elevan al cielo y las lágrimas inundan ojos sin discriminar género o edad. Nuestro amigo cargador disfruta de“Señor de la Merced” se embelesa con “A los pies del Maestro” y enjuga su llanto derramado de forma tímida e íntima, con los acordes de “La Reseña”. Todo termina en un Martes Santo más de la historia inacabable de Cuaresma en Guatemala de la Asunción, ciudad que ha sido bendecida una vez mas por su Patrón Jurado. Nuestro amigo devoto, vuelve a emprender la carrera, ahora de vuelta para llegar a tiempo de nuevo al trabajo. Lo logra. Entonces recuerda que no ha comido, el almuerzo nunca existió, pero no le importa, su espíritu esta lleno y su alma satisfecha, al final de cuentas “No solo de pan vive el hombre…”
nostalgia
Las jacarandas han cubierto el negro y calcinado asfalto citadino y los vehículos deshacen una y otra vez esa alfombra natural que ayer ornamento la calle. Es lunes de pascua y la modorra del cucurucho se manifiesta con ese tenue aroma dulzón -hoy ya nostálgico- del corozo, quizá con los ecos de una marcha fúnebre, seguramente con la insensatez que provoca el querer acortar el tiempo y pretender hacer eterna aquella semana. Es inútil. La tristeza ocasionada por la lejanía de lo que tanto se espera y la ansiedad a todas luces obvia, hacen que aquel devoto busque, de manera refleja y casi inconsciente, en un almanaque la ansiada fecha… miércoles de ceniza.
dias cortos
¿Acaso soy solo yo quien siente que las semanas avanzan más rápido? La vorágine de la vida diaria, el corre corre de todas las mañanas, ese apresuramiento ficticio de la vida inventa la noción de que los días pasan mas de prisa y que la cuaresma ya no es tan larga como antes. Como si nada ya estamos a las puertas de un Quinto Domingo de Cuaresma mas y Jesús de San Bartolo nos espera en la cita infaltable de cada año; en solo nueve días estaremos recogiendo turnos y en doce será Miércoles Santo, pronto el almanaque señalará dos de abril y el luto cubrirá la ciudad en un anhelado Viernes Santo. En escasas dos semanas celebraremos la Pascua de Jesús, fundamento de nuestra fe; y todo ello, así de rápido. Es por esa circunstancia que debemos aprovechar cada día y cada hora de lo que queda de cuaresma, semana santa y el triduo pascual, para disfrutar de las procesiones, velaciones y demás actos de piedad popular de esos días que restan; para participar activamente en los actos litúrgicos de nuestra parroquia; para hacer alguna obra de caridad y mortificar en algo nuestro cuerpo con algún ayuno o abstinencia; para intentar ser un poco mejor cada día; para perdonar a quienes nos han ofendido; para vivir la plenitud de la luz de un Cristo Vivo.
El tiempo transcurre raudamente y debemos aprovecharlo. Este ir y venir vertiginoso de los días próximos no deben separarnos de la esencia de todo esto que es la Pascua; mientras tanto hay que organizarse, hay que hacer espacio para la quietud y el silencio en un ambiente propicio de oración, estoy seguro que será difícil, para los cucuruchos es muy complicado eso de recogerse espiritualmente, pero también es innegable que al mismo tiempo es absolutamente necesario…
fila de a dos…
No me refiero aquí a la exigencia –a veces inmoderada y abusiva- de los inspectores de filas con relación a que debe caminarse “de uno”, que “no hagamos grupos”, que “caminemos y avancemos hermanos”… en fin, no voy a describir esos momentos (que sin duda dan pie a otro post) sino al hecho que cada cucurucho lleva consigo y a la par, a veces uno o dos devotos mas, devoción etérea que se manifiesta en el recuerdo de los cucurucho que ya no están. Todos extrañan a un padre, a un abuelo, a un hermano o hermana; muchos cucuruchos tratan de conservar la paletina blanca lo mejor posible, pues esa prenda fue confeccionada por su madre, justo el año en que aquella murió; se de hijos que conservan los turnos de su padre y que los cargan en su nombre, conozco a un cargador –tremendo cucurucho- que solo llegan a hacer su turno y se retira, pues no toleran la ausencia del hermano fallecido, y no pueden caminar en filas sin desarmarse en llanto.
Es muy interesante la forma en que estás fechas, en cada día de la Cuaresma y Semana Santa según el caso, se renueva la presencia de los grandes devotos en cada cortejo; en primer término habría que mencionar que para cada uno de nosotros el mejor cucurucho de todos es el que nos llevo de la mano a nuestra primera procesión… quizá papá, quizá el abuelo, el tío, a lo mejor nuestra madre o nuestro hermano mayor; así que cuando éste cucurucho incitador ya no está, nos sentimos” huérfanos” y es entonces donde nos agarramos a los recuerdos, nos apretamos el alma y hacemos nuestra fila de a dos, nos acompañamos con la nostalgia y retrocedemos a unos años atrás.
Esa es la fila de a dos a la que me refiero, ¿Quién no ha hecho ese ejercicio de imaginar, retroceder en el tiempo y disfrutar del recuerdo? El cucurucho es esclavo de los sentidos, necesita ver, oir , oler, palpar y gustar su semana santa; creo que a todo ello debemos decir que el cargador, el cucurucho de verdad, el que comparte el corazón del cucurucho con sus compañeros de filas, necesita como asunto irrenunciable el recordar… La nostalgia es sin duda el sexto sentido del cucurucho, es allí donde se forja la devoción y en donde iluminados por nuestros mayores logramos entender la trascendencia de lo que hacemos, sin eso, creo es muy difícil, casi imposible.
Así que a usted cucurucho que me lee, cuando este en el cortejo de la imagen de su devoción y le ataque la nostalgia, no se sienta solo… créame que todos llevamos el recuerdo encima, que todos nos acompañamos de nuestro particular cucurucho estrella, que todos vamos en la fila… caminando de a dos.
Primera Vez…
La cuaresma llego a mí de manera doble. Fue en 1980, cuando tenía muchos menos años que hoy…cuando en mi querido Colegio de Infantes (entonces bajo la dirección del Padre Cristóbal Ramírez), se presento la oportunidad de cargar al Niño Jesús Nazareno de La Demanda, al que mis hijos desde siempre llaman “el nene Jesús” y por si aquello fuese poco la oportunidad de hacer alfombra, es decir un doble play de primeras veces.
Recuerdo bien el diseño de la alfombra… un fondo de aserrín de color natural, unas esquineras verdes y rojas… a las orillas una greca sencilla verde… a cada tramo un rosetón rojo y al centro un águila bicéfala cuyo cuerpo central unía al emblema mercedario y el escudo del colegio. Lamento no tener alguna fotografía, pero la imagen está impresa en mi cabeza y corazón. La preparación del material para la alfombra se desarrolló en las aulas a medio construir del bicentenario centro educativo y fue –lo recuerdo muy bien- el Viernes de Dolores que nos dimos a la tarea de teñir el aserrín mientras El Desfile Bufo pasaba sobre la séptima avenida de la zona uno. He de indicar que por ese entonces la reconstrucción del edificio del Infantes se desarrollaba a marchas forzadas pues todos nos, preparábamos para celebrar los 200 años de fundación del decano de los centros educativos de Guatemala. Esas aulas inacabadas, esos corredores sucios y llenos de material de Construcción eran para los Infantes de aquella época, lugares hermosos en donde vivíamos a plenitud nuestra vida de estudiantes. (La intercesión del Patrono San José, permitió que el edificio se bendijera el 19 de marzo de 1981).
Pero volvamos a la alfombra del año 1980; la memoria me traiciona, no recuerdo bien la hora en que comenzamos a hacer la alfombra, debió ser cerca de las ocho de la mañana lo que es indeleble en el recuerdo es el grato compartir de los compañeros que serían cinco años mas tarde la XXVI promoción de bachilleres; ésta actividad de la alfombra se desenvolvió en un tradición que heredaba cada uno de los grupos de estudiantes que llegaban a sexto grado de primaria y evolucionó a lo que serían cinco años (todo el nivel medio) de alfombras que para el Patrón Jurado dicho grupo entrañable de amigos hicimos para la procesión de La Reseña (pero esa es otra historia que tendrá su momento en éste blog)
Regresando a ese Sábado de Ramos 29 de marzo de 1980, debo indicar que los nervios me consumían; si bien es cierto no era mi primera vez cargando (ya había cargado en la procesión de la parroquia de San Pablo años atrás), si era la primera oportunidad de llevar en hombros al Niño Jesús de la Demanda, que veía todos los años en su procesión. He de decir que las actividades propias de la Semana Santa no me eran ajenas, sino por el contrario eran cercanas y cotidianas, papá y mamá nos llevaban a ver las procesiones.
Recuerdo que las manos rojas con tonalidades verdes se cubrieron con los guantes blancos y con la guerrera gris y el pantalón blanco, los niños de sexto grado se preparaban en los corredores del Infantes. No mencionaré nombres de los compañeros, no quisiera omitir alguno, si recordaré los nombres de los maestros que ese día (y muchos mas…) nos condujeron en la aventura de conocer y amar a Guatemala y sus tradiciones son ellos el profesor Fernando Ruano que en ese año era maestro de sexto grado “A” y el profesor Alejandro Alvarado que era a la sazón maestro de la sección “B” de ese grado; ambos profesores, a quienes cuento hoy entre mis amigos, aun perseveran en la vida de cucurucho y en el ejercicio de la docencia
En fin, serían las 16:00 horas de ese inolvidable día, cuando tome mi turno y supe de una manera única e indescifrable que sería cucurucho para toda mi vida, fueron minutos indescriptibles que aun perviven en mi memoria; en la acera observando la procesión y viendo cargar por vez primera a su hijo estaban mis padres, recuerdo muy bien que después de terminado el turno, subimos hasta la primera avenida en donde vimos el paso de Jesús del Consuelo y terminamos ese día memorable con un cena en la Cafetería Capri (4ª. ave y 6ª. calle) una hamburguesa y una cremita. Mi entusiasmo era incontrolable, hubiese querido cargar en cuanta procesión recorriera las calle esa Semana Santa; sin embargo en los años siguientes 1980 y 81, únicamente cargue en los turnos que el Colegio tenía en los cortejos de la procesión del Silencio y Domingo de Ramos y sería hasta 1982 que iba a ponerme la túnica… para ya no quitármela mas.
De allí en adelante todo es historia. Soy cucurucho y primero Dios moriré siéndolo. He aprendido de este bello romance entre la semana santa y yo, varias cosas: he entendido la trascendencia de revestirme de túnica; he “reclutado” a varios prosélitos de las procesiones; he influido en mis hijos que hoy –quizá- sean mas cucuruchos que yo; en fin he tenido momentos especiales y personales que matizan de una forma particular mis vivencias; sé que los milagros existen y conozco que la devoción no se impone, solamente se puede inducir y que es un asunto personal el tomarla y aceptarla. Ser cucurucho es una opción en la vida -así de solemne y terminante- pero la decisión de afrontar esa vocación con el espíritu que es preciso, ese es el reto de cada año, de cada cuaresma, de cada procesión, de cada turno, de cada paso… en fin ese debe ser la motivación, ser mejores cada día.
Cada cuaresma aprovecho para agradecer a Dios por llamarme a las filas de cucuruchos, a mis padres quienes –sin presiones- pero apoyando mis inquietudes me forjaron como el cucurucho que soy, a mi amado Colegio de Infantes fuente nutricia de instrucción, disciplina y formación, en donde tuve mi primer contacto con nuestras procesiones.
Cada Cuaresma es un gracias eterno, como eternas son nuestras amadas e inconmensurables procesiones y eterno es el interminable caminar del cucurucho.
.::PARASIEMPRE::. (CUENTO)
(historia de Semana Santa)
Era Domingo de Ramos y hacía un calor insoportable. Ella fue, y todavía sigue siendo, la mujer mas bella que yo hubiera visto en mi vida. Yo estaba arrellanado en la soleada esquina, y observaba como la marea humana crecía conforme se acercaba el kilométrico cortejo josefino. Los vendedores de golosinas, de cromos, de afiches y de todas esas cosas que pertenecen de manera tradicional y de modo profano a nuestros cortejos, ofrecían con gritos destemplados su venta del día; los ramos florecían entre rezos y oraciones de las manos de los fieles y el corozo inundaba totalmente el ambiente, siendo interrumpido nada mas por el fragante olor de la tierra mojada que en una simbiosis que mas que mágica es espiritual, conformaba el aroma ideal de la Semana Santa. Aletargado por los sonidos, los olores, los colores y las formas de la procesión, de inmediato me di cuenta de su bella presencia –y es que era imposible no hacerlo- y así, conforme el cortejo iba llegando con paso lento y hierático hasta esa esquina, ella se quedo, empujada por la oleada innumerable de personas, cerca, muy cerca de mí; la fanfarria romana sonó en un estruendo que para el cucurucho es encanto y una tras una las estaciones del vía crucis desfilaron frente a mí y a ella, portadas por el gallardo y cincuentenario escuadrón de romanos.
Fue así, en el momento justo que el albo y balsámico humo del incienso nublo la bocacalle entera, que mis manos rozaron accidentalmente – les aseguro que fue sin intención- su espalda. Tragedia. Ella se adelanto medio paso y luego de manera intempestiva se volvió hacia mi; y yo, espantado y avergonzado esperaba un reclamo furioso, una letanía de improperios que terminaran desde ese momento y para siempre, con aquel momento mágico, casi místico. Yo quería que la negra paletina, se levantara con el viento y me cubriera el rostro pero no sucedió de esa manera, en cambio su hermoso rostro contrariado por la incomodidad de la situación y perfilado señorialmente con su madrileña se torno aplacible, desplegando una franca sonrisa que se delineaba en unos bellos labios que enmarcaban una hilera de blancos dientes perfectísimos; con la risa escapándose por la comisura de su boca, bajó señorialmente su matilla hasta los hombros morenos dejando así a mi vista, de manera plena y total, el espectáculo de su hermoso cabello lacio y negro mientras decía “El Señor viene lindo… ¿verdad?… me llamo Magdalena”, primorosamente me tendió su delicada mano enguantada que yo torpemente acerté a estrechar mientras me oía a mi mismo balbucear mi nombre, todavía confundido por la armonía perfecta y angelical que era –y es aún- su gentil voz.
Las notas de “Jesús Desamparado” rompieron el murmullo de la gente y los sonidos de la marcha me impidieron continuar conversando con ella. Yo dividí mis ojos entre la regia majestad del Rey del Universo y la tersa y morena piel de ella; me perdí en la angustia de los ojos de Jesús y en la serenidad de aquellos enormes y bellos ojos negros, apenas enmarcados con dos brochazos tímidos y gentiles de sutil maquillaje esmeralda, ojos que de repente se encharcaron en llanto conmoviéndome a mi totalmente; así en un atrevimiento que hasta hoy no he logrado entender, puse respetuosamente y tímidamente mi mano derecha enguantada de blanco sobre sus hombros y la consolé de una pena que solo ella conocía, pero que yo sentía mía también. Compartí mis sentidos entre el olor del corozo, del incienso y el suave, tenue y fragante perfume que ella emanaba; me partí entre el gorjeo de los clarinetes en el trío de la marcha y el sollozo de su voz; conllevé el estruendo del bombo y los platillos con el acelerado retumbar de mi corazón. Ese Domingo de Ramos, fue perfecto y se me antojó eterno.
Magdalena se veía hermosa de blanco, el día que nos casamos en San José, diríamos…. A los pies del Maestro; la ceremonia del sacramento fue el Sábado de Pasión del año siguiente; nuestra Luna de Miel se aderezó en las filas de la Procesión de San Bartolo, en la amada Antigua Guatemala; su bouquet de novia rebozaba estaticia y corozo y abandonamos el pequeño pero colosal Santuario al compás de “Mater Dolorosa”. Que tal..? ! ! En fin, que les puedo decir fue un matrimonio cucurucho….
Nuestro amor y dicha continúa siendo una eterna luna de miel, allí en las filas de una procesión bajo el ardiente sol de Semana Santa, época en que celebramos cada aniversario con un brindis de súchiles frío, que nos servimos después de ver pasar a Jesús de San José, en aquella nuestra esquina, ese crucero en donde el amor nos tocó y nuestras almas se entrelazaron a ritmo de fanfarria romana… para siempre, desde siempre, desde aquel Domingo de Ramos, que marca para nosotros nuestro aniversario mas preciado y esperado.
Y…. SILENCIO
Y pasa el Miércoles de Ceniza, y la espera habrá terminado. En momentos llegará el día, y la tarde avanzará de forma morosa y lenta para que al empezar a declinar el sol, todos conozcamos que El Silencio ha sonado y que una vez mas el asfalto se cubrirá de color, el ambiente estallará en aroma de corozo y flor, las retinas se empañaran en llanto, el humo blanco copará la atmósfera y el corneta llamará otra vez al Silencio… ese, que se corta de pronto con el añorado sonido del timbre, para que como ha sido desde hace mas de cincuenta años, predilectos hombros eleven el anda en que Jesús de Los Milagros saldrá a impartir sus bendiciones.
Y de nuevo El Silencio acallará el mundano ruido citadino, y los amigos saludarán a los amigos, el hermano abrazará al hermano, como si recién se hubiesen despedido ayer, siendo quizá que fue desde el Viernes Santo pasado que se han visto por última vez; en medio del Silencio los rostros conocidos se encontraran de nuevo en esa inexplicable y rara relación que se da solo en el ámbito de las procesiones de Semana Santa; la oración se elevará en catorce tradicionales estaciones y las plegarias llegarán a los consagrados oídos del monarca a lo largo de todo el camino; y el cargador iniciará la cuenta atrás de los días en que se enfrenta con sentires encontrados, con realidades opuestas ya que el desconsuelo por la pasión se confunde con la alegría que se percibe en los cargadores, pues se ha iniciado lo que a todos nosotros nos gusta y nos complace.
Y vendrá El Silencio, en oleadas de recuerdos, en inventarios de antiguos itinerarios, en sonar de marchas fúnebres josefinas y marcapasos de redoblante de ayer y de siempre, redoble pasmoso que nos hace presentir la marcha que acompasa cada turno. El Silencio se rompe por el ruido de las ventas, las voces de la espontánea tertulia semanasantera en filas de cada año, de los gritos de niños que se asombran, de las ancianas que sollozan y de los varones que lloran, de la matraca penitente, de las palomas que aletean en el atrio mercedario saludando al mártir, de los motores reprimidos y de las bocinas impacientes que no entienden que hoy es Primer Jueves de Cuaresma, que es día de Penitencia, de Vía Crucis y del Silencio ya que el Rey del Universo benignamente ha salido de su santuario a recorrer un poco su ciudad.
Y reinará el Silencio en Guatemala de la Asunción; mientras el viento juega y revuelve elegantes cartulinas que penden de solapas de tonos oscuros. Se escuchará solamente el arrastrar de las horquillas y el sonido de la matraca regente; crepitará el anda recién barnizada, los incensarios chocaran por sí y entre si, produciendo explosiones en chisporroteo aromático; las calles murmuran al compás del redoblante que marca el paso silente de los cargadores; las estrellas titilarán miedosas por el portento que se pasea humilde, pero con prestancia de monarca por las calles ancestrales de mi ciudad; la naturaleza enmudecerá y la luna tácita esconderá su rostro avergonzada por que en muchos sitios donde transita la procesión aún el chapín grité Barrabás!!! y decrete a la cruz a Jesús de San José. La nocturnidad será el templo ideal y las nubes las cortinas grises perfectas, para éste huerto móvil que es ésta procesión sin igual.
Y El Silencio vive en el corazón del devoto que acongojado y contrito coloca sus suplicas a los pies del maestro, que dice alabanzas con el esfuerzo de su hombro y recita oraciones que suplican perdón; porque El Silencio habla, El Silencio es vida, El Silencio es comunicarse con el Jesús Vivo, que procesionamos en penitencial jornada. El Silencio vivirá en cada corazón y en el interior de cada uno explotará en mil sentimientos dispares, en una y mil oraciones sinceras, en una y mil suplicas por El Perdón… “Perdón OH Dios Mío….. Perdón y Clemencia… Perdón e indulgencia…” y todo ello desde El Silencio, de esa callada manera en que el cargador sabe que Jesús le escucha y con la confianza que Él lo sabe todo, aunque nosotros nunca le digamos nada, así pues en las almas habitará El Silencio, que es estruendo de adoración, alabanza, bendición y suplica a Jesús de San José.






















el cucurucho opina