donde la palabra huele a incienso y sabe a súchiles …

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Sucedió en una…

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Sucedió en una ciudad al Norte de México; él había sido enviado por el lapso  una semana a una convención comercial y de negocios, representando a la firma  en la que laboraba desde hace algunos años.  Eran días fríos, los últimos meses del año es por aquellos lares, más intensos en cuanto al descenso de la temperatura.

Las conferencias era, como sucede en estos eventos, unas muy buenas y otras en las que el tedio avanzaba tanto, que parecían una siesta con los ojos abiertos; nuestro amigo, un cucurucho de más de treinta años en filas, discurría entre platicas y material audiovisual comercial y de trbajo, con las fotografías de su Semana Santa que archivaba en la computadora portátil y su vista –y corazón- se dirigía contantemente al cromo en miniatura de Jesús de La Merced, “El Mero Jesús”  que  se guardaba cariñosamente en su porta documentos, entre tarjetas, billetes y notas de facturas.

El coffee break era momento mas que oportuno, para estrechar los vínculos con los colegas, para descansar un poco el ánimo y también para refrescar en su memoria (como solemos hacer los cucuruchos) las vivencias de Cuaresmas pasadas y reinventar un futuro que lleva aroma de corozo y se viste de morado.

En un momento de tantos, justo el último día de conferencias  al ingresar al elevador del hotel, nuestro cucurucho como un asunto reflejo y natural en nosotros, casi de manera inconsciente, sin que la mente lo piense pero el sintiendo en el corazón, silba las primeras notas de “Jesús de San Bartolo”…. Y así como un asunto casi surreal a miles de kilómetros de Guatemala, desde el fondo del cubículo del ascensor se deja escuchar el silbido de las notas siguientes que responden así a la alabanza hecha silbido. Sorpresa y un sentimiento de felicidad íntima por el encuentro con un hermano que ambos palpitan; nuestro cucurucho vuelva la vista y se encuentra con un guatemalteco que con una sonrisa de aprobación le dice ¿de Guatemala? ¿cucurucho?… como respuesta un estrechón de manos que se convierte en un abrazo de esos que los cucuruchos conocemos tan bien.  Dos personas, dos varones que prácticamente se desconocen, se tratan como iguales ante la inminente fraternidad que ellos saben van a compartir desde ese momento hasta quien sabe cuando…

El que parecía un breve saludo y un intercambio de ideas, se convierte en la vivencia de un almuerzo entre colegas; él le cuenta a nuestro cucurucho que vive allá desde hace siete años; le relata con un nudo en la garganta que en ese tiempo solo ha podido venir a Guatemala en Semana Santa en dos ocasiones; que nuestro amigo cucurucho no tiene idea de lo que es un Jueves Santo en la lejanía y sentir una auténtica nostalgia cuando el viernes Santo a las tres de la tarde se está levantando al Sepultado del Calvario; que cada Domingo de Ramos piensa, imagina y trata de vivir ”su procesión” … la interna, siguiendo los pasos del Rey del Universo; que echa de menos el batido en las velaciones, el aroma del incienso y del corozo; que extraña tanto todo, pero que lo que más le hace falta es la presencia de su familia y sus amigos.  El destino le ha llevado a esas tierras a trabajar en una muy importante empresa comercial y que al momento de aceptar el cargo lo más dificultosos fue saber que iba a tener que colgar el capirote por algún tiempo.  Le comparte que la tecnología ha sido un consuelo incomparable, que leer de Semana Santa y ver las fotos que se publican, es una manera de pretender estar acá, que muchas veces los audífonos le hacen vivir la salida o entrada de alguna procesión y entonces el cuerpo se le desarma y llora… como un niño, como un cucurucho.

Nuestro amigo cucurucho, lamenta este encuentro se haya dado en el último día de convención; intercambian teléfonos, correos, pines y demás, para estar en contacto; hay promesa de que cuando el “cucurucho mexicano” venga a Guatemala, habrá celebración, encuentro, abrazo y esa felicidad que solo nosotros, -locos por la pasión- entendemos. Hay promesa del envió de los últimos CD´s, de las revistas que se editen en el 2012, de mantenerse al tanto y sobre todo de encomendarse mutuamente en las oraciones de cada día.

Nuestro amigo cucurucho regresa a su tierra, a su familia y a sus cosas; aprovecha el primer viernes que pasa aquí de vuelta a visitar a Jesús de Candelaria y comienza a valorar lo que significa para un devoto tener a “sus Jesuses y a sus Dolorosas” a la mano, tan cerca como unas pocas cuadras.

Pasa el tiempo y llega la cuaresma 2012, que –como todas- a los cucuruchos se nos pasa más rápido de lo que pensamos y de lo que creemos; llegó el Domingo de Ramos y nuestro cucurucho se prepara para una cita que no estaba planificada y que le retrasará el encuentro con Jesús de San José. A pesar de eso, toma el vehículo y se dirige a su destino, con una emoción que siente ajena pero que valora como propia; estaciona y espera. Sabe que Jesús ya esta en la calle y que debe apresurase. Tensión contenida que estalla en un abrazo de esos que los cucuruchos conocemos tan bien. Del aeropuerto al Centro Histórico, el amigo está en casa. Un encuentro, que mas que emotivo es dramático, se produce cuando los ojos del cucurucho ausente se posan en la imagen de Jesús, hay un llanto pausado que solo nosotros entendemos, un correr de lágrimas silenciosas que marcan las mejilla con las experiencias retenidas, una especie de emoción que es única y que no se puede describir… los cucuruchos somos cosa extraña, tan extraña que a veces ni nosotros mismos nos entendemos, tan particular como que cuando se decide a ser cucurucho, muchas veces no hay vuelta atrás, tan particular como que la lejanía nunca es obstáculo para ser cucurucho.


Mi Amigo Cucurucho VI: EL MUSICO

Dedicado con cariño fraternal a mis amigos filarmónicos

La semana santa llena todos los sentidos del chapín. Ya se ha escrito mucho acerca de aquello de los olores, sabores, visión y tacto que hace que esta época sea tan nuestra y tan particularmente especial.  Sin duda alguna uno de los sentidos que más se consienten durante esta época es el oído.  Las Matracas, el tzicolaj y el tambor, los redobles, las fanfarrias producen un placer sin igual para el devoto; pero y esto lo afirmo sin lugar a ninguna duda, son las marchas fúnebres las que  son el culmen del goce estético auditivo de la época.

Compositores preclaros han dejado plasmadas en papeles antes manuscritos y hoy impresos con tecnología digital, las hermosísimas marchas fúnebres, pero son los músicos, los maestros filarmónicos, los miembros de las bandas de solistas los que ponen su aliento (y la palabra quizá nunca estuvo mejor usada) a esas composiciones que nos hacen conmovernos y son el marco perfecto para el paso del nazareno.

Y es que allí van, con su traje puesto, alguna visera que les protege del sol o gorra que les cubra el sereno; bajo la lluvia, o con el ardiente sol, llevando a cuestas un instrumento que en muchas ocasiones es pesado e incomodo; son los músicos que de alguna forma pintan un cuadro que muchas veces se traza como pintoresco y que –sobre todo en el pasado- manejaba algunos estereotipos que con los años ha cambiado, sino radicalmente, si con una buena dosis de convicción de que las cosas pueden hacerse de otras formas y de distinta manera.   Las bandas de semana santa, hoy, son jóvenes, y muchos de sus miembros han sido destacados alumnos de las mejores bandas marciales escolares de Guatemala, algunos de ellos profesionales de éxito en diversas ramas académicas; y en algunos casos son adolescentes que con el entusiasmo que caracteriza a la juventud aportan su arte a las procesiones.

Se de muchos casos en que los maestros filarmónicos han sacrificado su devoción por el arte, o mejor dicho que han convertido su arte en devoción. Voy a explicarme, se de algunos cargadores, tremendos cucuruchos, que han dejado la túnica por la trompeta o que han asumido el pícolo por el casco de Candelaria, otro habrá que ha mudado el capirote por las percusiones y todos ellos con la convicción de que, independientemente de la paga que reciben, hacer música para el Señor, es una manera de alabarlo y de provocar el acercamiento de las gentes al mensaje de las andas.  No todos los casos son así, y muchos quizá vayan solo con el ánimo de un trabajo realizado; pero existen situaciones puntuales que yo he conocido y que no menciono acá, por no cometer alguna indiscreción o incurrir en alguna terrible omisión.

Así que a mi no me extraña ver a los músicos en ambiente de cordialidad detrás del anda, al final de cuentas la felicidad se les pinta en el rostro al hacer lo que les gusta; no me espanta ver a un filarmónico que se conmueve hasta aguársele los ojos al momento del alguna marcha, por motivos que solo él y El Señor conoce; no me parece extraordinario que muchos músicos vayan algunas cuadras a “tocarle a Jesús”… solo por el gusto de hacerlo; no me extraña que algún músico saque su cámara e intente , así desde atrás, encontrar ángulos inéditos de una imagen o elementos diferentes de un adorno.  No me extraña, pues yo sé esos casos, se que a pesar de todo, la música cuaresmal, es una forma de expresar su devoción y conozco que muchos encuentran allí, en la bendita música que tanto disfrutan, una manera de alabar al Rey y de acompañarlo en su vía dolorosa o camino al sepulcro.

A mis amigos filarmónicos, yo, que rudimentariamente conozco los secretos de la escritura musical, que sin técnica pero con mediano entusiasmo tomo el clarinete y partitura en mano imagino ser parte de una banda “de verdad”… mi admiración enorme; confieso de alguna forma una envidia sana a lo que ellos hacen y pido a Dios que bendiga el trabajo que ellos –dichosos- realizan siguiendo las huellas del Maestro o de su Madre Dolorosa. A ellos desde aquí un abrazo de cucurucho a cucurucho.

 


Mi Amigo Cucurucho V: Los niños y las niñas

Antes ya he escrito acerca del papel de los niños, de los sanjuaneros y de las procesiones infantiles en el desarrollo de la Cuaresma y Semana Santa en Guatemala. Yo fui un cucurucho de adolescencia, es decir salvo la ocasión en que lleve en hombros a mi querido Niño de la Demanda por primera y única vez, nunca participe en procesiones infantiles y nunca fui sanjuanero; como diría el Profesor Carlos Diaz del Cid … “de una vez a las grandes ligas”. Siempre he admirado a los niños cucuruchos, incansables, imbatibles, inquietos… son niños que prefieren el incienso, el corozo y caminar en la fila de sanjuaneros que una temporada en la playa, y no es que no les guste el mar y las vacaciones, es que –y allí está lo admirable- los niños han optado por ser cucuruchos; porque ser cargador en Guatemala, ser cucurucho mercedario, josefino, dominico o un “todo-cortejo” 4X4, es una opción que se toma en el despunte de la vida, y que cuando se asume todos sabemos que es para siempre, o mejor hasta que Él así lo disponga.

¿Puede haber algo mas importante para una familia que el estreno de un bebe cucurucho? seguro que no. No es extraño que entre amigos cucuruchos al momento de nacer un niño en lugar de babero regalen paletinas blancas, en lugar de gorros de lana tapasoles mercedarios y por supuesto mini madrileñas para las futuras dolorosas. La escogencia de padrino o madrina es en la mayoría de los casos de hogares cucuruchos es referida a colegas de filas y compañeros de tanda; a a migos cucuruchos. Los niños hijos de cucuruchos prácticamente son mecidos en la cuna al ritmo del marcapasos, no le temen a los romanos de San José y ven con naturalidad que papá o mamá pongan en Agosto o Noviembre una marcha fúnebre. En los nacimientos de cucuruchos en pleno diciembre es común observar una mini procesión, una fila de cucuruchos o un escuadrón de romanos, y los hijos de cucuruchos lo ven como algo normal. Conozco el caso de un niño que a sus escasos 5 años podía diferenciar fácilmente imágenes, muebles procesionales, heráldica e insignias de todos los cortejos importantes de la ciudad y con suma pericia podía identificar con el nombre y en algunos casos el autor mas de una veintena de marchas fúnebres; hoy es un preadolescente que este 2011 see strenara en “las grandes”. Seguro que su precocidad de cucurucho y su temprano despertar a las faenas procesionales, no es un caso aislado y estoy seguro que los hay más sorprendentes.

Yo he visto a niños llorar por perder un turno, por no lograr inscribirse o porque papá lo quiere sacar de la fila muy pronto. Yo he visto a muchas mujeres embarazadas que sobre su vientre abultado llevan ya el turno de aspirante y realmente ese es un rasgo devocional que conmueve y mueve. Dentro un niño o una nena vibran ya al pasar la Banda mientras la futura madre llora de felicidad anticipada, imaginando la Semana Santa venidera en que ya tendrá que llevar pañalera, biberones y alimento, para el cucurucho que completa la tercera o cuarta generación de devotos que ira ese día en filas.

Mucho se dice de semilleros, de que los niños son baluartes de la tradición, y es cierto; pero hay cosas que sons insustituibles  pero sin duda alguna es la mano enguantada de papá quien guía al nuevo cucurucho. Yo recuerdo muy bien, los turnos de las procesiones infantiles de mis hijos, y las ocasiones en que cargaron por primera vez en las procesiones de adultos. Hoy ellos son mas altos que yo, sus tandas van primero en la procesión de San Bartolo, resisten mas el caminar en filas que yo; se entusiasman mucho mejor de lo que yo lo hago y sufren de ese stress pre-turno que los cucuruchos padecen cuando están a punto de ir a una procesión. He cargado junto a ellos, en varias ocasiones y eso es sin duda una de las mayores felicidades que Jesús me ha regalado ir en el brazo 25,27 y 29 juntos… hasta que él así lo decida.

(para leer Mi amigo Cucurucho II El Sanjuanero AQUI)


Mi Amigo Cucurucho IV: El Timonel

No vamos a engañarnos, desde niños la mayoría de nosotros los cucuruchos hemos tenido la ilusión de ser uno de ellos, la posición del timonel en el anda, es sin duda alguna una de las que todos (por lo menos en los tempranos días de nuestra infancia y adolescencia como penitentes) hemos querido tener. Y es que dicha valoración de ese cargo tiene su lógica, pues aparte de los beneficios propios de ir siempre cerca del anda, de escuchar todas las marchas fúnebres; debemos agregar que el timonel, -y lo escribo sin ánimo de ofender- es de los cargos “que más se ven” en un cortejo.

Ya con la madurez de años en filas y el entendimiento de lo que significa servir en un cargo dentro de una procesión, ese “ser figura” pasa a un segundo plano y nuestra inquietud adolescente se torna hacia (por lo menos en mi caso) en una profunda admiración para quienes ejercen esa función en los cortejos. Porque con el tiempo el cucurucho entiende que ese cargo, que en algunas procesiones tiene personas inamovibles, reviste de una responsabilidad inconmensurable y que dicha presión ante el compromiso de resguardar la imagen que recibe el culto y que es objeto de veneración pública y colectiva es productora de estados de stress al más alto nivel.

No cualquiera es timonel y se requiere de una escala de aprendizaje en dicho quehacer, cada cortejo tiene sus condiciones no escritas y sus códigos internos para designar a quienes serán timoneles; como dije antes, la experiencia ha marcado generaciones de cucuruchos que han dirigido y cuidado a nuestras hermosas imágenes y dichos nombramientos en la mayoría de los casos recaen sobre quienes tienen la experiencia necesaria que muchas veces se inicia con el observar y aprender durante algunos años, para luego ser inducido a la práctica del arte de timonear un anda, hasta lograr el nombramiento en el cargo para un cortejo.

Se poco de la actividad que se ejerce al ser timonel, nunca lo he sido (y creo con certera sinceridad que no lo seré jamás); pero ya más de un cuarto de siglo de semanas santas de observar, y fijarme acerca de lo que se hace, me dan algunas luces de cómo funciona el andamiaje de la actividad de los timoneles. Entiendo que cada posición en las cuatro esquinas del anda tiene sus responsabilidades y requiere de sus habilidades, he visto además que –por razones de lógica humana- en los cortejos mas grandes existen varios grupos de timoneles, de manera que el cansancio no provoque déficit en el rendimiento de quienes con su fuerza, técnica y amor, conducen el anda que lleva la imagen que todos –y ellos también- aman y veneran. Otro aspecto a mencionar es que, salvo muy pocas excepciones, el timonel es exclusivo, es decir solo ejerce esa función en un cortejo. Los cables son los enemigos a vencer, (por decirlo de alguna manera), los tiempos de los turnos, en complicidad con quien lleva los tiempos del cortejo es también un quehacer en que los timoneles tienen mucho que ver; en algunos cortejos los guías de anda (que van por debajo de la misma) son los aliados más importantes que los timoneles pueden tener. Tengo la percepción que los mejores timoneles son aquellos que no necesitan tocar el anda, es decir quienes han desarrollado destrezas tan grandes que un par de indicaciones a los guías de anda, unas palabras a los cargadores de los primeros brazos y una buena comunicación con los timoneles que van detrás son suficientes, para centrar el anda en la calle y acompasar el ritmo del paso, con el redoble o de la marcha fúnebre.

Todos conocemos a los timoneles, “les sabemos los rostros” y también a veces los nombres; tanto que extrañamos su presencia cuando por alguna circunstancia no van en el cortejo; yo, tengo algunos amigos que son timoneles y varios conocidos que ejercen esa función, y todos me han expresado que la responsabilidad que se siente en enorme, y sin duda debe ser así. La destreza en los cruces es indispensable, el timonel como responsable del anda y de la imagen debe adelantarse al evento y estar pendiente antes que las cosas sucedan; no es exagerado decir que existe de alguna manera y dependiendo de la procesión un estudio previo del itinerario y una calculo, que la experiencia hace cada año más sencillo acerca de cómo dirigir el anda. Por supuesto que entre más grande, mayor dificultad y es innegable que sin duda en más fácil maniobrar un anda liviana que una pesada, pero en todos los casos la prevención y el cuidado previo es fundamental para que todo salga sin novedad.

Les dejo tres videos de cruces importantes: el primero es el cruce del anda de Jesús de los Milagros, en la séptima avenida y doce calle de la zona uno, justo antes de pasar debajo del Arco de Correos, en el año 2007; es un video que ha sido visto innumerables veces y que por la forma en que esta filmado ejemplifica de buena forma acerca de lo que escribo

Este otro, es el cruce del anda de Cristo Rey el jueves Santo, en el crucero de la octava avenida y segunda calle de la zona uno, cuando el cortejo enfila ya hacia el poniente de la ciudad buscando el barrio de San Sebastián y de la Recolección. El video es compartido por Juan Pablo Arce Gordillo ( Año 2008)

Finalmente un cruce de factura distinta y diferente, una maniobra del anda de Jesús Nazareno de la Justicia del templo del Calvario, la mas grande del mundo, en su procesión el II Domingo de Cuaresma  2010; la esquina es en la quinta calle y once avenida y la acción involucra de alguna manera las cuatro bocacalles de dicha crucero. Este es quizá un cruce que abre nuevas tendencias y maneras diferentes de concebir las andas. El video es compartido por Wilfred Monroy


Mi Amigo Cucurucho III. El Melómano

Es agosto y el despertador  anuncia un nuevo día al compás de “Sudor de Sangre”, una sonrisa se pinta en la cara del cucurucho melómano, aquel que buena parte de su afición por las prácticas cuaresmales se basa en la música propia de las mismas. Para este ejemplar de la fauna cucurucha, no hay día ni hora para escuchar las marchas, el goce estético que le produce la audición de cada marcha se extiende a ese estado de casi trance que vive cuando una marcha suena y su memoria y su recuerdo retumban como bombo en el cerebro, dibujando para sí mismo aquel momento, de aquel cortejo, en que en esa calle, sonó “El Penitente” de Pedro Donis.

El cucurucho melómano, es coleccionista por naturaleza, posee diez interpretaciones de “Mater Dolorosa” y en cada una de ellas, el sentido e inspiración de Julia Quiñonez, difiere según la época de la grabación, el carácter que el director de la banda le imprime y la disposición del ingeniero de sonido quien ajusta a su gusto los registros de la Banda.  Tiene además, debidamente archivados los programas de marchas de  los cortejos en los que ha cargado y no descansa hasta conseguirlo en caso de que por error o una omisión, para él imperdonable, si al momento de recibir su turno, no le hacen entrega del programa. Además cualquier oportunidad para adjuntar a su colección programas antiguos es aprovechada y le distrae y place, recordar sus turnos de cuaresmas pasadas, en base a la marcha con la cual le toco cargar.

MI amigo, el amante de marchas, dispone de su participación en  las procesiones en base a lar marchas, conozco a muchos que difieren la salida de filas a tomar agua o alimentos, cuando esta próxima a sonar una de sus marchas favoritas; el sitio en que va en la fila es atrás, allí después del anda de Jesús y cerquita de la Banda, disfruta de cada una de las interpretaciones y muchas veces se debe contener para no aplaudir, cuando la maestría en la ejecución es manifiesta; está atento al programa, a las indicaciones del director, a las llamadas de atención de los encargados de la banda, casi casi se siente un miembro más del conjunto musical, aunque no sepa interpretar instrumento alguno .  Es aquel devoto que no se pierde la subida de Jesús de La Parroquia en la Primera calle de la zona uno, donde desde la 10 avenida, hasta la 8avenida, Jesús bendice a sus devotos con el compás de “El Duelo de la Patria”, turnazo de casi 15 minutos de duración que es para él, uno de los momentos cumbres de la Semana Santa.  Cumbre es también, por ejemplo el cruce del anda dominica en la octava calle sobre la séptima avenida rumbo al norte, en donde “La Sangre de Cristo” resuena; el paso de Jesús de Candelaria por el Palacio Nacional, al compás de la hermosísima e incomparable “Una Lágrima” de Manuel Moraga; disfruta además de “Señor de La Merced”, en plena madrugada, cuando el turno que pasea al Patrón Jurado por el atrio de su templo.  Nunca falta a las Salidas de la Recolección, para deleitarse con las obras de Murcia; sin duda el padre Miguel, es uno de los grandes de las marchas fúnebres; otro momento importante es el mini-concierto que es la salida y entrada de La Reseña; “La Reseña” de Mónico De León; “A los pies del Maestro” del maestro Lara y “Señor de La Merced” de Salvador Iriarte, hacen vibrar la bóveda mercedaria, desde hace varios años cada Martes Santo. Y así momentos memorables, tantos como gusto de cucurucho hay.

El melómano, es y ya lo dije, un coleccionista… tiene acetatos de marchas, de ellos destacan sus más preciadas joyas: los 2 ejemplares de Calvario, El mítico Disco de Oro de la Merced, y el sobresaliente álbum doble “Consagración” editado y producido por Santo Domingo; tiene además, en perfecto estado de conservación, la colección de los cassetes de los conciertos dominicos, aparte de dos cassetes que para él son invaluables, los editados por la Hermandad Mercedaria de la Antigua, en los que las marchas se aderezan con la voz inolvidable del insustituible  Julio García Córdova. Luego los Cd´s, muchos de ellos, los que edita cada año la Asociación Josefina, la magnífica y lamentablemente suspendida colección de la Parroquia, los tres álbumes dobles de Santo Domingo (el azul, el amarillo y el café), los que edita la Asociación de Candelaria, los de los conciertos de San Bartolo; los Stábat Mater de la hermandad de Dolores de la Recolección.  El amigo cucurucho melómano, sabe que muchas de las marchas se repiten en varios discos y distintas grabaciones, pero eso no importa, pues las marchas nunca suenan igual, siempre y a pesar de ser las mismas, dicen cosas diferentes y de distinta manera. En la colección aparecen también los discos que se incluyen el ya famoso “Calendario del Cucurucho” que tienen recopilaciones de distintas grabaciones de diferentes marchas, por allí están también los discos de marchas fúnebres en marimba, que no escucha mucho, casi nada, pues no son de su particular agrado, pero que las posee y colecciona como gestiones innovadoras a las marchas aunque no comparta mucho esa diversificación.

El cucurucho, ha inundado su reproductor de mp3 con todas sus marchas, para tenerlas a mano, para pasársela a otros cucuruchos, tiene como tono de llamada la marcha preferida de cada uno de sus amigos cucuruchos de manera personalizada y su back tone, “Ramito de Olivo”.  En el trabajo algunos gigas de memoria de su computadora están ocupados por sus marchas, esas que escucha a la hora del almuerzo, con los audífonos puestos y el corazón transportado a las calles, oliendo incienso y corozo y “viendo” una anda mecerse a la lejanía.

El cucurucho melómano, como principio, no compra piratería del material; sabe que hacerlo es ir quitando poco a poco la iniciativa de grabación que las hermandades tienen, recurre a la copia de algún ejemplar, solamente cuando este es inexistente y no hay otra manera de conseguirlo.

El cucurucho melómano, clasifica sus marchas según su gusto particular y tiene una lista de reproducción de su top10 por ejemplo; sin embargo posee también clasificaciones según la imagen a la que están dedicadas, por su autor, por su origen; tiene registro de cuando han sido estrenadas algunas de las marchas y posee como complemento a su colección los libros y folletos que se han editado con relación a este tema.  Para él las marchas son muy importantes, pero no es fundamental en su devoción y fé, que tienen otras raíces; para él la marcha solo adquiere trascendencia cuando “dice algo” al cucurucho, cuando se convierte en alabanza y cuando es el complemento perfecto a esos minutos de oración y meditación que es un turno. Dentro de esa clasificación, no es raro encontrar una carpeta que se llame “marchas cantadas” y otra que se denomina “redobles”, en esta ultima van todos los redobles de la Semana Santa y por supuesto el tzicolaj y tambor.

Así es el cucurucho melómano, todos somos un poco de él y todos conocemos alguien que es el “master” en marchas, aquel cucurucho que con solo unos compases identifica la marcha, que sabe quien dirige cada banda en cada cortejo y que durante el año está pendiente de las transacciones que se dan, como si fuese un mercado al estilo de las mejores ligas de futbol del mundo, en cuanto a los cambios de bandas.  “¿ya sabes que Wilver no va en la reco…?  ¿te enteraste que Gómez ya no va a salir el Quinto Domingo en San Bartolo?  ¿ Sabés que Pirir ya está en el Calvario….? Podrían ser algunas de las frases y preguntas que al mejor estilo de noticias pueda enviarnos por mail o platicarnos por teléfono nuestro amigo melómano.

Lo escribí al inicio y lo repito ahora: no importa que día sea, ni que época del año viva; las marchas suenan en casa del cucurucho, cuando llega del trabajo y necesita relajarse; cuando termina de comer y hay sobremesa cuaresmal; cuando se reúne con los amigos a ver fotos e intercambiar anécdotas; cuando está solo y triste o cuando esta feliz; cuando el niño no se duerme y lo mece al compás de “La Fosa” hasta que el infante se queda dormido; cuando va de viaje de negocios y sabe que va a estar solitario en un cuarto de hotel; cuando maneja durante horas…

El gusto por las marchas fúnebres, es para algunos inacabable; para mi amigo el cucurucho  melómano, va mas allá de un gusto, de una afición; es algo indescriptible, algo que conjuga el placer del arte con la profundidad de la devoción.

Yo no conozco nada igual, seguramente ustedes amables lectores… tampoco


Mi amigo cucurucho II. El Sanjuanero

A pesar que reconozco la importancia que tienen las procesiones infantiles en Guatemala, como semillero de nuevos devotos, personalmente creo que sin lugar a dudas el anda de San Juan, es vínculo entre éstas y las procesiones “de grandes” y el genuino vivero de cucuruchos. Por supuesto que lo básico y fundamental ésta en casa, en el hogar, en donde cada cucurucho –y muchas veces no somos concientes de ello- se constituye en una especie de héroe cuaresmal, un modelo a imitar.

Volviendo al asunto de la presencia del adolescente apóstol en las funciones cuaresmales en Guatemala, debo mencionar que de manera inequívoca es cargando a San Juan cuando el niño por primera vez se siente participe de los grandes cortejos de la ciudad, se identifica con los templos de donde salen e inician su participación en las actividades que antes estaban reservadas para sus padres, sus tíos o sus hermanos mayores.

Un turno de San Juan, representa para el niño el poder participar activamente un Domingo de Ramos, un Jueves Santo, o una madrugada de Viernes Santo. Estos turnos son el regocijo de los niños y muchachos, pero son de una forma o de otra un dolor de cabeza para los padres de familia, más si el turno del “sanjuanero” de la familia coincide con el que la persona encargada del cuidado del infante (padre, tío, hermano) debe cumplir en el anda del Señor, o bien cuando el turno es tan separado del que corresponde al adulto que obligan a permanecer prácticamente durante todo el trayecto de la procesión. Aun así, a ningún padre de familia cucurucho se le ocurriría que su hijo, pierda un turno de San Juan, y es que uno de los deseos de todo “papá cucurucho” es que sus hijos le acompañen en los cortejos.

La energía propia de la infancia se manifiesta en la avidez por cargar; una, dos, tres, cuadras nunca son suficientes y siempre serán escasos los turnos por cargar.  Y allí van, los sanjuaneros vivarachos, con las pequeñas paletinas cargadas de cartulinas que señalan los turnos que les corresponden, con la felicidad pintada en el rostro y con el alma dispuesta a la penitencia Las filas de Sanjuaneros son retozonas y alegres, nunca falta el pequeño cucurucho que lleva una bolsa con agua, una naranja mordisqueada,  un chupete con el papel a medio quitar, una bolsa de papalinas, un algodón, en fin… cualquier golosina imaginable.  La encargadas de ordenar los turnos – verdaderas heroínas del cortejo-  deben entre otras muchas situaciones batallar contra los niños que reclaman con cargar, auxiliar a los más pequeños, atender las consultas de padres de familia, muchas veces deben solucionar el drama de algún niño extraviado y entre tanto alboroto, entre tanto ir y venir por la fila recordando el número de turno que corresponde, en medio del trabajo de ordenar las estaturas de los niños, quizás darse cuenta que el turno que le correspondía para cargar a la Virgen ya ha pasado…

Señales de asombro y de zozobra se dejan sentir desde las aceras, porque San Juan se aproxima en hombros novicios, que hacen que la imagen del discípulo amado parezca un equilibrista; el agotamiento de los timoneles de las andas es notorio, ya que buena parte –si no todo- el peso del anda es llevado por ellos.  San Juan, es sin duda un personaje muy importante en el evangelio y sobre todo en la pasión y es un elemento imprescindible para la manutención de estas tradiciones. Dios quiera que siempre haya niños apasionados y padres entusiastas de la tradición para que dentro de muchos años, al observar un cortejo de Semana Santa, podamos divisar a lo lejos, detrás de la Banda de Música de Jesús, y muy cerca de nuestra Madre Dolorosa, la figura del varonil de San Juan, aún y cuando sea en una oscilante e insegura  anda.


Mi amigo cucurucho. El veterano.

Cada marzo tu casa olía a corozo; así desde siempre. El viejo tocadiscos esparcía por el amplio corredor y las estancias espaciosas y señoriales las notas de las marchas fúnebres en los novedosos discos de vinilo que recién se estrenaban en el ambiente. Tú recuerdas son nostalgia los cortejos cortos, de algunas horas nada mas, echas de menos la solemnidad, el respeto que hasta los escasos vendedores tenían por los días de Semana Santa.  Recuerdas el anda de catorce brazos de La Reseña, cuando Jesús de la Merced salía a las diez de la mañana  y volvía solo dos horas después, el anda sobria y ataviada únicamente por una cortina de seda con fino encaje; recuerdas a Jesús de Candelaria, subiendo como lo hace ahora todavía la quinta calle, solo que antes dicho paso era tan solo tiempo después de su salida del templo y hoy sucede cuando se van a cumplir casi seis horas de itinerario.  Tú mi cucurucho veterano, has sido testigo de tantas y tantas cosas.

Tú eterno enamorado de la mirada del nazareno recoleto, me contabas que Viste a Jesús del Consuelo  salir  a las cinco de la tarde, quizá en un extraviado Martes Santo; estuviste allí cuando la procesión cambio a Sábado de Ramos, hoy llamado Sábado del Consuelo, y viste el adelanto de su salida a las dos de la tarde y luego a las once de la mañana, como sucede hoy, alguna vez me dijiste que no te extrañaría que la salida se anticipara hasta las primeras horas de la mañana, debido a la trascendencia que esta procesión tiene ya entre los devotos. Con nostalgia ves las fotos que muestran a Jesús, con canelones y túnica bordada, lo ves tan guapo y elegante como hoy, con su cabellera ondulada, su túnica lisa y su manto.

Otro de tus amores es el Nazareno de Zúñiga, el hermoso Patrón Jurado de la Ciudad, me contabas la otra mañana de Viernes Santo que recuerdas con cariño la salida de Jesús de La Merced, primero a las diez de la mañana y luego en los vertiginosos años del boom de las procesiones desde las ocho de la mañana, las seis, las cinco hasta llegar a las cuatro de la mañana, sin contar el año en que desde el primer minuto del Viernes Santo ya Señor Peque!! Había sonado. Me decías justamente este año, que vas en desproporción mientras mas temprano sale Jesús, mas te cuesta llegar a su salida, pero igual no has faltado a ninguna y no piensas hacerlo a estas alturas.

Me cuentas que fuiste  testigo de casi todas las consagraciones, te perdiste por obvias razones de temporalidad la de Jesús de la Merced y eras apenas un niño cuando el oleo consagratorio fue aplicado a Cristo Rey, pero de allí en más: Jesús del Rescate, El Sepultado Dominico,  de Jesús de San José, Las Soledades de Viernes Santo, Jesús de San Bartolo, Jesús del Consuelo, El Yacente del Calvario; en fin fuiste privilegiado y conociste de casi todos los actos consagratorios.  Me decías que todavía no terminas de entender la explosión de consagraciones de la última década, no es que las imágenes tengan categorías, sino que la devoción no se mide –me decías- por la antigüedad, la consagración, el número de cargadores o la calidad de la banda, sino que es un asunto tan personal como inexplicable y que por eso, crees que la consagración no le pone nada extra a una imagen. Tienes tanta razón como experiencia.

Aparte de ello tu curriculum de cucurucho veterano te acredita como testigo del conato de incendio que puso en peligro al Señor de los Milagros, en el crucero del Parque Colon, del aparecimiento de los Romanos en San José, del nuevo Vía-Crucis del mismo cortejo, de los pasos los españoles y los nuevos de Santo Domingo; viajaste Con Jesús de Candelaria a la Antigua, con tu Señor Sepultado a la misma ciudad; te sorprendiste cuando Jesús de Candelaria salió en la parte delantera del anda, experimentaste el cargar en un turno penitencial dominico en la fila central debajo del anda, muy cerca de Jesús, solo él y tú; me admire y experimente una sana vanidad con la artesanal pero hermosa anda Dominica de Valenzuela, la incrustada única en su género; viste con asombro las chispas que brotaron de la cantonera superior de la Cruz de Jesús de la Merced, a quien viste rejuvenecerse con su restauración, quedando con una palidez que destaca su sufrimiento, atestiguaste el surgimiento de los Caballeros del Señor Sepultado, viste estrenar uniforme a los palestinos de Candelaria; me cuentas de los innumerables aguaceros, especialmente de Jueves y Viernes Santo y aquel memorable de Miércoles Santo –vaya si llovió-, al que agregas ya el diluvio del 2010; viviste Semanas Santas frías y con viento, y todas, absolutamente las recuerdas con nostalgia y alegría.

Y es que eso es lo más importante, la alegría de ser cucurucho, la convicción de optar por una opción en la vida como lo es convertirte desde joven y hasta la muerte en un Cirineo del Señor, en un cucurucho, simplemente un cucurucho que sabe y entiende que la historia continua, que la cuaresma es eterna y la Semana Santa inacabable y que estos retazos y recuerdos  que únicamente la memoria de un cargador puede archivar, serán una simple gota en este océano de vivencias que envuelven y enmarcan esta conmemoración, Semanas Santas vendrán, en las cuales tú ya no estarás presente, en que las cosas hayan cambiado y lo más importante entonces será que siempre habrá alguien que a su manera y con sus propias pupilas, eternice sus recuerdos y sus anécdotas; como las vio tu padre, como las vivió tu abuelo; atesoradas en el corazón de una madre que esta pronta desde siempre y para siempre en tener la túnica lista y el capirote planchado; con el cariño de una abuela que enternecida cose la primera paletina para el nieto que se estrena como cucurucho … Mi amigo cucurucho, mariscal de las filas, patriarca de penitentes, tú sabes cuanto de admiro, todo lo que ansío poder seguir tu huella, ser un cucurucho tal y como tú con tu ejemplo me has enseñado a ser, cucuruchos de cepa y de corazón… quiera el Nazareno que entre ellos pueda contarme yo, mis hijos y mis nietos para que la tradición viva, ya que al final de cuentas eso –tú me lo has dicho tantas veces- es lo más importante.