ROMANOS ! ! !
La fotografía que ilustra este post es un aporte fraternal de Fernando Reyes
Ni el sofocante calor ni el viento frío los detienen; la copiosa lluvia no los amilana y el temible fuego -ya fue demostrado- no los atemoriza. El gallardo cuerpo de Romanos de San José, forma parte ya, de ese enorme universo ancestral de la Semana Santa en Guatemala. Grupo de hombres que integran dilecto escuadrón, hoy ya más que cincuentenario, que enmarca el esplendoroso cortejo de Domingo de Ramos.
Conspicuos y honorables varones católicos que en una muestra de virilidad ofrecida al Señor otorgan su energía y entrega a la Imagen que ellos aman. Sacrificio, orden, admiración y abnegación son palabras que concretizan las realidades de los corazones que palpitan emocionados al momento en el cual la centuria porta el maravilloso mueble que lleva, engalanado y esplendoroso al REY DEL UNIVERSO. Idea concebida por preclaros cucuruchos josefinos, como Don Julio Armando Arce Abdo, Don Mario Ruata Asturias, y Don Guillermo Molina Monzón, entre otros mas; quienes de la nada, crearon el escuadrón de Romanos que hoy para la gran mayoría es un hecho infaltable en el cortejo de Domingo de Ramos. Ya alguna pluma erudita y mucho mas experimentada se encargará de escribir el capitulo que en la Historia de la Semana Santa, esta apartada para ellos…
Intimidades, ofrecimientos y peticiones que a lo largo de su existencia han motivado la presencia de este cuerpo de amantes de las procesiones y de la tradición, que son sin duda sujetos de admiración y estima. Cuando era niño –confieso hoy, íntimamente- me entusiasmaba ser Romano, eran y son mis héroes; hoy siendo adulto sopeso su valor y entrega, y entiendo que no podré ser nunca parte de ellos… debo conformarme con admirarlos sinceramente y suspirar por lo que no fue.
Larga vida al escuadrón de Romanos Josefino !!!!!
Los Devotos que no son Cucuruchos
A veces los cargadores y cargadoras, debido a que estamos inmersos en el calendario del cucurucho, creemos que la devoción se limita a nosotros, y no es un egoísmo ni creernos la perfección devocional, es solo que percibimos que el entorno del cucurucho, por cercano es el único que existe. Es decir, pensamos, pues esa es nuestra percepción inmediata, que el ambiente devocional está vestido de morado; nuestros amigos y amigas –en muchas ocasiones- son cucuruchos también, y entonces solo logramos entender el ámbito devocional, desde esa perspectiva. Sin embargo hay otras maneras de entender la devoción, específicamente a las imágenes de pasión que son el tema de éste blog, hay diversas maneras de expresar el respeto y cariño a las nuestras sagradas imágenes de Jesús nazareno, de nuestros Sepultados y a nuestra Madre de Dolores o de Soledad.
Jesús de Candelaria, puedo asegurarlo, tiene muchísimos mas devotos que los miles cucuruchos de casco morado y damas de blanco en Jueves Santo, por ejemplo conozco el caso de cierto devoto, recio varón católico de antigua cuna y herrero de profesión, que cada domingo visita a Cristo Rey en su Templo; a veces enfermo, otras mas con los compromisos familiares dejados a la mitad, bien desafiando lluvia o frío; no importa, él ésta siempre presente en esa cita dominical, son mas de 9 años de perseverancia en ese peregrinar a la primera calle y trece avenida de la zona 1 cada domingo, según me comentaba en esos años solamente ha faltado en dos ocasiones al encuentro; lo curioso es que éste amigo devoto no es cucurucho, él ha escogido una manera diferente y quizá mas intensa de expresar su amor a Jesús de Candelaria.
Hay un caso diferente en forma, pero en esencia similar. Por razones de trabajo conozco a un hombre de leyes, que tampoco es cucurucho que no es devoto cargador, pero sin embargo es un enamorado de Jesús Nazareno del Rescate, él no tiene una rutina con la cual expresa su devoción, pero al entrar a su despacho, lo primero que uno observa presidiendo sus labores cotidianas es un bello cromo de El Nazareno Carmelita, en un distinguido marco dorado y al cual NUNCA falta, una veladora blanca y un florero con tres rosas, siempre frescas (que simbolizan a sus tres hijas); llama la atención tanta dedicación a una imagen, pues lo primero que uno pensaría es que dicho abogado sería cuando menos un cargador de Miércoles Santo, Sin embargo no es así aunque ese día, en que el asueto laboral inicia, él sale al encuentro de la procesión de Santa Teresa, justo frente a la Iglesia San Sebastián, (muy cerca de su oficina) y desde allí rinde sus honores al Nazanero de su devoción.
Conozco además a un joven militar prematuramente retirado, que cotidianamente sin día fijo, y al menos cada quince días, se postra ante Jesús Nazareno de La Merced, sé bien que dicha devoción es heredada de su madre, quien apesarada y afligida encomendaba al Nazareno de Zúñiga a su hijo durante el tiempo de la guerra interna en Guatemala; sin ser cucurucho, éste hombre de armas nunca falta cada madrugada y desde 1989 a la salida de Jesús de La Merced, él asegura que haberse salvado de las heridas de suma gravedad provocadas en combate ha sido un milagro atribuido a la intercesión las oraciones de su madre, a los pies del maestro.
En un municipio lejano del occidente del país, alguna vez me llamó mucho la atención que en el ventanal de una casa, por el lado de atrás del vidrio, estaba una fotografía de considerables dimensiones de Nuestra Señora de los Dolores del Calvario y en algún otro sitio, exactamente en un comedor del cual no recuerdo el nombre, pero que está a orillas de la carretera interamericana en jurisdicción de Técpan, me sorprendió encontrar en un sencillo marco a Nuestra Señora de La Soledad de Santo Domingo; en ambos casos, desconozco la identidad de los devotos, o la motivación de esa forma de veneración, pero también me indica lo trascendente que la devoción puede ser. Lo mismo podríamos decir de aquel dispensario médico de un área marginal de la zona siete en el cual a mediados de los años ochenta en cada ambiente había un cromo del Señor Sepultado de San Felipe; desconozco si aún existen y desconozco si el promotor de colocarlos allí era cucurucho, pero nos muestra otra vez una forma diferente de devoción.
Se de muchos migrantes, que se acompañan de estampas de imágenes; jóvenes estudiantes que en afán de expandir su futuro académico, sacrifican su vida de devoción y acarrean con los cd’s de marchas, sus turnos, sus revistas y sus cromos, con los que se consuelan cada Semana Santa; uno de ellos que estudia en Alemana, lleva ya 2 años consolándose cada Domingo de Ramos escuchando Mater Dolorosa repetidamente y las transmisiones de radio que ahora llegan a todo el mundo; es una manera diferente de vivir la devoción para éstos cucuruchos en receso.
Hay personas que no conciben un lunes sin visitar al Señor de la Capilla; que no pueden dejar de visitar a su nazareno preferido, que bien pudiese ser el Nazareno del Consuelo, de quien hay un devoto que conozco bien y que debido a una discapacidad física, no puede cargar el Sábado de Ramos, pero esto no le impide caminar durante un trayecto del cortejo, por el lado de la acera, acompañando a su Jesús. Otras maneras de vivir la devoción sin ser cucurucho.
Y así, podríamos escribir de los alfombreros que no cargan, pero dejan sus besos en el asfalto vestido de color, en quienes preparan el brasero para “echar un poco de humo” cuando pase el señor; en las manos que parten metódicamente los “papelitos” que inundan las andas procesionales, el filarmónico que “se cuela” algunas cuadras para tocarle al Nazareno en un par de marchas, los devotos que hacen de las visitas a las imágenes verdaderas peregrinaciones de fé y oración. En fin hay muchas maneras de expresar la devoción que van mas allá de ser cucurucho, algunas de ellas, lo tengo muy claro, con mucha mas profundidad que el cargar un turno, en alguna procesión.
La ansiedad del cucurucho es …
como el olor penetrante, abusivo e insidioso
de la flor de la palma de corozo
que no termina de saciarnos
como el tiempo que pasa espeso e inalterable
que tiene la densidad de una majestuosa nube de incienso
como el toque que llama al silencio el Primer Jueves de Cuaresma,
que grita una oración que sale del alma
como el necio picolo de Mater Dolorosa
que juguetea y revolotea entre el calor de Domingo de Ramos
como la abrumadora sensación de fiesta
que se vive entre pólvora y ramos en Capuchinas
como el ilustre, enfático y exacto redoble dominico
que se torna canción de cuna para el consagrado Cristo Morto
como un ramillete de estaticia colgada de un balcón centenario
que se niega a envejecer en la semana de pascua
como el antiguo y solariego ceremonial de Viernes Santo
que se vive cuando Jesús de la Merced es alzado en hombros
como la encandiladora presencia del blanco en las calles
que hace el serpenteante desfile del Rey en Jueves Santo
como el generoso rayo de sol que no se termina nunca
que se refleja indolente en los bronces de la urna dominica
como la espléndida mirada encharcada en lágrimas
que muestra el rostro dulce de nuestro Jesús de La Parroquia
como el impar y ancestral ambiente que se vive
en Antigua Guatemala los Viernes de velación
como la lluvia de un Viernes cualquiera del año
que decide aparecer impertinente en el mas Santo de todos los viernes
como el repetitivo redoble de la candelaria
que se convierte en oración murmurada en lo íntimo
como la profunda tristeza de La Madre Dominica
que lleva al sepulcro a su hijo inocente
como la contundente alegoría de la vida y la pasión
que es en si mismo Jesús de San Bartolo
como la señorial presencia del patrón
en las calles hechas jardín en un Martes Santo eterno
… así es, la ansiedad del cucurucho, la turbadora espera que calcula el tiempo al revés, en cuenta atrás que se torna expectación eterna, pues el devoto vive y sobrevive en la esperanza de que la Providencia Divina le permita vivir una cuaresma mas…
Animo !!!,
1131 (Jesús de San Bartolo)
Noviembre, Domingo 28; brisa fría y un despertar diferente para el primer domingo de adviento de 2010; el amanecer me sorprende con “Santo Entierro” de Felipe Blanco y la carretera que se muestra complaciente y amable. Los cuarenta y tantos kilómetros desde casa hasta la pequeña aldea, se hacen raudos; escaso tráfico, un tibio sol que parece empeñado en suavizar de a poco el ambiente frío de estos meses y las marchas en el equipo del vehículo en donde seis devotos se proponen obtener el derecho y acercarse al privilegio de llevar en hombros, en un Quinto Domingo de Cuaresma mas. Una cola corta, las caras conocidas de siempre, los amigos de fila y los tres o cuatro auténticos abrazos de cucurucho nos dieron la bienvenida a la plazuela de pequeño templo de San Bartolomé Becerra. Un proceso de inscripción que me anuncia que por algún devenir cibernético yo soy el devoto 1131 de Jesús de la Caída, de mí amado colocho de Sambartolo. Después de una visita al templo y una oración de agradecimiento por la deferencia de permitirme seguir siendo su cargador, el exterior del templo nos ofrece un refrigerio mixto (ya que la combinación inédita de un pan con pollo de velación y una vaso de ponche de frutas navideño, no es muy común), da por finalizado el viaje devocional –así debe ser visto- para inscribirnos para la procesión.
El recibo con múltiples recomendaciones y avisos es guardado con celo, y una vez en casa pasa a engrosar la “cajita de las contraseñas”, esa que guarda como el tesoro que son, los carnets, contraseñas y boletas que me facilitan el inscribirme en cada cortejo. Hoy que sé que soy el cucurucho 1131… mi angustia de “cucurucho no inscrito” cede y duermo más tranquilo, se que –si Él no dispone otra cosa- allí estaré, esperándolo a él, desde muy temprano en el año 2011; para acompañarlo hasta su retorno al templo que lo cobija y guarda.
Otra cosa… una noticia buena… uno de los nuestros, ya es de los tuyos, el aspirante de hace 11 años, el sobrino pequeño, el primo cucurucho de mis hijos, ha dado el alto mínimo… otra bendición mas …
Nos vemos en Antigua !!!!!!!!!!!!!!!!!
SALIDA -Jesús de La Merced-
La ansiedad le gana al cansancio y el cucurucho citadino no logra dormir –aunque sabe que debe hacerlo- viviendo un estado de duermevela característico y peculiar; aunque el cuerpo clama por un descanso el espíritu no se da tregua en Semana Santa y así de un salto, nuestro personaje –el cucurucho- se enfunda en la morada túnico y se engarza la negra paletina, para la cita indefectible de cada año, en el momento mas esperado de toda la Cuaresma: el momento en que Señor Peque!! rasga armoniosamente el manto de la oscura madrugada y Jesús de La Merced, inicia el Camino al Gólgota. Las rodillas en el suelo, la mirada clavada en las piedras del antañon atrio, y una oración que agradece por el instante que se ha vivido y que suplica por la licencia de otro año mas… para seguirte Señor. El sereno de la madrugada rocía su frescura sobre las calles vestidas de alfombra, y el sol espera paciente su turno para ser actor secundario en esta conmemoración del drama del Calvario, en que el protagonista es Él, Jesús de la Merced.
Humo Blanco
El fragante humo blanco del incienso es sin duda un elemento indispensable para las funciones propias de la Cuaresma y Semana Santa en nuestra tierra, ya que aunque se utiliza durante todo el año en diversas ceremonias, es en ésta época en la que adquiere un papel diríamos protagónico. En la antigüedad las raíces de su uso son variadas ya que era empleado con propósitos profanos para combatir la languidez o fatiga producida por el excesivo calor, tal como se utilizan los perfumes ahora, de hecho en la antigüedad el incienso era utilizado para aromatizar los ambientes que eran contaminados debido a los malos olores provocados por las precarias medidas sanitarias existentes. Para lo que nos ocupa hay que indicar que no es fácil precisar cuando exactamente se introdujo el incienso en los servicios religiosos de la Iglesia. No existe evidencia confiable en las primeras cuatro décadas de cristianismo. Sin embargo, su uso común en el Templo y las referencias que se hacen de él en el Nuevo Testamento (San Lucas, I, 10; Apocalipsis, VIII, 3-5) sugerirían una relativa temprana familiaridad con el culto Cristiano. Por otra parte el uso de esencias aromáticas –entre ellas el incienso- es común y extendido en las religiones orientales y en los credos de base en la filosofía hindú y china; moda que se ha importado desde esas regiones a occidente, provocando una moda de olores, fragancias y aromaterapias, que poco o nada tienen que ver con nosotros y nuestra fe
En nuestros tiempos y desde hace siglos, la Iglesia Occidental utiliza el incienso en las Misas solemnes, bendiciones solemnes, funciones y procesiones, oficios corales y en las absoluciones de los difuntos. En estas ocasiones las personas, lugares, y cosas tales como las reliquias de Cristo y de los Santos, crucifijo, altar, libro de los Evangelios, féretros, restos, sepultura, andas, doseles, palios, etc. Se inciensan, con profusamente. El incienso, al ser utilizado, comúnmente se usa por quema directa, sobre fuego o brasas y en otras ocasiones se consume por calor que se aplica de manera indirecta por medio de metales o cristales. Sin embargo, como dato curioso y referencial, existen dos casos donde el incienso no se consume, estos eventos se materializan en los granos colocados en el Cirio Pascual y los granos colocados en el sepulcro de los altares consagrados. Durante la Misa, el incienso que se quemará para purificar el altar, generalmente se bendice antes de ser utilizado. El Incienso, con su perfume dulce y el humo blanco que asciende es típico de las oraciones tanto del rito latino como del griego, plegarias que se avivan en el corazón por el fuego del amor de Dios y exhalan la fragancia de Cristo, que se eleva haciendo dignas y agradables las ofrendas a Sus ojos
Para el cucurucho el incienso es fundamental, imprescindible y básico. Conozco varios obsesos por el humo blanco. Debo reconocer que me debo contar entre ellos, confieso pertenecer a esos seres que suspiran por el característico olor, aroma penetrante y profundamente dulzón, pero sobre todo ser cautivo del efluvio capaz de despertar la nostalgia de una semana santa pasada, acentuar el futuro de las que están por suceder y sobre todo hacer levitar las oraciones hechas fumarolas de espeso y espiritual humo blanco, ese que surge lentamente de vetustos incensarios de latón que repletos de vernáculo carbón vegetal llevado a la combustión por medio de purificador fuego, se ve convertido así en la cuna ideal para que los hidrocarburos aromáticos policíclicos, nos hagan respirar cuaresma.
Esos varios amantes del humo blanco –cucuruchos todos- a quienes me referí antes, tienen sus ceremonias personales con relación al incienso y quienes de ellos se precian de ser ahumadores profesionales tienen sus propias recetas para disponerlo y es que hay diversidad de tipos de incienso como existen mucha formas y maneras de prepararlo para el cortejo. He escuchado distintas fórmulas y recetas, que van desde agregar azúcar morena en dos partes por cada diez de incienso hasta la mirra en “volcancito” que una vez deshecha se agrega en proporción de una medida por cada libra de incienso blanco; pasando por quienes le agregan un par de clavos de olor y una raja de canela mediana a cada libra, eso sí todo bien molido y perfectamente disuelto en la mezcla. El laurel es también una forma de aromatizar diferente, el problema es que oscurece el humo y si se pone mucho, oculta totalmente el olor a incienso. Hay quienes introducen tantas cosas y procesan tanto la mezcla que el producto es una mezcolanza amelcochada que sin embargo produce aromas mágicos y profuso humo. El carbón es otro asunto, nunca debe estar hecho pedacitos, ni tampoco debe ser colocado en trozos grandes, sino que en trozos medianos, de textura no muy porosa y que éste totalmente seco, aparte de esas consideraciones debe tenerse en cuenta que el fuego debe provocarse con el tradicional ocote y evitar el uso de componentes inflamables químicos quizá más efectivos pero que adulteran el aroma de la esencia. No hay peor cosa que un incensario, que por inexperiencia o simple descuido, produce humo pero no aroma, que exhala simple olor a humo; esto ocasiona una molesta nube que contrario a los fines y objetivos del ahumador, en lugar de llamar a la meditación y de sacralizar el ambiente, provoca incomodidad y malestar a quienes acompañan las andas y sobre todo a quienes desde la acera las contemplan y veneran. En Guatemala, son los antigueños quienes particularmente se enorgullecen, con sobrada y justificada razón, de la cantidad y calidad de humo que llevan sus cortejos. Quien ha contemplado tal situación debe coincidir en que es un hecho aparte, un suceso memorable, una ceremonia especial, una ocasión para el recuerdo el poder ver al desfile de hermanos que armados de tenazas, carbón, sopladores y muchas cosas más, van llenando el ambiente de esa particular fragancia
Así pues que a disfrutar del humo… Hermanos de faena procesional, dispongámonos a aspirar los efluvios que se desprenden de esos pebeteros que mecidos con amor y dedicación, preparan el ambiente para el paso de Jesús y de nuestra Madre. Es por ello que es mi deseo y súplica al Nazareno que cada incensario sea motivo de gozo y algarabía de nosotros los cucuruchos y de las devotas. Que nuestra oración llegue al Padre Bueno, en medio de esa espiral de humo blanco y que como éste, nuestra plegaria llegue al cielo. Que el efecto purificador del fuego sea real en nuestra vida y que Cristo Jesús que hace todas las cosas nuevas, nos convierta en los hijos que Él desea tener.
Mi amigo cucurucho. El veterano.
Cada marzo tu casa olía a corozo; así desde siempre. El viejo tocadiscos esparcía por el amplio corredor y las estancias espaciosas y señoriales las notas de las marchas fúnebres en los novedosos discos de vinilo que recién se estrenaban en el ambiente. Tú recuerdas son nostalgia los cortejos cortos, de algunas horas nada mas, echas de menos la solemnidad, el respeto que hasta los escasos vendedores tenían por los días de Semana Santa. Recuerdas el anda de catorce brazos de La Reseña, cuando Jesús de la Merced salía a las diez de la mañana y volvía solo dos horas después, el anda sobria y ataviada únicamente por una cortina de seda con fino encaje; recuerdas a Jesús de Candelaria, subiendo como lo hace ahora todavía la quinta calle, solo que antes dicho paso era tan solo tiempo después de su salida del templo y hoy sucede cuando se van a cumplir casi seis horas de itinerario. Tú mi cucurucho veterano, has sido testigo de tantas y tantas cosas.
Tú eterno enamorado de la mirada del nazareno recoleto, me contabas que Viste a Jesús del Consuelo salir a las cinco de la tarde, quizá en un extraviado Martes Santo; estuviste allí cuando la procesión cambio a Sábado de Ramos, hoy llamado Sábado del Consuelo, y viste el adelanto de su salida a las dos de la tarde y luego a las once de la mañana, como sucede hoy, alguna vez me dijiste que no te extrañaría que la salida se anticipara hasta las primeras horas de la mañana, debido a la trascendencia que esta procesión tiene ya entre los devotos. Con nostalgia ves las fotos que muestran a Jesús, con canelones y túnica bordada, lo ves tan guapo y elegante como hoy, con su cabellera ondulada, su túnica lisa y su manto.
Otro de tus amores es el Nazareno de Zúñiga, el hermoso Patrón Jurado de la Ciudad, me contabas la otra mañana de Viernes Santo que recuerdas con cariño la salida de Jesús de La Merced, primero a las diez de la mañana y luego en los vertiginosos años del boom de las procesiones desde las ocho de la mañana, las seis, las cinco hasta llegar a las cuatro de la mañana, sin contar el año en que desde el primer minuto del Viernes Santo ya Señor Peque!! Había sonado. Me decías justamente este año, que vas en desproporción mientras mas temprano sale Jesús, mas te cuesta llegar a su salida, pero igual no has faltado a ninguna y no piensas hacerlo a estas alturas.
Me cuentas que fuiste testigo de casi todas las consagraciones, te perdiste por obvias razones de temporalidad la de Jesús de la Merced y eras apenas un niño cuando el oleo consagratorio fue aplicado a Cristo Rey, pero de allí en más: Jesús del Rescate, El Sepultado Dominico, de Jesús de San José, Las Soledades de Viernes Santo, Jesús de San Bartolo, Jesús del Consuelo, El Yacente del Calvario; en fin fuiste privilegiado y conociste de casi todos los actos consagratorios. Me decías que todavía no terminas de entender la explosión de consagraciones de la última década, no es que las imágenes tengan categorías, sino que la devoción no se mide –me decías- por la antigüedad, la consagración, el número de cargadores o la calidad de la banda, sino que es un asunto tan personal como inexplicable y que por eso, crees que la consagración no le pone nada extra a una imagen. Tienes tanta razón como experiencia.
Aparte de ello tu curriculum de cucurucho veterano te acredita como testigo del conato de incendio que puso en peligro al Señor de los Milagros, en el crucero del Parque Colon, del aparecimiento de los Romanos en San José, del nuevo Vía-Crucis del mismo cortejo, de los pasos los españoles y los nuevos de Santo Domingo; viajaste Con Jesús de Candelaria a la Antigua, con tu Señor Sepultado a la misma ciudad; te sorprendiste cuando Jesús de Candelaria salió en la parte delantera del anda, experimentaste el cargar en un turno penitencial dominico en la fila central debajo del anda, muy cerca de Jesús, solo él y tú; me admire y experimente una sana vanidad con la artesanal pero hermosa anda Dominica de Valenzuela, la incrustada única en su género; viste con asombro las chispas que brotaron de la cantonera superior de la Cruz de Jesús de la Merced, a quien viste rejuvenecerse con su restauración, quedando con una palidez que destaca su sufrimiento, atestiguaste el surgimiento de los Caballeros del Señor Sepultado, viste estrenar uniforme a los palestinos de Candelaria; me cuentas de los innumerables aguaceros, especialmente de Jueves y Viernes Santo y aquel memorable de Miércoles Santo –vaya si llovió-, al que agregas ya el diluvio del 2010; viviste Semanas Santas frías y con viento, y todas, absolutamente las recuerdas con nostalgia y alegría.
Y es que eso es lo más importante, la alegría de ser cucurucho, la convicción de optar por una opción en la vida como lo es convertirte desde joven y hasta la muerte en un Cirineo del Señor, en un cucurucho, simplemente un cucurucho que sabe y entiende que la historia continua, que la cuaresma es eterna y la Semana Santa inacabable y que estos retazos y recuerdos que únicamente la memoria de un cargador puede archivar, serán una simple gota en este océano de vivencias que envuelven y enmarcan esta conmemoración, Semanas Santas vendrán, en las cuales tú ya no estarás presente, en que las cosas hayan cambiado y lo más importante entonces será que siempre habrá alguien que a su manera y con sus propias pupilas, eternice sus recuerdos y sus anécdotas; como las vio tu padre, como las vivió tu abuelo; atesoradas en el corazón de una madre que esta pronta desde siempre y para siempre en tener la túnica lista y el capirote planchado; con el cariño de una abuela que enternecida cose la primera paletina para el nieto que se estrena como cucurucho … Mi amigo cucurucho, mariscal de las filas, patriarca de penitentes, tú sabes cuanto de admiro, todo lo que ansío poder seguir tu huella, ser un cucurucho tal y como tú con tu ejemplo me has enseñado a ser, cucuruchos de cepa y de corazón… quiera el Nazareno que entre ellos pueda contarme yo, mis hijos y mis nietos para que la tradición viva, ya que al final de cuentas eso –tú me lo has dicho tantas veces- es lo más importante.
Marchona !!!!
Todos los cucuruchos gustamos de las marchas fúnebres. No se puede ser cucurucho si no gozamos de ellas, sería un contradictorio enorme tal como no disfrutar el olor a incienso o a corozo. Para nosotros no son simplemente marchas fúnebres son obras inigualables de arte, son nuestro genero musical favorito. Las preferidas no son marchas, esas se convierten por designio popular y en el decir del cucurucho en Marchonas. Despiertan en nosotros –paradoja del chapín- sentimientos de felicidad y regocijo. Destinadas para acompañar el rítmico vaivén de las andas, las marchas son el aviso auditivo que la cuaresma ya llego o bien el bálsamo para el alma del nostálgico devoto que en enero, diciembre o mayo desempolva sus grabaciones y reproduce, ambientado con las notas de las marchas, un episodio de las Semanas Santas pasadas o bien imagina y diseña las que están por venir.
Ponga un disco y escoja una marcha cualquiera…. ¿ya lo hizo?. Hermosa ¿o no? . ¿qué se imagina? ¿verdad que se siente la cuaresma?. Acomódese, haga su programa propio y escúchelo. Estoy seguro que hasta olerá a incienso y corozo.
soy cucurucho
Soy un simple cucurucho, quizá soy como usted o aquel que conoce los rincones más concurridos de su ciudad, que sabe de estrategias para ocupar los mejores sitios en las plazas; el que experto sabe el lugar preciso para ver una salida y conoce el momento justo para adelantarse y ver una entrada. Soy un cucurucho, aquel que disfraza su cansancio en las aceras, que mitiga su sed en una tienda; aquel que camina, vive y convive con los amigos y que identifica a “desconocidos” que son conocidos, por el simple hecho de ser también cucuruchos; soy un cucurucho como hay miles, como aquellos que la emoción los traiciona y que cuando se ponen la túnica su corazón se inflama como un incensario; o como esos otros que viven la ansiedad de su cortejo con la intensidad y el ardor que solo los apasionados pueden tener; soy como aquellos que quizá entran a filas sin mucha ilusión y allí, un marcha, un momento con él, un turno memorable hacen que el toque se produzca y la conversión accione; o como aquel que pregona la belleza de la imagen y su predilección por “su” Jesús, o el cucurucho que enamorado y filial se queda atrás de la fila de caballeros, para acompañar unas cuadras a la Santísima; o a lo mejor como el cucurucho que lleva a su niño cucuruchito por vez primera y su satisfacción y agradecimiento es inenarrable
Soy un cucurucho como el que camina junto a usted, en la fila de una procesión; soy un cucurucho que después de mucho tiempo ha entendido que se aprende mas del silencio que del clamor, que no hay que caminar mucho, sino caminar mejor; que no hay mal turno, si se asume con sentido sobrenatural y que la grandeza de un cortejo radica en su gente y no en sus enseres.
Soy un cucurucho que a lo largo del tiempo ha comprendido que lo que trasciende es lo del corazón, que lo demás importa poco o nada… que lo que nos queda es el momento y no la instantánea y por eso ha dejado de llevar cámara a los cortejos… ¿Cuántas veces, amigo cucurucho, te has perdido el momento por captar el instante?
Soy un cucurucho que no colecciona turnos, sino vivencias; que no escucha marchas, sino las convierte en alabanzas; que intenta –muchas veces sin lograrlo- caminar en recogimiento y oración. Soy un cucurucho enamorado de la tradición, pero que asume los cambios con la certeza que si la esencia no cambia, el asunto no es grave; que revive en el recuerdo, la remembranza de semanas santas pasadas y las proyecta a lo que el futuro le depara.
Y en fin… lo interesante es que el cucurucho es uno, todos tenemos el corazón morado y con matices que enmarcan individualmente la devoción, con diferencias marcadas, con devociones diversas, con sentires distintos, pero nos une el sentimiento que nos hace vivir y revivir todas estas vivencias anécdotas personales como propias, como comunidad; soy un cucurucho, como esa especie de la raza humana, que tiene el corazón morado, que respira incienso y que nace y muere oyendo marchas fúnebres. Es entonces cuando me doy cuenta que somos uno… entonces no importan las mangas de lanzas, ni el color de la paletina o del tapasol, ni los turnos de honor, ni los adornos, ni las consagraciones, ni los inspectores, ni los uniformes… es decir no importa ninguna de las diferencias, somos uno, somos hombres y mujeres con corazón con sístole de redoble y diástole de marcha, con el corazón morado… morado penitente… un corazón morado cucurucho y eso es lo más bello de todo …. Con el corazón inundado con el sentimiento que es uno… desde siempre y para siempre…. soy un cucurucho que siente como todos sentimos el ver cargar a un hijo por vez primera, compartimos el sentimiento del padre ausente, son sentimos orgullosos de participar por primera vez de una hermandad, nos vemos cargar con los primos y los sobrinos…. vivimos la entrada de nuestro Santo Entierro, despidiéndonos de los amigos… ah los amigos cucuruchos, esos que no ves siempre pero que sabes con certeza que están allí…. Y así con el corazón morado transido de pena y revestido de luto, despedimos a nuestras soledades con la nostalgia agolpada en las entrañas y la granadera retumbando en el corazón..
Soy un cucurucho, esclavo de los sentidos, que necesita ver, oír, tocar, oler y gustar su semana santa, nuestra semana santa…
Soy un cucurucho, como usted… como tú… como vos…. Un hombre de corazón que late con sístole de redoble y diástole de marcha fúnebre… un hombre que asume su decisión de ser cucurucho con la convicción de saber que hacemos, porqué lo hacemos y que ha encontrado el sentido a todo esto, que es el universo de la Semana Santa en Guatemala.
Soy un cucurucho, y lo siento si usted no lo es… no sabe de lo que se pierde, no conoce los caminos que desde las filas se abren para el encuentro y el recogimiento; el reencuentro y la reconciliación.
Soy un simple cucurucho y estoy enormemente orgulloso de ese privilegio y eternamente agradecido por ese regalo que Jesús me ha dado al poder hacer filas con él cada semana santa.
Soy un cucurucho y lamento si usted no lo es, de verdad siento pena ajena por usted; soy un cucurucho y estoy loco de felicidad por serlo. Para entenderlo… simplemente hay que vivirlo.
FELIZ SEMANA SANTA A TODOS MIS AMIGOS CUCURUCHOS…
Tres Potencias
A Jesús de la Parroquia (en la 1ª calle Z.1)
Como gotas de tersa parafina
tus lágrimas destellan al sol
el dolor completo en ti se confina
y brillan tus tres potencias cual crisol
en hermoso mueble te llevan penitentes
los fieles cucuruchos de Lunes Santo
en derroche de fervor y devoción latente
de almas que hoy te necesitan tanto.
Ternura Infinita de ti se desprende
en llanto, perdón y contrición
¿cómo es que alguien no comprende
que veneremos así tu santa pasión?
cuando cansado tu cortejo termina
eres sujeto de homenaje de amor
allá en tu vetusta quince avenida
que se viste de luto y fervor.
Los Guardaespaldas de Jesús … LOS LIREROS
Fornidos y devotos, los lireros forman parte de los héroes cuaresmales en Guatemala. Trabajo de extenuante desgaste físico y de gran tensión emocional, los hombres encargados de cuidar a Jesús y a María en las calles son un cuerpo de guardaespaldas sin igual. Ellos tienen paso libre en el área de las andas, no importa que tan congestionado de cucuruchos esté ese sector de la procesión, ellos, siempre y por siempre tienen la prioridad. Apóstoles del peligro, arriesgan su integridad, salud y vida por el resguardo de nuestras amadas imágenes. No se si reciben pago por su trabajo, pero si fuese así, ese detalle no mermaría en lo mínimo la admiración que les tengo y el agradecimiento que les guardo por cuidar a Jesús, por ser los guardaespaldas del Maestro Y allá van, prediciendo estrategias para levantar el enmarañado tejido de cables y alambres que atraviesan de un lado a otro las calles, caminando una y cien veces el itinerario, elevando mil veces en toda la procesión las pesadas y enhiestas liras –hoy ataviadas de paños y crespones- que salvaguardan a nuestras admiradas imágenes, gritando para corregir al neófito compañero obviamente carente de experiencia o para increpar al cucurucho intransigente y obcecado; ellos –los lireros- añoran las plazas y los parques para descansar un par de turnos, refrescarse con un poco de agua, reuniendo fuerzas para continuar la marcha; aparentemente desapercibidos los lireros son sin lugar a duda los celosos guardianes de Jesús.
La foto está en la Galeria del Cucurucho
Y…. SILENCIO
Y pasa el Miércoles de Ceniza, y la espera habrá terminado. En momentos llegará el día, y la tarde avanzará de forma morosa y lenta para que al empezar a declinar el sol, todos conozcamos que El Silencio ha sonado y que una vez mas el asfalto se cubrirá de color, el ambiente estallará en aroma de corozo y flor, las retinas se empañaran en llanto, el humo blanco copará la atmósfera y el corneta llamará otra vez al Silencio… ese, que se corta de pronto con el añorado sonido del timbre, para que como ha sido desde hace mas de cincuenta años, predilectos hombros eleven el anda en que Jesús de Los Milagros saldrá a impartir sus bendiciones.
Y de nuevo El Silencio acallará el mundano ruido citadino, y los amigos saludarán a los amigos, el hermano abrazará al hermano, como si recién se hubiesen despedido ayer, siendo quizá que fue desde el Viernes Santo pasado que se han visto por última vez; en medio del Silencio los rostros conocidos se encontraran de nuevo en esa inexplicable y rara relación que se da solo en el ámbito de las procesiones de Semana Santa; la oración se elevará en catorce tradicionales estaciones y las plegarias llegarán a los consagrados oídos del monarca a lo largo de todo el camino; y el cargador iniciará la cuenta atrás de los días en que se enfrenta con sentires encontrados, con realidades opuestas ya que el desconsuelo por la pasión se confunde con la alegría que se percibe en los cargadores, pues se ha iniciado lo que a todos nosotros nos gusta y nos complace.
Y vendrá El Silencio, en oleadas de recuerdos, en inventarios de antiguos itinerarios, en sonar de marchas fúnebres josefinas y marcapasos de redoblante de ayer y de siempre, redoble pasmoso que nos hace presentir la marcha que acompasa cada turno. El Silencio se rompe por el ruido de las ventas, las voces de la espontánea tertulia semanasantera en filas de cada año, de los gritos de niños que se asombran, de las ancianas que sollozan y de los varones que lloran, de la matraca penitente, de las palomas que aletean en el atrio mercedario saludando al mártir, de los motores reprimidos y de las bocinas impacientes que no entienden que hoy es Primer Jueves de Cuaresma, que es día de Penitencia, de Vía Crucis y del Silencio ya que el Rey del Universo benignamente ha salido de su santuario a recorrer un poco su ciudad.
Y reinará el Silencio en Guatemala de la Asunción; mientras el viento juega y revuelve elegantes cartulinas que penden de solapas de tonos oscuros. Se escuchará solamente el arrastrar de las horquillas y el sonido de la matraca regente; crepitará el anda recién barnizada, los incensarios chocaran por sí y entre si, produciendo explosiones en chisporroteo aromático; las calles murmuran al compás del redoblante que marca el paso silente de los cargadores; las estrellas titilarán miedosas por el portento que se pasea humilde, pero con prestancia de monarca por las calles ancestrales de mi ciudad; la naturaleza enmudecerá y la luna tácita esconderá su rostro avergonzada por que en muchos sitios donde transita la procesión aún el chapín grité Barrabás!!! y decrete a la cruz a Jesús de San José. La nocturnidad será el templo ideal y las nubes las cortinas grises perfectas, para éste huerto móvil que es ésta procesión sin igual.
Y El Silencio vive en el corazón del devoto que acongojado y contrito coloca sus suplicas a los pies del maestro, que dice alabanzas con el esfuerzo de su hombro y recita oraciones que suplican perdón; porque El Silencio habla, El Silencio es vida, El Silencio es comunicarse con el Jesús Vivo, que procesionamos en penitencial jornada. El Silencio vivirá en cada corazón y en el interior de cada uno explotará en mil sentimientos dispares, en una y mil oraciones sinceras, en una y mil suplicas por El Perdón… “Perdón OH Dios Mío….. Perdón y Clemencia… Perdón e indulgencia…” y todo ello desde El Silencio, de esa callada manera en que el cargador sabe que Jesús le escucha y con la confianza que Él lo sabe todo, aunque nosotros nunca le digamos nada, así pues en las almas habitará El Silencio, que es estruendo de adoración, alabanza, bendición y suplica a Jesús de San José.











el cucurucho opina