donde la palabra huele a incienso y sabe a súchiles …

acetatos y cassetes


TEXTO RECICLADO.

Para quienes nacimos antes de la explosión tecnológica, estar en sintonía de la semana santa, era un asunto complicado. Las noticias de velaciones, de procesiones, de los conciertos que empezaban a existir, se esparcían por medio de la llamada telefónica de un amigo cucurucho, por supuesto desde una línea fija de Guatel, con números de cinco dígitos, pues los celulares solo se veían en las películas del 007 y eran inaccesibles.  La cercanía de unos con otros era diferente y los pregones de las hermandades en los canceles de las iglesias tenían la función de informar, como ahora… solo que la información está a un click del mouse y a un print de la impresora.   Pero hoy, ya ven ustedes me leen por este medio, la tecnología es pilar de alguna manera u otra en las actividades de semana santa, si no veamos las bases de datos de cargadores y las inscripciones en línea de alguna iglesia… no cabe duda que la tradición abre un espacio para la técnica, pero la devoción sigue siendo la misma.  Antes para poder leer algo acerca de la cuaresma, debíamos recurrir a los pocos libros que habían, y por supuesto a los atesorados “libritos de Don Carlos”… los magníficos y deliciosos folletos que el Maestro Carlos Díaz Del Cid, escribía año con año para los cucuruchos mercedarios.

 

Una de las variantes en cuanto a la tecnología es sin duda, la manera de poder escuchar marchas fúnebres.  El CD era un asunto inalcanzable y mucho menos uno de marchas fúnebres.  Recuerdo muy bien que los programas de radio eran escasos (muy buenos, pero muy pocos…) y solo durante la cuaresma, yo, en ese tiempo un adolescente enamorado de mi semana santa y amante de las marchas encontraba en los acetatos y los cassettes, la manera de tener marchas todo el año.  Existía en el Portal del Comercio un par de discotecas, allí íbamos con mi hermano a comprar los acetatos de marchas, ajustando los quetzales para poder tenerlos y disfrutarlos. Días después había que comprar un cassette en blanco, para no estropear el disco y poder poner las marchas una y otra y otra vez.  No había mucho de donde escoger, las grabaciones eran escasas y en casi todas, las marchas se repiten, pero aun así, cada acetato era una novedad y hoy es, para muchos como yo, un tesoro.  Hoy el asunto es mas sencillo: radios en línea por Internet, colecciones completas de repertorios amplios (el de Santo Domingo, el de la Parroquia y los de San Bartolo son indispensables); programas de radio durante todas las noches de cuaresma por distintas emisoras católicas. Todo es mas fácil; hasta la piratería, hay innumerable cantidad de productos sonoros piratas que agreden de manera irresponsable a las hermandades y cofradías que con el tiempo, dejarán de producir discos; álbumes de formatos mp3 fácilmente podrían amenizar uno o dos cortejos; en resumen estar en contacto hoy con la cuaresma y Semana Santa es mas fácil, menos complicado y con una calidad mejor que la de hace años

 

Yo lo he dicho muchas veces y lo escribo de nuevo hoy: yo soy un enamorado de la tradición y de lo antiguo, tengo muchos cd’s de marchas, el disco duro de mi computadora esta lleno de fotos, videos y marchas, el celular identifica a mis amigos con la marcha que ellos prefieren, mantengo comunicación con amigos cucuruchos en el extranjero, es decir tengo la tecnología al servicio de mi Semana Santa; pero aun me sorprendo a mi mismo limpiando mis acetatos y desempolvando mis cassettes, para escuchar el “Disco de Oro”, “Semana Santa en Guatemala” o los cassettes de los primeros conciertos dominicos, o viendo mis VHS de años atrás, con los resúmenes que Aquí el Mundo y Tele-Prensa en su emisión de las diez de la noche nos ofrecían el Domingo de Resurrección.  Mis hijos se sorprenden, ellos saben que a mi me gusta la música que se reproduce con fidelidad y calidad, por eso el rumor de fondo de los discos de 33 rpm y el motor de la casetera les parecen inadmisibles; ¿si hay tan buenas grabaciones, porque escuchar las viejas? ¿ si podés crear una lista de reproducción, porque saltar de un track a otro? ¿Por qué ver los VHS, si hay tanto DVD disponible?… ¿Por qué acetatos y no cd’s? Las respuestas llegan a mi cabeza y se quedan allí, quizá porque las generaciones de estos tiempos no lo entiendan, quizá sea un absurdo y un asunto de un criterio estético diferente para evaluar las cosas, pero la respuesta está en aliviar la nostalgia, en sentir y vivir otros tiempos en los cuales estaban otros amigos y otros cucuruchos de la familia, la respuesta está en que los objetos –en éste caso los discos y cassettes-  guardan momentos que reviven al estar en contacto con las cosas, con los objetos.

 

Mis hijos quizá no lo recuerdan, pero ellos fueron arrullados muchas veces con el pícolo de Mater Dolorosa ejecutado por el maestro Chapas en el Disco “Consagración”, con la sombría ejecución de Cruzados de Cristo en la versión de el maestro Ramírez Crocker del Disco “Calvario”, o el redoblante que hoy es opacado por los timbales en la versión de Martirio de la Banda del maestro Ramón Bonilla; ellos mis patojos –hoy tremendos cucuruchos- seguramente no lo recuerdan. Yo si, como si fuese ayer, por eso es que cada vez que un acetato suena en mi vieja tornamesa mi memoria los recuerda de cucuruchitos de escasos meses, yendo en carruaje a su primera procesión, mi angustia se renueva al recordar el extravío de aquel Domingo de Ramos o en la Procesión Infantil de la Recolección de hace muchos años; la vivencia de tres generaciones caminando juntas en filas, la sencillez de todo que a nosotros nos parecía encantadora y genial.  Mis hijos y sus amigos cucuruchos seguramente no  recuerdan todo eso, ellos están cultivando su propio jardín de la nostalgia, aderezado de Jacaranda y de corozo; pero para mi esas cosas que me recuerdan esos momentos, esa nostalgia que me estruja el alma, es invaluable.

 

Alguna vez un amigo cucurucho ofreció comprarme mis discos, el precio no fue suficiente… yo le dije que no se podía, que tendría que venderle con ellos mis primeros turnos de adolescente, los recuerdos de mis hijos cuando niños, la memoria de mi padre al piano con los discos de fondo, la compañía de mi hermano en filas, el grupo aquel de amigos de hace casi 30 años que como hoy, nos reuníamos en la sala de casa a escuchar las marchas para poder recordar el pasado e imaginar el futuro… y todo eso es invaluable, es sencillamente tan mío, que no puedo ponerle precio. Termino estás líneas porque el disco ha terminado, tengo que levantarme, caminar, levantar la tapa, sacudir el disco, poner el lado B, y accionar el mecanismo… empieza a sonar La Fosa y con ella la nostalgia explota otra vez…

3 comentarios

  1. Sergio

    excelente. mejor explicado lo dudo

    21/02/2011 a las 19:18

  2. Entre Marchas va Jesus

    Felitaciones Mario. Que Excelente pagina.

    28/05/2011 a las 22:31

  3. Jose roberto (Chepetonn) Pentagrama Cuaresmal

    Felicitaciones bro, que Buenos pensamientos, me hiciste recordar la primera vez que le pedí a mi mama que me comprara una túnica y que quería cargar, cuando después le dije que me comprara un cassette de marchas fúnebres y pues la verdad Tenes toda la razón en cuanto a los recuerdos la nostalgia de recordar a Buenos amigos que ya no están con nosotros por alguna u otra razón el recordarse nuevamente Joven lleno de energía toda la gente unida o bien recordarnos en alguna hermandad que por una razón ya no estamos y pues si la verdad No tiene precio el vender uno sus recuerdos y pues ya somos dos amantes de los viejo jajajajaja FELICITACIONES POR TU PAGINA ESTA SUPER.

    10/01/2012 a las 0:37

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